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Las críticas a "Elixir d'amore" en el Teatro Real
Las críticas a "La conquista de México" en el Teatro Real
Por Publicado el: 06/11/2013Categorías: Diálogos de besugos

Las críticas a «The Indian Queen» en el Teatro Real

He aquí las críticas en la prensa nacional al último espectáculo del Teatro Real. Excepto Vela del Campo, siempre proclive a Mortier, que le hace un regalo de cumpleaños en su crítica, se reconoce el valor estético del espectáculo, pero se discrepa de algunos detalles del mismo y, sobre todo, de su duración. Nadie menciona los 380€ que costaba la entrada de platea. Una barbaridad para lo que es.

ABC, 6/11/2013

Sellars reinventa a Purcell

THE INDIAN QUEEN ****

Autor: Henry Purcell. Dirección musical: Teodor Currentzis. Dirección de escena: Peter Sellars. Intérpretes: Vince Yi, Julia Bullock, Markus Brutscher, Nadíne Koutcher, Noah Stewart. Christophe Dumaux. Teatro Real. 5-XI-2013

No cabe duda de que se trata de un gran espectáculo. No es realmente The Indian Queen de Henry Purcell, pri­mero porque Purcell no vivió para terminar su obra (fue su hermano el que se encargó de hacerlo con una masque final de poca calidad que no ha sido incluida en esta versión), de la que sólo quedan unos cincuenta minutos de música.

Es, en realidad, una recreación de Peter Sellars, que ha transformado el libreto original, que describía una ab­surda y rabiosamente ahistórica lu­cha entre aztecas e incas, en una reflexión sobre la conquista de América y sobre el papel que las mujeres tuvie­ron en la misma.

Cabe preguntarse si es este un tema de rabiosa actualidad, sobre todo cuando hay tantos problemas acuciantes y mucho más presentes en el mundo que tienen que ver con la violencia, la con­quista la guerra, el racismo, etc., y tam­bién cuando en la ópera de Purcell-Se­llars (o «semiópera», ya que así es como suelen ser descritas las obras de Pur­cell en Inglaterra) los mexicanos son dulces criaturas vestidas con ropas de colores y los españoles un puñado de señores de la guerra con ropa de ca­muflaje que empuñan kalashnikovs y se dedican a fusilar y a masacrar sin piedad.

Pero dejemos eso a un lado, porque el montaje es realmente espectacular, sobre todo por los decorados del pin­tor Gronk, una exhibición de brillantes lienzos expresionistas, por la be­lla iluminación de James F. Ingalls, con un uso épico de las sombras, y por el excelente trabajo de la orquesta Mu­sicAeterna de la Ópera de Perm, bri­llantemente dirigida por un Teodor Currentzis siempre dispuesto al éxta­sis al que esta música barroca parece siempre aspirar.

Qué delicia, el rumor arcaico de los archilaúdes, las tiorbas, el salterio, del continuo, dirigido por Andrew Lawren­ce King, y qué sorprendente esta Ope­ra de Perm cuyo ballet (y coro y or­questa) disfrutamos hace unas sema­nas en este mismo Teatro Real haciendo a Stravinsky, y cuyos intré­pidos intérpretes parecen capaces de cualquier cosa, desde la interpretación «auténtica» (como la de esta noche) hasta la percusión y los cuatro pianos de Les Noces de Stravinsky. Añadamos a la lista de alabanzas las voces de esta noche, entre ellas el lírico Luthando Qave (bajo); la intensa y dramática Ju­lía Bullock (soprano) y la radiante y dulcísima voz del contratenor corea-no Vince Yi, cuyas intervenciones eran todas una delicia.

El concepto, como decíamos, es de Peter Sellars, que ha mezclado los nú­meros de la «semiópera», en su texto original, con una serie de monólogos extraídos de la novela de Rosario Agui­lar que mencionábamos más arriba. Estos monólogos se centran en la vida de varias mujeres, especialmente doña Luisa una nativa mexicana que se convierte en la mujer del conquistador Pe­dro de Alvarado.

El problema es que los textos origi­nales de las arias tienen poco que ver (a veces nada que ver) con la historia de doña Isabel, doña Luisa y la hija de ésta, de modo que el efecto global se diluye un tanto. Sellars ha querido tra­bajar en esta ópera un poco al estilo del teatro barroco, haciendo cantar to­das las arias a todos los cantantes y asignando acacia cantante la música por la que sentía más afinidad, en oca­siones teniendo que transportarla a su tesitura correspondiente.

El espectáculo, como decimos, es muy bello, aunque alcanza casi las cua­tro horas de duración y consiste, casi exclusivamente en una sucesión de arias y coros lentísimos y tristísimos. Más variedad hubiera sido bienveni­da. Andrés Ibáñez

EL MUNDO, 6/11/2013

Ópera / Teatro Real

Los ríos de sangre de los conquistadores

El montaje de Peter Sellars sobre `The Indian Queen’ deja algunas heridas

En el estreno de La conquista de México, la ópera de Wolfgang Rihm que abrió la dupla dedicada al encuentro entre los españoles y las civilizaciones mesoamericanas diseñada por Gerard Morder en el Teatro Real, no se escucharon piti­dos. Aquel montaje era lo suficientemente alegórico y alejado del na­turalismo como para que prácticamente nadie sintiese herido su orgullo histórico-patriótico. Pero The Indian Queen, la ópera de Henry Purcell que completa el bi­nomio y que ayer se estrenó en el coliseo madrileño, sí que levantó alguna ampolla.

Al final del segundo acto, antes del descanso, Leonor, la narradora de la gesta, cuenta la apoteosis del jefe Tecún Umán y una masacre a cargo de los soldados españoles so­bre la población nativa mexicana. Fue tal la atrocidad que la sangre de las víctimas formó un nuevo río, teñido de rojo, cuenta la narradora. Tras el telón, amago de abucheo por parte de un sector que no volvería tras el descanso. Entre cuchi­cheos, las razones: «Hay que ver qué malos los españoles, ¿eh?». En efecto, algunos mitos históricos del glorioso pasado de España siguen siendo tabú para algún sector hen­chido de pundonor patrio.

Peter Sellars, uno de los directo-res de escena más habituales desde que Mortier llegó al Real (volve­rá a comienzos del año que viene para un Tristán e Isolda), también recibió algún pitido al salir a salu­dar con su enhiesta cabellera y sus collares, quizá por ser el responsa­ble de completar la ópera inconclu­sa de Purcell con otras piezas del compositor inglés y con textos de la escritora nicaragüense Rosario Aguilar.

Salvo esos dos escollos, el públi­co recibió con entusiasmo la recu­peración de esta semiópera que Purcell no pudo ver estrenada. Tampoco pudo ver el estreno el pro­pio Mortier, que en la presentación bromeó con que su tratamiento le impediría estar presente en los abu­cheos. El ex superintendente del Real mida de este modo una deuda que tenía con el barroca Gracias al buen hacer del director musical, el griego Teodor Currentzis, y de la or­questa y el coro (lo más aplaudido) de la ópera de Pem, la espera ha merecido la pena.

En el caso de Sellan, la espera ha sido todavía mayor, casi tres dé­cadas deseando montar esta obra y diez años de trabajo desde que contactase con Aguilar para iniciar el proceso de escritura. Un texto que, visualmente, ha estado apoyado por las coreografías de Chris­topher Williams (sobre todo en una larga introducción sobre las cinco creaciones del mundo maya) y la escenografia de Gronk, uno de los principales artistas chicanos de la actualidad, que ha creado las pin­turas y telones que acompañan la narración de la llegada de los españoles a México, la subsiguiente conquista y el papel de las mujeres en este proceso.

Porque, frente a la violencia y los ríos de sangre que deja la mano del hombre, este montaje de The Indian Queen reivindica el papel mediador de la feminidad en el conflicto. Sobre todo a través del personaje de Teculihhuatzin, la princesa nativa que contrae matrimonio  con el conquistador Don Pedro de Alvarado para espiar desde dentro al enemigo y poder ayudar a su pueblo. Sin embargo, acabará enamorada de él, dándole una hija y viendo cómo el violento empuje de los europeos no encontrará freno de ningún tipo, ni siquiera en ella. Dario Prieto

Capítulos de un melodrama épico

“THE INDIAN QUEEN”

Autor Henry Purcell Director musical: Teodor Currentzis. Director de escena y dramaturgo: Petaer Sellars. Escenógrafo: Gronk, Coreógrafo: Christopher Williàms. Reparto: Vince Yi, Julia Bullock, Nadine Koutcher,  Orquesta y Coro de la ópera de Perm. Teatro Real. 5 de noviembre. Calificación: ***

La Ópera de Pem y el Teatro Real han preferido presentar en ver­sión concierto la ópera de Purcell Dido y Eneas y proponer una representación con los fragmentos reunidos bajo el título de rice In­dian Queen, una serie de núme­ros sueltos sin conexión dramáti­ca ni coherencia propia, la músi­ca incidental compuesta come complemento de un texto literario que no ha sobrevivido. Pero se trataba de ofrecer a Petar Sellars la libertad de manejar a su anto­jo unas piezas de gran calidad musical para imaginar una fanta­sía americana, completada con otras obras del compositor y citas de una novela nicaragüense.

Un arco voltaico entre el siglo XVII y la sensibilidad actual, cu­ya chispa relampaguea sobre el escenario con la densidad, el co­lorido y el abigarramiento de un fresco pictórico, articulado en un melodrama épico. Asistimos a una clásica y algo tópica narra­ción de la conquista española, con un noble que, después de ca­sarse con una reina india, la rele­ga y abandona.

La historia se cuenta por medio del ballet, de una narradora, y a través de una hábil combinación de la obra que da título al espec­táculo con otras aportaciones del compositor, bien elegidas. El re­sultado es una función seria, sa­bia y concentrada teatralmente, y con una impecable interpretación vocal y musical. Las virtudes de un buen teatro estable brillan con apabullante contundencia. El co­ro respira con un perfecto control y el conjunto de solistas alcanza una alta calidad, hasta poder de­cir que todos están bien. Teodor Currentzis obtie­ne de la discipli­nada orquesta el estilo adecuado; el sonido que emerge del foso es una maravillosa brisa sonora, tal vez en alguna ocasión algo pro­clive hacia un cierto deslizamien­to sentimental en exceso.

Pero resulta demasiado largo y premioso. Es raro que el perspi­caz sentido teatral de Petar SeIlars no haya detectado el poco atractivo arranque, una danza es­cindida en varias pausas que pre­ludia una lentitud y una rituali­dad que en nada contribuyen a captar la atención de los especta­dores, inermes ante un título que no todos conocerán, y normalmente sólo por disco, que se ofre­ce sometido a un ejercicio de ori­ginalidad que precisaría de un pórtico más hábil y atractivo.

Tampoco es un acierto ni la convencionalidad de la historia, ni los parlamentos hablados, pro­cedentes de la novela escrita por Rosario Aguilar. Así que cabría someter a la dramaturgia plan­teada a una nueva dramaturgia, que redujera las casi cuatro horas de función.

El público abandonó en el en­treacto más de un tercio del patio de butacas, y al final se manifes­tó con la consabida división de opiniones. Quienes protestaban debían expresar su fatiga, porque la precisión de la puesta en esce­na y la excelencia de la presta­ción musical no admitían dudas. Alvaro del Amo

EL PAIS, 7/11/2013

Oda a una música conmovedora

El Real presenta ‘The Indian Queen’

Es uno de los mejores espectáculos lírico-teatrales de los últimos años en Madrid

El Real no ha engañado a nadie en esta ocasión. En su publicidad señalaba la versión ahora representada sobre The Indian Queen como una combinación de “danza, música, literatura, teatro y artes visuales”. El punto de partida es la semiópera inacabada y última de Henry Purcell (murió a los 36 años), complementada por salmos, canciones, himnos y otras músicas del compositor inglés, a partir de un desarrollo dramático estructurado por Peter Sellars. La aportación literaria viene de unos textos de la novela La niña blanca y los pájaros sin pies, de la nicaragüense Rosario Aguilar.

Estaba claro que la propuesta no era una recreación al pie de la letra de lo que queda de The Indian Queen, sino algo que va más allá. Precisamente en esa ambición artística se enmarca la grandeza de un espectáculo colosal, que permite apreciar como se merece la belleza conmovedora de la música de Purcell. Si, además, se cuenta con una interpretación a niveles de excelencia, y con un coro insuperable en este repertorio, la conclusión es inmediata: estamos ante uno de los mejores espectáculos lírico-teatrales de los últimos años en Madrid. Mortier nos ha regalado en vísperas de su 70 cumpleaños una de esas creaciones que marca las diferencias, y deja a los espectadores totalmente tocados. De su etapa madrileña únicamente el dobleteIolanta-Persephone aguanta a ese nivel la comparación artístico-emotiva. Justamente los responsables musical y artístico son los mismos.

Lo fundamental, al valorar este espectáculo, es dejarse llevar por la música, esa music for a while que consuela las penas y predispone a los placeres de la belleza. No hay que asustarse por la duración —casi cuatro horas— porque el tiempo se detiene y la atmósfera se llena de hermosura, ante el canto barroco más poético, las danzas más naturales y el esplendor de unos coros en sobrecogedores pianísimos, que nos hacen comprender por qué queremos a Purcell, tanto en su apartado teatral como en el más instrumental. Es posible que con otros intérpretes estas representaciones habrían desembocado en algo más fatigoso. Con Currentzis y MusicAeterna, con los coros rusos de Perm, con un elenco de cantantes-actores procedentes de Bielorrusia, EE UU, Corea del Sur, Francia, Alemania, Sudáfrica o Puerto Rico, todo se lleva con facilidad y el tiempo pasa como un suspiro. El movimiento escénico es extraordinario, sobre una escenografía del pintor chicano Gronk tan expresiva como sugerente. El ritmo es deliberadamente lento y nada se enfatiza en exceso, ni siquiera el comportamiento agresivo de los colonizadores. La reflexión siempre está al fondo, bien sea con la efervescencia de la alegría al desaparecer el odio, bien con la búsqueda de una identidad después de las mezclas de razas. Pero es una reflexión que siempre tiene a la música detrás. En las arias, en los dúos, en los anthems, en los lamentos. Y la música, desde su serenidad, invita al conocimiento gozoso.

Me voy a poner estupendo, saliendo de la contención habitual, y brindándoles un consejo. Con el corazón en la mano, créanme. Pues bien, aparquen los posibles prejuicios y procuren asistir a The Indian Queen. No existen excesivas posibilidades, en el panorama actual, de contemplar una propuesta artística tan original, tan de trabajo en equipo, tan estéticamente atractiva. Además es más que probable que después de esta semiópera Purcell se incorpore, si no lo está ya, a un lugar de honor entre sus músicos más queridos. De ello, al menos, no se van a arrepentir. Juan Angel Vela del Campo

 

LA RAZÓN, 7/11/2013

Temporada del Teatro Real

Purcell con heparina

“The Indian Queen” de Purcell. Vince Yi, Julia Bullock, Markus Brutscher, Noah Stewart, Nadíne Koutcher. Christophe Dumaux, coreografía. Gronk, escenógrafía. Peter Sellars, dirección de escena. Teodor Currentzis, dirección musical. Coro y Orquesta de la Ópera de Perm. Teatro Real. Madrid, 5 de noviembre.

Sorprendente propuesta y sorprendente espectáculo, lleno de aciertos, de excesos, de vacíos y de extensión. Proyecto que claramente lleva la firma de Gerard Mortier. El ahora asesor artístico del teatro es hombre de ideas, de ideas y de amigos fijos –Sellars, Currentzis, etc- y ello queda clarísimamente reflejado en “The Indian Queen”. La filosofía de Mortier naufraga en propuestas como “Macbeth” o “Don Giovanni” para encajar en esta ocasión. Otra cosa es que para asistir a este bello espectáculo convenga haberse puesto antes una inyección de heparina.

Sorprende que Mortier prefiera ofrecer en concierto una ópera como “Dido y Aeneas” y en cambio ponga en escena una partitura, de la que Purcell dejó escrita menos de una hora, a base de encargar a la nicaragüense Rosario Aguilar la creación ex profeso de un texto sobre la maldad de los conquistadores españoles con los indios que otorgue contenido argumental y dramático a una obra que carece de él. A esos 45 minutos de música se añaden los citados textos, absurdamente recitados en un inglés con pronunciación macarrónicamente latina, y muchas otras músicas del autor, con textos que nada tienen que ver con “The Indian Queen”, hasta alcanzar casi tres horas y media de duración. Para colmo se inicia con un ballet lleno de silencios. Peter Sellars no ha sido consciente de límites a la hora de “componer” su espectáculo. Por cierto, ¿alguien cobra derechos? ¿Quién y cuánto? Y, puestos a hacer preguntas ¿a qué responde este afán al iniciar temporada con dos alegatos contra la actuación de los espeñoles en latinoamérica? Porque “La conquista de México iba de lo mismo. ¿Tan mal nos ve Mortier en la historia?

Dicho lo cual, también hay que decir que el espectáculo reune mucha belleza, enorme plasticidad en una pobreza que, a pesar de todo, se siente. No estamos ante una ópera sino ante una propuesta multimedia, con unos parcos pero coloridos decorados expresionistas, una correcta iluminación, una coreografía reiterativa y un adecuado manejo actoral. Sorprende la calidad de los conjuntos de la Ópera de Perm: los solistas, la orquesta bajo la animada y matizada dirección de Currentzis, y muy especialmente un coro al que se deben los mejores momentos de la función. Curioso que esta coproducción con Perm, la decimotercera ciudad en población de Rusia, y la English National Opera sea la única con un teatro extranjero que se anuncia en la web del Real. ¿No habíamos logrado estar en primera línea internacional? En otros tiempos se coproducía con el Covent Garden, Viena, París o la Scala.

El Real registraría al inicio unos ¾ de ocupación, drásticamente reducida tras el descanso. El público, que posiblemente disfrutó con las casi dos horas de la primera parte, no contaba con terminar a media noche. Hubo unos cinco minutos de aplausos al final y algunos, escasos, abucheos a Sellars. No se los merecía por su trabajo, pero quizá a los espectadores no les agradó la maltrecha imagen de los conquistadores ni la excesiva duración del espectáculo, cuya monotonía final no pudo evitar ni la maravillosa música de Purcell ni su buena interpretación. Escrito todo lo cual, quien aquí firma disfrutó la representación. Gonzalo Alonso

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