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Por Publicado el: 29/01/2022Categorías: Colaboraciones

Jesús Iglesias, de curranta a currante

Jesús Iglesias, de curranta a currante

“Un currante de la ópera”. Así titulaba este periódico un artículo sobre Jesús Iglesias (Gijón, 1971), publicado en julio de 2018, a propósito de su nombramiento como director artístico del Palau de les Arts. Cuatro años después, el Patronato que rige los destinos del buque insignia de la cultura musical valenciana ha acordado prorrogar su contrato cuatro años más, hasta el 31 de diciembre de 2026. Sin duda, la decisión no es ajena a la inagotable capacidad de trabajo del gestor asturiano, a su trayectoria intachable, experiencia internacional y fino talento para calibrar innovación, gestión y presupuesto. Tampoco a su demostrada competencia para desempeñar este puesto complicado y sujeto a tantos vaivenes. Y, desde luego, ha remado a favor su talante cercano, dialogante y directo, que le ha servido para encajar, empatizar y lidiar los complicados y variopintos mundillos musical y político de esta tierra en la que casi todos nos sentimos maestros de lo que sea.

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Jesús Iglesias Noriega (c) Kike Taberner

Iglesias llegó en tiempos revueltos al Palau de les Arts. La caótica y caprichosa gestión de su antecesor, David Livermore, dejó todo manga por hombro. Por otra parte, el recuerdo de los tiempos de “Grandeur” de Helga Schmidt parecía empequeñecer cualquier iniciativa. “Todo tiempo pasado fue mejor”. Pero el “currante” Iglesias no se amedrantó ante esas dos losas contrapuestas. Se remangó las mangas de la camisa -verle con chaqueta es casi tan raro como escuchar un cantante inadecuado en sus elencos vocales-, y sin complejos se puso a hacer lo que mejor sabe: gestionar un teatro de ópera, organizar su vida, su día a día, su programación.

Los resultados se vieron pronto. El conflicto permanente en que malvivía el teatro se tornó una especie de balsa de acuerdo, que, aunque no exenta de problemas -¿existe un teatro sin ellos?-, sí respira y transpira una atmósfera de dialogo y entendimiento. Por otra parte, la oferta artística dejó de ser el cajón de sastre, el batiburrillo de los tiempos de Livermore, para cargarse de sentido. Iglesias puso en marcha su agenda privilegiada, tiró de todo y de todos y comenzó a armar programaciones de calado y empaque, ajenas a servidumbres y fieles únicamente al compromiso del teatro con su público, del escenario con el espectador.

Quizá el mejor reflejo de la gestión exitosa de Iglesias durante estos primeros cuatros años sea la producción de Los cuentos de Hoffmann que se está disfrutando estos mismos días en el Palau de les Arts. La aglutinada calidad artística del montaje escénico, la coherencia del reparto vocal, el fuste de la batuta prestigiosa de Marc Minkowski y el esplendor de los dos cuerpos estables –Orquestra de la Comunitat Valenciana y Cor de la Generalitatson el mejor reflejo de la gestión, exenta de compromisos e intereses particulares, profesionalizada y exigente, que ha marcado y marca el hacer del renovado director artístico. La redondez artística de estos inolvidables Cuentos de Hoffmann es cima de una gestión que ha reubicado al Palau de les Arts como espacio lírico de referencia.

Jesús Iglesias ha contado, además, con la fortuna de estar en un entorno político más propicio que el que soportaron Helga Schmidt y Davide Livermore. Una Conselleria que sabe respetar la competencia responsable de sus responsables técnicos, que “deja hacer”. Cuenta, además, con un Patronato cercano, melómano y, por ello, sensible al hecho musical, tal como marca el perfil de su presidente, Pablo Font de Mora. Y, en fin, el soporte, apoyo y empuje de un director general, el valenciano Jorge Culla, tan listo, “currante” y experimentado como él mismo. Rodeado de estos mimbres propicios, acompañado de sí mismo y arropado por el viento favorable de una afición que sabe apreciar lo verdaderamente bueno, todo apunta a que el trasatlántico Palau de les Arts seguirá navegando por la “excelencia artística” que tanto enarboló la curranta Helga Schmidt. Justo Romero

Publicado el 28 de enero de 2022 en el Diario Levante

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