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DE LAS MEJORES ESENCIAS
Por Publicado el: 23/08/2016Categorías: Colaboraciones

Humildad Patria: otra forma de ver las cosas

Humildad Patria: otra forma de ver las cosas 

Algunos “opinan” sobre la Dirección de Orquesta como el que “opina” de modalidades de pudding, por poner un caso, aún sin conocimiento de los ingredientes, técnicas y recetas, alcanzando sin embargo la fórmula exacta del “pudding Arguiñano” o el “pudding Berasategui”… suponemos que por sus extraordinarias papilas gustativas, por supuesto. Una obra musical no es pudding, indudablemente. Por esta simple razón es una pretensión absurda la intención de que una orquesta “suene a Klemperer, a Karajan o a Toscanini”, en primer lugar porque a lo que tiene que sonar una orquesta es a la obra del maestro que la compuso, supremo decisor sobre la excelencia en la interpretación de su obra. En segundo, porque es harto increíble determinar en 3 compases que una orquesta suene a “algo”, ni siquiera al compositor interpretado, mucho menos a una forma de interpretar decidida por un director de orquesta. A algunos puede gustarles el gazpacho con pepino, mientras otros lo detestan, en cuestión de gustos ya se sabe, pero lo que no puede aseverarse nunca es que una obra musical base su interpretación en “como la dirigió tal director” más o menos mítico, sobre todo porque en el mejor de los casos solo se cuenta con el resultado grabado de tal trabajo, seguramente falseado por los recursos técnicos, y éste resultado no se consigue con cuatro indicaciones en un ensayo, ni falta que le hace a la obra, único objeto de la interpretación. 

Por otra parte, el nivel de la orquesta claro que importa, a nadie se le ocurriría pensar que, por muy dotado que sea el director, una orquesta de cuarta consiga los resultados de la Filarmónica de Viena, por exagerar la comparación, pero lo que también es cierto es que un gran director consigue de pocos mimbres grandes cestos, de la misma manera que un nefasto director consigue resultados soportables cuando una gran orquesta en sus manos toca como si el director no existiese, lo que ocurre más veces de las que se pueda calcular. Cuando el director falla no es porque no consiga que la orquesta “suene como” algún otro director, sino porque no posee las necesarias capacidades para transmitir a la orquesta. En esta labor merecería la pena que los “profesores” de dirección inviertan el tiempo, en vez de desperdiciarlo en la inútil demostración de una  imitación interpretativa enormemente incierta.

director orquesta dibujo2

En cuanto a los instrumentistas conversos, ciertamente es tendencia actual, pero lo que casi nunca se menciona es que estas “mutaciones” producen deficientes directores que, al mismo tiempo, consiguen la decadencia de su antaño virtuosa interpretación instrumental… cuando la hubo. Cuando se opina sobre la difícil y tortuosa carrera del director, se tiene mucha razón, pero debería plantearse tal trayectoria con un panorama completo del ámbito, pues hacerlo desde la única perspectiva de conservatorios españoles, plantea una vista nada panorámica. En Alemania y Austria los conservatorios son escuelas privadas que no poseen rango universitario. El término «Hochschule für Musik»  (Escuela Superior de Música)  o Universität für Musik und Darstellende Kunst (Universidad de Música y Arte Dramático) hacen referencia a centros oficiales de rango universitario, existentes desde tiempo inmemorial, nunca denominados conservatorios y algunos muy aconsejables para el estudio de la técnica e interpretación en la Dirección de Orquesta. Tras superar dichos estudios se podrá ser un buen o un mal director de orquesta, pero al menos se habrá accedido a unos conocimientos imprescindibles para acometer con cierta garantía dicha labor. Hay que ser demasiado optimista para pretender alcanzar una solvencia mínima como director desde la interpretación de un instrumento, como desde una formación deficiente, por mucho talento que se crea tener. De la misma manera, es absurdo asegurar que un director debe haber sido un gran intérprete de forma previa, pues contamos con no pocos casos en que famosos directores, algunos de ellos muy buenos, no han logrado nunca tocar un instrumento con el virtuosismo que se les presupone. Mucho más importante es una sólida preparación en la Composición Musical y un amplio conocimiento estilístico, cultural e histórico, entre otros saberes muy recomendables. 

La carrera de un director novel está plagada de dificultades, esto es indudable, pero el itinerario que, de forma generalizada, se le marca en España, no es el único posible. Llegar a ser asistente de un gran director puede ser una fórmula, pero también lo es otra nada habitual en nuestro país, pero mayoritaria en Austria, Alemania y otros países de reconocido prestigio musical, que es  la de iniciarse como correpetidor de ópera, comienzo mayoritario de muchos directores de orquesta que han conseguido una alta posición nacional e internacional. ¿Qué la preparación y consecución es demasiado larga?, pues esto dependerá de tres factores muy claros: el talento, la dedicación y la suerte. Sin alguno de estos condimentos, efectivamente, la carrera puede ser tan larga que no llegue siquiera a comenzar antes de la senectud, si es que lo hace algún día.

Elegir repertorio y orquesta no es el mayor de los problemas a que se enfrenta un director novel, el reto es demostrar la capacidad de dirigir cualquier repertorio y orquesta, cosa que debería conseguir, sea novel o senior, un director de orquesta. Y esto, mejor o peor, con los pocos o muchos ensayos que se le concedan. Incluso sin ningún ensayo, como es caso habitual en los mayores teatros de ópera del mundo. Un director de nivel puede tener que dirigir 10 o 15 obras distintas en escaso plazo, pero jamás tendrá que estudiarlas todas a la vez, ya que es seguro que las conoce, en su mayoría, con gran antelación, algunas incluso desde el inicio de su formación.

El gran director deja “huella” en las orquestas que dirige, sobre todo en aquellas de las que es titular, el problema es que no son tantos los grandes directores, por ello las huellas…se diluyen en la arena orquestal. Un gran director no efectúa un trabajo efímero, como tampoco lo hace un gran educador, un gran artista, un gran filósofo, un gran humanista… toda gran intervención humana plasma su indeleble huella en aquellos que reciben sus preceptos, profusas pruebas existen en la historia de lo categórico de esta afirmación.

Por todo lo anteriormente expuesto, cuando se leen máximas como la de Askenazy: “La última patria a la que ha de arribar un director de orquesta es la de la humildad”, no puede por menos que pensarse en cambiar el orden de tan sesuda sentencia, pues tal vez sería más útil decir: “La primera patria desde la que ha de zarpar el director de orquesta es la humildad”, ya que solo desde tal puerto se podrá iniciar singladura hacia el descomunal destino de la interpretación de las obras maestras. Alessandra Ruíz-Zúñiga Macías

(…Hablar sobre el recorrido a este destino, merecería otro artículo, o muchos, por su importancia y extensión.)

 

 

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