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Por Publicado el: 24/06/2007Categorías: En la prensa

Objetivo cumplido: Manuel García recuperado

DIARIO DE SEVILLA, 24 DE JUNIO DE 2007
Objetivo cumplido: Manuel García recuperado
IL CALIFFO DI BAGDAD
56 Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Solistas: José Manuel Zapata, Milena Storti, Anna Chierichetti, Manuela Custer, Emiliano González Toro, Mario Cassi, David Rubiera. Dirección de escena: Olivier Simonnet. Vestuario: José Enrique Oña Selfa. Iluminación: Alexis Kavyrchine. Coro de la Orquesta Ciudad de Granada. Les Talens Lyriques. Dirección musical: Christophe Rousset. Lugar: Palacio de Carlos V. Fecha: Viernes, 22 de junio. Aforo: Lleno.
ANDRES MORENO MENGÍBAR
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Parece que, por fin, ha llegado la hora de que la figura de Manuel García (1775-1832, y no 1831, como se dice en las notas al programa) salga del anonimato de las notas a pie de página para pasar a formar parte del patrimonio cultural y de la cotidianeidad de las programaciones. De nada servirían los esfuerzos de historiadores y musicólogos si, al final, su trabajo no redundara en la interpretación pública de esa música desconocida.
A juzgar por lo que se pudo oír el viernes, Il Califfo di Bagdad tiene todos los ingredientes para subir a las tablas con más asiduidad en el futuro. El musicólogo Saverio Lamacchia mantiene que el finale primo de Il Califfo (1813) es el modelo que sigue Rossini para el mismo pasaje de El Barbero (1816, y no 1815, como se vuelve a errar en las notas). Hay que recordar, para desterrar la tacha de imitador de Rossini, que Il Califfo se compone antes de que García conozca a Rossini o haya cantado su música. Sobresale en la partitura una finura en la orquestación poco común para ser su primera ópera italiana, lo que sumado a una notable inventiva melódica y a una impecable escritura vocal hacen de esta ópera una fresca y atractiva propuesta para renovar los apolillados repertorios tradicionales.
Christophe Rousset ofició la ceremonia de la recuperación con pleno convencimiento y poseído de un pulso frenético ya desde la vibrante y dinámica obertura. No dejó que el ritmo decayese ni un momento, reguló con brillantez las progresiones dinámicas e hizo de Les Talens Lyriques un instrumento flexible y de un bello colorido tímbrico. Quede para el recuerdo todo el finale primo, incesante y trepidante. José Manuel Zapata cantó con enorme soltura su no fácil partitura. La voz es hoy más ancha, con más cuerpo y squillo que antes; puede haber perdido un ápice de frescura en el registro superior, sobre todo cuando es atacado en pianissimo o desde la voz mixta, pero su fraseo es exquisito y sus agilidades muy canónicas. Todo lo contrario de Anna Chierichetti que, a pesar de un bello timbre y un apreciable legato, a una sosa interpretación (no aprovechó la vis cómica de su aria del segundo acto) le añadió el comerse a menudo algunas notas en los grupetti más rápidos y hacer caso omiso del martellato en las notas repetidas. Muy en estilo, sin embargo, estuvo Manuela Custer, una voz muy homogénea en el color y de una impecable proyección. Milena Storti actuó mejor que cantó, pues su voz es pequeña y sus graves carecen de apoyo y tienden a vibrar en exceso. Muy interesante me pareció la voz de González Toro, un lírico-ligero con cuerpo, algo engolado, pero muy bien de agilidades. Las contundentes voces de Cassi y de Rubiera completaron un apreciable reparto. Lástima que el coro no estuviese al mismo nivel: sonó sin empaste, chillón y desajustado.
Dadas las condiciones del Palacio de Carlos V, poco se podía hacer en materia escénica, pero aún así Simonnet no supo sacar partido del espacio, pues situar a los cantantes sobre una elevada pasarela ayudaba poco a la acústica. La iluminación estuvo muy desajustada, con los cantantes a oscuras muchas veces y con transiciones muy bruscas. Menos ajustado aún estuvo el vestuario, un auténtico batiburrillo de estilos y épocas: Storti y el coro vestían ropa actual, Chierichetti un vestido de fines del XIX, Zapata de pastorcillo de Belén, Custer de zíngara, Rubiera de arcipreste con sotana y esclavina y González Toro de estilo napoleónico. Un gazpacho de civilizaciones.

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