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Por Publicado el: 09/10/2014Categorías: Entrevistas

María José Montiel: «Me considero una corredora de fondo»

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  • Mi meta la fijo en conservar la ilusión
  • La felicidad para un artista es mantenerse mucho tiempo sobre el escenario
  • Desde que empecé a cantar de mezzo, mi vida cambió para bien

Después de haber sido en casi noventa ocasiones Carmen, desde que debutara el papel en 2002 en Italia, no hay duda de que María José Montiel tiene asumido ese personaje que desde mañana volverá a encarnar. Esta vez en el Teatro de la Zarzuela madrileño, aceptando un nuevo reto para dar vida a la cigarrera de Sevilla, que esta vez cantará castellano. Tal y como se ofreció para su estreno absoluto en Madrid en este mismo lugar el 2 de noviembre de 1887.

P. ¿Es Carmen su gran papel?

R. Es el que más he hecho. y cuando interpretas un personaje tantas veces, lo sientes muy profundamente en tu piel y dentro de ti.

P. Habiéndolo defendido tantas veces en su versión original, interpretarlo ahora en su propia lengua. ¿Le supone más o menos dificultades?

R. Las mismas que te puedes encontrar cuando has cantado siempre Don Carlo o La Favorita en italiano y de repente te lo proponen en su versión francesa. Desde que aceptas el compromiso, ya que en cualquier ópera música y texto van ligados, al cambiar y el nuevo idioma cambian todas las vocales, tienes que meter en voz de nuevo toda la obra. O lo que es lo mismo: partir de cero. Por eso digo que no hay que venir a esta Carmen para comparar, porque es otra cosa. La música es exactamente la misma de Bizet; no se ha cambiado nada. Pero como el lenguaje forma parte de nuestro ser más íntimo, si estoy cantando l’amour est un oiseau rebelle que nul ne peut apprivoiser, y aquí tengo que decir es amor ave muy extraña que no se deja aprisionar, incluso la música a través del idioma adquiere no voy a decir que otro significado, pero sí una nueva atmósfera.

P. ¿El nuevo texto obliga a un cambio de tesitura?

R. A lo que obliga es a reestudiar la ópera y no sólo a memorizarla, que también. Cuando canto l´amour est enfant de bohème, lo llevo tan implícito que sólo tengo que abrir la boca para que brote el sonido. Decir aquí amor es déspota y cruel, es otra cosa.

P. Haciendo balance, ¿se siente más o menos cómoda con la Carmen castellana?

R. Prefiero obviamente cantarla en francés, porque el personaje ha crecido conmigo en ese idioma, aunque me encuentro muy cómoda también cuando lo hago en castellano. Y por encima de todo, me siento muy feliz por compartir este proyecto. Porque se trata de una aventura que podemos calificar de histórica, recuperando un momento en el que se hacían este tipo de cosas: no solamente en el caso de Carmen, sino en muchos más, en francés y en otros idiomas. Otra cosa que me gusta en este caso son los textos hablados, que recuerdan las obras del teatro clásico español.

P. Como toda Opéra Comique que se precie…

R. Eso es. Aunque aquí se le llama Zarzuela en cuatro actos

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P. Otra idea genial del director del Teatro de la Zarzuela, Paolo Pinamonti, de quien todos hablan bien

R. Empezando por mí que, cuando en el año 2000 cogí el hatillo y me fui a Italia a que me escucharan, Pinamonti fue la primera persona a la que convenció mi voz y me contrató. Es alguien inteligente, cultísimo. Prueba de ello es este proyecto tan hermoso, que estoy convencida de que va a ser un gran éxito.

P. Semejante trabajo ¿lo da por amortizado en Madrid o será una Carmen viajera?

R. No lo se. A mi de momento no me han dicho nada al respecto.

P. ¿Le ha merecido la pena el esfuerzo?

R. Si. Nos ha costado mucho a todos, pero siempre he apostado por la ópera española, intentando dar a conocer títulos olvidados. Es el caso del Merlín de Albéniz, participando en su estreno absoluto en el Auditorio Nacional de Madrid. O en la recuperación de Pepita Jiménez. Además he estrenado obras de García Abril y de muchos otros compositores, incluída la ópera Ojos verdes de luna, de Tomás Marco.

P. ¿Las ha vuelto a hacer?

R. Algunas de ellas. Merlín, por ejemplo, no. Se programó en el Teatro Real, pero no participé en la producción. Pepita, si: la hicimos en Montpellier, en Peralada y en el Festival de Otoño de Madrid. Pero estamos hablando de palabras mayores. Teatralmente, me parece una joya la partitura de Albéniz. También Ojos verdes… la he cantado en diversas ocasiones, y me gustaría volverla a hacer, porque es una obra que, sin contar apenas con elementos –conmigo haciendo de cazador y con una bailarina- posee mucha fuerza. Tuvo un gran éxito, porque la música es además bellísima. Volviendo a Carmen de ahora, diré que me siento muy satisfecha por este montaje, que potencia y dignifica el papel de la mujer.

P. Con una mujer en el foso

R. Y otra a cargo de la escena: la responsabilidad en manos de dos mujeres. Ana Zamora, que procede de la compañía Nao d’amores -especializada en teatro, aunque han montado alguna ópera barroca-, ha centrado su visión en la Carmen a la que los hombres admiran, y de la que se enamoran por su fuerza y su sentido de la libertad: las mismas razones por la que después la querrán aniquilar. Estoy muy de acuerdo con su visión porque desde que debuté este personaje he pensado que Carmen, al margen de ser ese icono de la libertad, es, ante todo, una líder que cautiva a los hombres por la fuerza que emana. Y aquel que llega a poseerla, por su inseguridad frente al aplomo de ella, hará lo que esté a su alcance para destruirla. Todos esos casos de violencia que estamos viendo se producen por lo general porque el hombre siente celos de la mujer. No tanto porque le haya mirado el vecino. Son otro tipo de celos. En el caso de Carmen y Don José es sencillamente el “o conmigo o te mato”, que es lo mismo que nos muestran cada día en la televisión.

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P. ¿Eso sólo lo percibe en Carmen?

R. No. Lo detecto en la mayoría de las óperas. Las mujeres son víctimas del sistema machista impuesto por la burguesía, que ha existido en todos los tiempos. Salvo alguna excepción -como la Giulietta de Cuentos de Hoffmann, que es una especie de ensoñación-, todas las mujeres que he representado están siempre por debajo de los hombres. Atadas de pies y manos ante su poder.

P. ¿Tenía experiencia con batutas femeninas?

R. En ópera no, pero en concierto si. Y me he encontrado siempre fenomenalmente con ellas. Respecto a Yi ChenLin, debo decir que, siendo tan joven, es excelente.

P. Viniendo de una cultura ten lejana ¿Capta bien el espíritu de una poderosa mujer latina como Carmen?

R. Es muy inteligente y lo entiende a la perfección. Pese a haber nacido en Taiwan, es como si fuese europea. No llegó anteayer de Oriente. Desde muy pequeña se fue a Viena, donde yo también viví algún tiempo, y hemos trabado una buena amistad hablando de nuestras vivencias en aquella ciudad.

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P. Desde Madrid se va a Israel para hacer en diciembre con Zubin Mehta otra Carmen que repetirá allí en primavera. ¿La de aquí habrá modificado su visión a la hora de interpretarla?

R. Todas y cada una de las producciones que vas haciendo te enriquecen. Empezando por los puntos de vista que te aportan cada una de las personas con las que trabajas.

P. Mehta le dirigió como Neris en la Medea que se programó en Les Arts en 2012 ¿Se conocieron entonces?

R. Precisamente entonces, y estoy encantada. Es uno de los momentos más emocionantes en mi vida musical porque, aparte de ser uno de los grandes maestros de todos los tiempos, es además, como persona, un hombre excepcional, cultísimo y educadísimo. Alguien con un trato exquisito. Un ser muy luminoso, cuya solaridad está perfectamente reflejada en la música que hace.

P. De privilegio califica Jorge de León trabajar con él

R. Y estoy totalmente de acuerdo. Es un gran honor cantar con Zubin Mehta

P. Será feliz entonces volviendo a reunirse en julio para hacer un Ballo in Maschera. ¿Será su primera Ulrica?

R. Si, este papel lo debutaré con él

P. ¿Le gusta el personaje?

R. Es interesante, muy bonito y se aleja en alguna medida de los que he hecho hasta ahora. Me apetece afrontarlo por las posibilidades interpretativas que brinda, al estar ligado a la magia; al misterio. Además, en una tesitura semejante a la ciega de Gioconda que hice en la Ópera de París

P. ¿Habría querido ser Amelia?. O lo que es lo mismo, ¿echa en falta algún papel de soprano?

R. Tal vez si, pero no más que cualquiera de los papeles de mezzosoprano que interpreto y en los que me encuentro totalmente satisfecha y realizada. Desde 1999 ó 2000, cuando empecé a cantar de mezzo, mi vida cambió muy para bien en todos los sentidos. Por eso no volví a hacer papeles de soprano.

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P. Esta temporada estará con la ORTVE conmemorando los 50 años de la Orquesta, y también entre los solistas del Requiem de Verdi, otra de sus obras más rodadas.

R. El Requiem de Verdi, desde que lo debuté en 2001 en el Teatro Reggio de Parma a las órdenes de mi querido maestro Romano Gandolfi, lo he interpretado más de cien veces por el mundo entero y con muchos directores. Ante todo, con Riccardo Chailly, con quien lo canté por primera vez en 2002: el mismo año de mi début en Carmen. Incluso en una gira por Japón, donde actuamos en el NHK Hall de Tokio, una sala para 4000 espectadores. Por supuesto, sin megafonía. Y en otra por Europa, que incluía el Konzerthaus de Viena, la Ópera de Frankfurt y la de Budapest. Eso sin contar todas las veces que lo he cantado con él en Milán, donde también me ha dirigido obras como el Stabat Mater de Rossini. Sin olvidarme de que con su orquesta, la Verdi, a quien estoy muy ligada, he ofrecido varias obras de Mahler -desde sinfonías al Klagende Lied– o la Rapsodia para contralto de Brahms.

P. A Milán y a Chailly teníamos que llegar… Con semejante química entre ustedes. Desde su nuevo cargo como director de la Scala ¿le ha propuesto algún papel allí?

R. ¡Ojalá!. Me gustaría que así fuera, pero de momento no hay nada, porque continúan los líos hasta que se clarifique la situación de Pereira. Hasta ahora en la Scala he cantado Luisa Fernanda y la Novena Sinfonía de Beethoven.

P. Por lo que dice, la mayor parte de la actividad la desarrolla fuera de su país

R. Así es. El ochenta por ciento de mi trabajo es fuera de España.

P. En su ciudad; en el Real, que inauguró con una Vida Breve, sobran dedos de una mano para contar las veces que ha actuado.

R. Pero eso les pasa a muchos artistas. Así que … lo que tenga que llegar, llegará

P. ¿Y va a llegar?

R. Si. Estoy en conversaciones con Joan Matabosch para ello

P. Con él trabajó en Barcelona

R. En el Liceu canté la Carmen de Calixto Bieito, que me gusta mucho por cierto, al ser una propuesta que exalta y defiende el papel de la mujer. Aquella oportunidad me sirvió para que me concedieran en los premios Campoamor el trofeo a la mejor cantante de ópera femenina. Fue muy emocionante, porque era la primera vez que se lo daban a una voz española.

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P. ¿Tiene pendientes invitaciones de otros teatros en España?

R. Tengo varias propuestas, entre otras un Trovatore, pero al no estar aun cerradas, no puedo adelantar detalles.

P. ¿Se ha fijado metas, como el Metropolitan, tan valorado por su colegas?

R. El Metropolitan me había ofrecido para marzo del próximo año cantar Giulietta en los Cuentos de Hoffmann. Pero al coincidirme con la Carmen de Zubin Mehta, con la que me había comprometido, tuve que decir que no, porque me pareció lo correcto. ¡La vida de los cantantes es así!.

P. ¿Tiene en perspectiva algo que le haga especial ilusión?

R. A mi todo me ilusiona. De un compositor que me fascina como Mahler, este año después de haber hecho tantas veces la Segunda Sinfonía, voy a cantar la Tercera en el Teatro San Carlos de Lisboa. Eso, por ejemplo, me hace mucha ilusión. Pero también volver a interpretar el Requiem de Verdi, porque todo lo hago con enorme amor y entrega. Habida cuenta de que he dedicado gran parte de mi vida a la actividad concertística, disfruto mucho pensando en la cantidad de conciertos que tengo pendientes. Con aquellos proyectos que me van llegando, siempre que se adecuen a mi voz y me gusten, me siento muy agradecida cuando me los proponen. Es por eso por lo que, cuando me preguntan por mi meta, pienso que la fijo, en tanto que mi voz se encuentre sana, en conservar la ilusión. Esa es la verdadera felicidad para un artista: poder mantenerse durante mucho tiempo sobre el escenario.

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P. De esa serie de conciertos que se le avecinan, algunos son puramente liderísticos, frente a frente con un piano –en diciembre en el Teatro de la Zarzuela y en El Palau de Valencia; en marzo en Pamplona, en Junio en Murcia…- pero también con orquesta, como la Sinfónica de Elche. ¿Dónde se encuentra más cómoda?

R. No sabría decidir. Depende del momento. Pero me siento una privilegiada, por haber conseguido, a base de estudio y mucho esfuerzo, dedicarme a todos los géneros: desde la ópera o grandes oratorios, a otros más íntimos, como la Misa Solemne de Rossini. Hasta llegar al recital con orquesta y con piano, el lied, incluso un poco a la zarzuela. Desde que empecé a cantar he dicho que me considero una corredora de fondo, porque esta es una carrera de fondo. No he sido una de esas cantantes que, de repente, tiene un éxito enorme. Como ocurre a veces, y luego resulta ser contraproducente.

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P. Incorpora una nueva actividad: las masterclasses.

R. He dado alguna en Estados Unidos, pero ninguna en Madrid, hasta que Víctor Ullate me llamó para hacer en noviembre unas en su Escuela. Poder ayudar a través de la experiencia que he acumulado en muchos años a personas que tienen algunos conocimientos o están empezando, es muy bonito.

P. ¿Qué les quiere transmitir?

R. Lo que se de técnica e interpretación. Pero también me gusta hablar de la espiritualidad que conlleva esta carrera. Pensando que cantar es un don que Dios nos ha dado y por ello tenemos la obligación de cuidarlo, trabajarlo y transmitirlo, intentando que cada día el sonido sea más bonito. Siempre que canto oratorio, digo que para mí la música sobrepasa la obra de arte como tal para convertirse en una especie de acto meditativo. En algo místico incluso, cuando estás cantando y de repente percibes un enorme silencio, porque surge de repente esa especie de comunión con el público. Esos momentos me parecen santos, entendiendo esa idea de santidad como energía hermosa, positiva. De energía solar.

                                                                                                                                                 Juan Antonio Llorente

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