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Por Publicado el: 26/08/2016Categorías: Recomendación

Música y espacio: Berlioz en la Quincena

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                                                                                                              Música y espacio

Las entradas para este concierto, como era previsible, se agotaron en un cerrar de ojos. Porque por encima del propio interés del concierto –que después comentaré- se trata de un acto socio-cultural de mucha singularidad: la juntura de las dos orquestas más importantes de la comunidad vasca caracteriza al evento con una especie de armisticio entre agrupaciones que si bien oficialmente nunca se echaron ningún trasto a la cabeza si han actuado en más de una ocasión como representantes de una especie de reino de taifas dentro de la muy única Euskadi. Ya se sabe: bien está que si se es de Bilbao la bula sea total, pero Donosti es otra cosa. La competencia siempre estuvo servida, y ahora se las van tener que tragar todas, las dos juntitas, para lidiar con  un ´obrón´  imposible como el Te Deum de Héctor Berlioz. Y hay más morbo: también estarán los  dos coros más emblemáticos del lugar (Pamplona, al menos para cantar, también es el mismo lugar) y todo esto metido en el Kursaal, donde sí, cabe, pero con mucho compañerismo. De manera que este concierto, además de música, tiene también bastante de crónica social. Cierra, por otro lado, una Quincena Musical excelente, de la que todos los que han trabajado  en ella deben estar muy orgullosos.

Habrá en la velada dos obras lugareñas; unos cinco minutos con Francisco de Madina ( Aita Gurea – Padre Nuestro-, para coro y orquesta) y otros 10 con Pablo Sorozábal y su Gernika, una marcha para coro y banda muy bien puesta aquí, pues se asemeja mucho – aun en pequeño- al primer movimiento de la Sinfonía Fúnebre y Triunfal de Berlioz.  Ambas completan el plato fuerte de la velada, una obra del compositor francés,  un Berlioz muy Berlioz,  lo que quiere decir varias cosas. En primer lugar, una música mucho más gloriosa de lo que se quiso aceptar durante mucho tiempo, sin duda por las destemplanzas a las que siempre se asoció la figura del compositor, tanto tiempo solo el autor de la Sinfonía fantástica. Y en segundo término, por sus dificultades técnico-interpretativas. Digamos algo sobre este soberbio y maravilloso fresco sonoro, que la Quincena ha puesto en manos de Víctor pablo Pérez, uno de los directores españoles que mejor dirige a coros. Y a Berlioz; hay espectaculares ejemplos de ello.

1848 fue el año en que un Berlioz de 45 años regresa a París tras sus éxitos ruso y londinense. Éxito en las salas de concierto, mas no tanto para  su cuenta corriente. Es el año en el que comienza a escribir sus Memorias (recuérdese: una gran creación ´literaria´). París vive jornadas sangrientas en la calle, y en medio de tanto conflicto externo e interno (la vida amorosa de Berlioz sigue siendo un desastre), un hecho político parece que lo va a cambiar todo: la burguesía francesa recibe la buena noticia del ascenso al poder de Louis Napoléon Bonaparte. Para Berlioz, para el furibundo enemigo de la República, el olor a imperio le llevó a soñar con una obra que sirviera para una coronación. Nada más comenzar 1849 se puso a trabajar en su Te Deum. Le costó 18 meses acabarlo, pero nada seguía sucediendo que justificara su ´puesta en escena´. No tendría lugar esta hasta cuatro años más tarde, cuando  se escuchó por primera vez perto no en esa coronación en que pensaba Berlioz, sino en San Eustaquio para celebrar la apertura de la Exposición Universal de 1855. Para la liturgia católica un Te Deum es un  cántico de acción de gracias; para Berlioz,  un laboratorio de experimentos sonoros; de búsqueda contrapuntística y de matices novedosos matices orquestales; de una resituación del concepto sonoro sobre un  espacio múltiple por el que deben entrecruzarse las líneas orquestales, corales y el omnipresente órgano; un espacio que se adueña de los sonidos y se convierte en parte de la misma música. El desmantelamiento de los textos litúrgicos bajo todas estas premisas, en fin,  es total.  Berlioz utiliza cinco focos sonoros: la orquesta, los tres coros y el órgano. Y sitúa en medio al público. Al mismísimo Stockhausen le habría parecido moderno.  No es una obra fácil, desde luego, pero sin duda sí una obra maestra que apenas se escucha por todas las dificultades que conlleva su ejecución técnica. Pero después está lo más importante, lo puramente musical, el concepto sonoro, la línea musical, todas esas cosas que hacen de Berlioz uno de los autores más originales y mejores de la música francesa de todos los tiempos. Déjese caer por allí, a ver si hay suerte y puede conseguir una entrada de última hora. Merece la pena.  Pedro González Mira

Christian Elsner, tenor; Thomas Hospital, órgano; Javier Sánchez, tiple. Orfeón Donostiarra. Orfeón Pamplonés. Easo eskolania eta Araoz Gazte Abesbatza. Dir.: Víctor Pablo Pérez. Obras de Berlioz, De Madina y Sorozábal. Miércoles 31, 20.00. Entre 11.40 y 60.40 €. Entradas agotadas.

 

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