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Por Publicado el: 02/10/2019Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

Helga Schmidt, un sueño roto

Gonzalo-Helga

Helga Schmidt con Gonzalo Alonso en los buenos tiempos del Palau de les Arts

Helga Schmidt, un sueño roto

Estoy empezando a escribir el obituario de esa gran artista que fue Jessye Norman. Empiezo por refrescar mi memoria y recuperar cuanto sobre ella he escrito en el pasado. Lo último, su concierto transversal en San Lorenzo de El Escorial. Lo más intenso: el recuerdo imborrable de una “Tercera” de Mahler con Abbado y la London Symphony en el Barbican Londinense en 1985. Uno de esos que perduran toda la vida. Suena el teléfono y me entero del fallecimiento de otra enorme persona: Helga Schmidt. No puedo empezar a escribir sobre Norman, porque el sueño roto de Helga emborracha mis pensamientos.

No voy a escribir su biografía, a contar que trató con Böhm, Mitropoulos, Krauss, Furtwängler, Solti o Kleiber. Ni que Karajan la contrató para la Ópera de Viena, donde trabajaron juntos diez años. Ni que luego pasó a ser directora artística del Covent Garden, con tan sólo 33 años, trabajando codo con codo con Colin Davis. Todo ello está ya publicado.

De allí pasó a pergeñar un sueño de oro: el Palau de les Arts. Empezó cuando el edificio aún estaba prácticamente en sus cimientos y el proyecto artístico no era más que una ilusión en su cabeza. Critiqué mucho cómo funcionaban las cosas en aquellos tiempos y escribí que Helga no sería nadie hasta que “no tuviese un tampón”, es decir, firma. Me llamó tras leerme y me invitó a conocer sus ideas. Las discutimos y le di un consejo que ella misma me recordó muchas veces al paso del tiempo: “no te fíes nunca de un político. Tus éxitos no serán tuyos sino de ellos y tus fracasos serán tuyos y no de ellos”. Triunfó, nunca fracasó, pero los políticos y muy especialmente una política fueron su perdición, sin ella comerlo ni beberlo.

Desde el año 2000 trabajó 24 horas al día. Llamaba a empleados, colaboradores o amigos pasadas las doce de la noche. Por cierto, entonces no era acoso. Era dura y dulce a la vez, una combinación nada frecuente que hizo que muchos la quisiésemos y otros la odiasen. Contrató a López Cobos como director musical, pero cuando el Real se lo quitó antes siquiera de empezar porque no le firmaban el contrato, actuó por elevación y juntó a Maazel con Mehta. Con ellos montó, con audiciones por todo el mundo, la que llegó a ser la mejor orquesta de España. Había dinero, o por lo menos eso es lo que la decían sus políticos, hasta que un día empezaron a no cumplir los compromisos aprobados en patronatos. La vi sufrir privando a Mehta de su habitación en las Arenas, teniendo que prescindir de un Maazel que vio mayores ingresos en Qatar, sin poder cubrir bajas en la plantilla orquestal… Ví como luego Maazel la maltrató cuando quiso volver al Palau al fallarle Qatar y Helga le contestó que ya no era posible pagarle su caché. Y, sobre todo, la vi sufrir por los incomprensibles ataques que recibió de unos políticos de partidos enfrentados, que hicieron de ella la diana inocente de sus intrigas.

Helga Schmidt ha fallecido tras una larga enfermedad ocasionada o agravada por los disgustos. Jamás se llevó un duro, sino que defendió rotundamente las cuentas del Palau, pero un día la sacaron de su habitación del hotel de madrugada con varios helicópteros en el cielo y una docena de furgones policiales en el teatro. “Señora, no se preocupe. Se ya que usted es inocente”, le dijo el primero de los incontables jueces que tuvo, pero uno tras otro se fueron apartando del proceso al ver que todo era una cuestión política. Siento con auténtico dolor que se haya ido sin saberse declarada inocente del juicio que empezaba el mes próximo. Y nadie se encargará ahora de demostrarlo. Eso, si no la usan como chivo expiatorio.

Helga, hoy brindaré por ti, con amigos de ambos, en el restaurante donde tu y yo seguíamos hablando del Palau cada vez que venías a España para la quimioterapia y ver a tus abogados. En lo personal, te echaré mucho de menos, porque resulta muy difícil encontrar personas inteligentes y honestas con las que hablar, aunque temiese tus llamadas de una hora a medianoche. Descansa en paz y no duerman los causantes de un sueño roto. Gonzalo Alonso

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Sainz

Un comentario

  1. Manuel Cabrera Manzanares 06/10/2019 a las 20:57 - Responder

    La deontología profesional de mi antiguo oficio en la abogacía me obligan a guardar silencio de confidencias, hechos y canalladas que se encriptaron sobre esta gran mujer, pero bien puedo decir que Gonzalo Alonso se queda corto en loas; y otros que no están sujetos a dicho secreto se quedan mudos como notorios cobardes que han sido y siguen siendo.
    Manolo Cabrera

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