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Por Publicado el: 10/08/2019Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

El Teatro-Auditorio de San Lorenzo de El Escorial: Detrás del telón

 

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El Teatro-Auditorio de San Lorenzo de El Escorial: Detrás del telón

Justo al acabar la presente edición del festival de El Escorial no está demás recordar el artículo publicado por Gonzalo Alonso cuando la inauguración del teatro. Lamentablemente las cosas no han sido como se esperaban, aunque las dudas ya quedaban insinuadas al final del artículo.

Continuará con una segunda parte en la que se relatará cuanto sucedió después, lo que es aún más desconocido.

Aquí el artículo original

 

 

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El Teatro-Auditorio de San Lorenzo de El Escorial: Detrás del telón

Quienes visiten el nuevo teatro, ubicado en San Lorenzo de El Escorial, sin duda se llevarán una sorpresa. Pocos podrían imaginar una dotación cuyas características responden a un auténtico teatro de ópera y es que la historia hasta llegar su inauguración es larga y poco conocida. Estamos ante uno de los pocos proyectos de equipamiento musical cuya construcción no ha generado polémica pública alguna. De hecho, es curioso comprobar las pocas referencias que existen sobre el mismo en la prensa escrita en los siete años que han pasado desde que se inició su gestación.
En verano de 1999 saltaba a los periódicos la noticia de que Alberto Ruiz Gallardón, entonces Presidente de la CAM, prometía un nuevo Auditorio en El Escorial. Se había decidido su construcción en una cena mano a mano entre Ruiz Gallardón y quien firma, en el propio San Lorenzo, en el restaurante “El Charolés”, El 22 de junio, en una reunión en Sol con la participación de Presidente de la CAM, el Presidente del Patrimonio Nacional, el Alcalde de San Lorenzo, el Consejero de Cultura y un par de personas muy vinculadas al Real Sitio -Oscar Alzaga y quien firma- , se decidió poner en marcha un proyecto del que se venía hablando desde hacía tiempo sin llegar a ninguna concreción. Gustavo Villapalos, entonces Consejero de Cultura y exrector de la Universidad Complutense que promueve los cursos de verano en la Villa, se refería a San Lorenzo como el futuro Salzburgo español y planeaba un auditorio en la falda de Abantos, justo donde se ubica la antigua presa del Romeral. Era quizá una muestra de amor desmedido a la localidad y, por ello, no se lograba pasar de los pensamientos a los papeles. Se impuso una humildad más relativa y de Salzburgo se pasó a hablar de Glyndebourne. Así mismo triunfó el respeto ecológico y, de la presa y sus bosques, se pasó al actual emplazamiento en la Plaza de Terreros, en pleno centro del pueblo. El solar, la antigua finca de Torrealta de algo más de siete mil metros cuadrados, poseía un desnivel que posibilitaba elevar una caja escénica y construir veinticinco mil metros cuadrados sin que el Monasterio se viese afectado. Es cierto que hoy se vislumbra un paredón brillante desde algunas perspectivas en vez de un desmonte ocre. La oxidación del granito acabará por reducir el efecto espejo.
El Escorial es un enclave muy peculiar. Baste apuntar que no hay otro lugar en España, salvo Madrid, a donde acudan reyes y presidentes de gobierno con tal frecuencia. No deben ignorarse en este sentido las condiciones muy especiales de San Lorenzo de El Escorial y la necesidad de otorgar a la Sierra Norte de espacios culturales. Este municipio no posee las salidas industriales de sus vecinos dado su entorno, con el Monasterio y el monte de Abantos limitando sus actividades. Entre éstas ha de anotarse la universitaria, en franco descenso tras la aparición de universidades privadas en localidades más próximas a la capital sin que se realizara en el pasado ningún esfuerzo especial para tratar de conservar el ambiente universitario escurialense. Sí que, en cambio, se llevaron a cabo acciones para dotar al municipio de un cierto ambiente musical, con su escuela integral, las actividades del Teatro Carlos III o el desaparecido festival barroco. En este sentido el teatro nació con la visión ambiciosa de que su apertura impulsase otra serie de actuaciones encaminadas a crear una vida que va desapareciendo. El Teatro de El Escorial debía suponer un repulsivo para la imagen y la economía escurialense, de modo que tirase de otros muchos proyectos que o no se han puesto en marcha con decisión (el Parador, el desdoblamiento de la carretera a Guadarrama, etc), que cada día andan más mortecinos (el citado Monasterio con sus muchas potencialidades, la Escuela María Cristina, etc) o que directamente ya han sucumbido (la continuidad de aquella actividad universitaria, encarnada un día en la Escuela de Ingenieros de Montes, el desaparecido Hotel Felipe II, reconvertido en sede de cursos bancarios y prácticamente cerrado al público, etc.). Por ello era fundamental su ubicación en pleno centro, de forma que sus visitantes pudieran disfrutar del pre y postconcierto en el mismo pueblo, sin la tentación de volverse a la capital una vez concluido el espectáculo. El nuevo teatro puede ser ese repulsivo si existe un fuerte apoyo político. Y sólo así, a través de las dimensiones cultural, universitaria y turística de calidad se recuperará una localidad entrañable que lleva camino de acabar como ciudad-dormitorio a base de tener que recurrir únicamente a la construcción como vía de ingresos municipales.
El solar provenía de una herencia al Asilo de San Rafael, quien lo vendió a Euroforum. Éste a su vez lo había vendido a una promotora privada que ya disponía de un proyecto para una urbanización de viviendas adosadas. Se entablaron negociaciones a lo largo de finales de 1999 y se llegó a un principio de acuerdo por el que la CAM adquiriría el citado solar y un edificio muy emblemático en la localidad, la villa Las Torres, que precisaba una restauración integral. A punto de firmarse oficialmente la compraventa, el solar fue reclamado por unos supuestos beneficiarios de una herencia cuya cláusula de reserva de veinte años vencía un mes más tarde. La CAM decidió expropiar la finca y que fueran en su caso los tribunales quienes dirimiesen la titularidad anterior de la misma. Todo este proceso se efectuó con una celeridad asombrosa para una administración pública. Había una clara decisión política de sacar adelante el proyecto.
teatro-escorial-monasterioLa historia reciente nos ha mostrado con frecuencia el hecho de salas diseñadas como auditorios que luego son malamente reformadas para poder ofrecer espectáculos escénicos. En nuestro teatro se adoptó, desde un inicio, justo la filosofía opuesta y frente a estos equipamientos limitadamente polivalentes se planteó un teatro de ópera que admitiera conciertos. En algún momento se ha hablado de la sinrazón de un teatro así en una localidad de tan reducida población, pero nunca se pensó exclusivamente en ésta sino en la proyección nacional e internacional de su nombre y en su proximidad a Madrid. San Lorenzo, limitado en su desarrollo económico por aspectos ecológicos, sólo puede evolucionar a través de proyectos turísticos, culturales o educativos. El nuevo teatro eran parte de una idea mucho más amplia que convertía a esta zona de la Sierra Norte en un foco de irradiación educativo-cultural. Nació paralelamente con la idea de que sirviese como ejemplo de una de las formas en las que la CAM podría cooperar con las empresas privadas, compensando sus esfuerzos fiscales en la Comunidad con la potenciación de su imagen en proyectos concretos con posibilidad identificativa. Así una petrolera española, REPSOL, iba a estar ligada al proyecto tanto en la fase de construcción –sus arquitectos llegaron a estudiar los planos- como en la posterior explotación, en la que encabezaría una fundación que iba a gestionar sus actividades futuras. Era la forma de compensar a la petrolera por la decisión de tributar en Madrid su fusión con la argentina YPF. Diversas causas, imposibles de reflejar aquí, impidieron que la idea fructificase. En cualquier caso, el Teatro de El Escorial comenzó con un fuerte compromiso político, creándose una infraestructura muy superior a la demanda de la propia villa. No era en consecuencia un proyecto para y sólo para San Lorenzo de El Escorial. Sin la continuidad de este fuerte compromiso político será inviable una actividad adecuada al Teatro y a la inversión realizada. Para bien o para mal, está ahí, como lo está el Monasterio, monumento por cierto muy infrautilizado, como parece ser el mal de muchas de las posibilidades que encierra la localidad. Se trata ahora de hacerlo funcionar. Se ha afirmado reiteradamente que lo importante de estas infraestructuras no es el continente sino el contenido.

La CAM encargó el proyecto a un joven equipo de arquitectos –estudio de Rubén Picado- coordinado a través de la Consejería de Transportes. Fue ésta otra decisión importante ya que esta consejería era la que, por disponer de un mayor presupuesto, podía hacer avanzar más rápidamente la construcción del teatro. Fue también fundamental la implicación de la Consejería de Hacienda desde un primer momento. Se decidió así mismo tratar en lo posible de evitar lo que ha sucedido en muchos edificios similares: caer en la tentación de caprichos arquitectónicos que fueran en contra del uso posterior del local. Por ello se complementó el equipo técnico, mediante los oportunos concursos, con especialistas en acústica –Vicente Mestre de BBM Acústica- y, muy especialmente en tecnología escénica. José Luis Tamayo, una referencia en este campo, ha aportado su amplia experiencia y ha participado desde un inicio en todas las decisiones que pudieran afectar al funcionamiento de las instalaciones escénicas.
Sobre el citado solar, junto al ya existente aparcamiento de Euroforum con capacidad para seiscientos vehículos, se ha edificado un complejo granítico en sus exteriores y de nogal oscuro –los teatro requieren intimidad- en sus interiores, que cuenta con todos los servicios propios de un teatro y dos salas: la grande para unas mil cien personas y la pequeña para trescientas. Como suele suceder en casi todo este tipo de obra pública, cambios, mejoras y algunas complicaciones en el camino –el este caso un subsuelo más pétreo de lo esperado tras los estudios geológicos- han llevado el coste final hasta los sesenta y cinco millones de euros. En él va incluida la protección a un pinsapo, supuestamente centenario, que ocupa un lugar de privilegio en el complejo. Mientras el terreno se vaciaba, se construyó un forjado a su alrededor para proteger sus raíces. El pinsapo queda hoy, después de ser tratado vitamínicamente su stress, envuelto por el teatro en una especie de jardín interior.
Han pasado cinco años y medio desde aquel 13 de noviembre de 2000 cuando, durante el acto de colocación de la primera piedra, el máximo responsable de la CAM afirmó que sería “la sede de un futuro festival escénico y musical de calidad europea”. Todo llega y hoy ya contamos con un magnífico complejo y un primer festival con nombres de primera fila. Felicitémonos por ello y brindemos porque sobre su futuro se despejen las brumas hoy existentes sobre su gestión a partir del 2 de agosto.
Gonzalo Alonso

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