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Por Publicado el: 14/03/2014Categorías: Recomendación

NAGANO,EL MÍSTICO

                                                                                                                                                 Felix Broede

                                                                                                                                                      NAGANO, EL MÍSTICO

Nos visita esta semana el director de orquesta angloamericano de origen japonés, de la mano de Ibermúsica, para hacer dos programas distintos en el Auditorio Nacional. A sus 62 años, Kent Nagano se ha convertido en figura indispensable en los circuitos musicales más importantes, por la calidad de sus trabajos pero también por cómo los plantea. Comenzó su carrera a finales de la década de los 80 del siglo pasado, cuando –tras colaborar con Seiji Ozawa en Boston como director asistente-  fue contratado como director musical de la Ópera de Lyon. Allí realizó una importantísima labor, particularmente en cuanto a la renovación de repertorio se refiere; nos deja, en ese sentido, unas cuantas e interesantes producciones, de entre las que recuerdo especialmente la puesta en escena de Louis Erlo para  El amor de las tres naranjas,de Prokofiev, con su espléndida dirección musical. Era un Nagano de treinta picos años que, por entonces, dirigía la música del siglo XX con una maestría que llamaba la atención (Messiaen “lo escogió” para estrenar su San Francisco de Asís, que afortunadamente se conserva en disco). Estuvo en Lyon hasta 1998, y no fue hasta un lustro después cuando comenzaron sus colaboraciones con la Orquesta Sinfónica de Montreal, hasta ser nombrado su director en 2006, año en el que también aceptó el mismo puesto en la Ópera de Baviera. Para entonces el repertorio de Nagano se había multiplicado y amplificado notablemente. Piénsese que el primer concierto que dirigió a la Sinfónica de Montreal fue la Novena de Beethoven. Atrás quedaba ya, pues, el joven rompedor, pero había nacido un excelente director de podio y foso que no hacía ascos a los repertorios más complicados, entre los que figuraban, además de los clásicos,  Poulenc,  Messiaen o el mismo Richard Wagner, pero también un gestor de casta, realizando numerosos encargos a compositores jóvenes (por ejemplo la Alicia en el país de las maravillas, de la japonesa Unsuk Chin, de la que incluye una obra en uno de los presentes conciertos). Trabajador incansable, ha llevado a la orquesta de gira por medio mundo, programando multitud de óperas en versión de concierto.

        Nagano es un músico de soberbia preparación, gracias a un importante talento musical, pero también a una portentosa capacidad de trabajo. Naturalmente, tras tres décadas de carrera en la élite su estilo y su manera de ver la música –particularmente las grandes obras del gran repertorio- han evolucionado mucho. Parece que poco queda de aquel impetuoso joven que admiramos hace 20 años, y que estamos ya ante un  maestro que enarbola una madurez que le conduce a un sentido más lírico –cuando no místico- de la música. Sus últimas Parsifal (con montaje de Nikolaus Lehnfoff) y Lohengrin (director de escena: Richard Jones, con los maravillosos Kaufman y Harteros en los papeles principales)  son hermosos ejemplos de ello.

     De entre los clásicos, los compositores que más han enamorado recientemente a Nagano parecen ser Beethoven, Bruckner y Mahler. Pero no hay que olvidar otras marcas de la casa como Stravinsky o Ravel. Pues bien, de casi todo esto hay en los conciertos que va a dirigir en Madrid a su orquesta, la Sinfónica de Montreal, y de la que tantas veces el aficionado madrileño ha disfrutado con el mítico Charles Dutoit . En el primero hará esa pequeña joya que es Le tombeau de Couperin del compositor francés,  junto a la Petruchka de Stravinsky, una de sus grandes realizaciones de siempre. Y entre medias, una obra de la antes mencionada Unsuk Chin, de la que tiene grabado su estupendo concierto para violín. La segunda velada estará ocupada por una obra única, la que quizá sea la sinfonía de contenido más complejo de Gustav Mhaler, la séptima de la serie. Hay que decir que durante décadas –prácticamente desde los años 50 del siglo XX- casi todos los directores pinchan y pinchan  en esta música complicada, contradictoria y poliédrica hasta el infinito. Seguro que Nagano, como suele hacer corrientemente,  profundizará en el estudio de la partitura más allá de las notas, como decía Mahler  una absoluta necesidad para que al final el receptor comprenda lo que hay que comprender.  Porque, por encima del soberano montaje sonoro tras el que se esconden los mensajes en esta a veces extraña música, aun multidireccionales y divergentes, esos mensajes existen y es necesario explicarlos. Tarea siempre difícil que espero Nagano realice con su habitual talento y agudo punto de mira. Pedro González Mira

Orquesta Sinfónica de Montreal. Dir: Kent Nagano. Obras de Ravel, Cin y Stravinsky (miércoles 19, 19.30). MAHLER: Sinfonía núm.7 (jueves 20, 19.30). Auditorio Nacional de Música. Entre 73 y 200 €.

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