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Covent Garden: Una cantante excepcional para una discutible Maria Stuarda
Covent Garden: una buena Ariadne sin alcanzar la excelencia
Por Publicado el: 15/07/2014Categorías: Crítica

Orfeo y Eurídice: estilizada y ascética

 ESTILIZADA Y ASCÉTICA

 Gluck: “Orfeo y Eurídice”. MariaRiccardaWesseling, Yun Jung Choi, Jael Azzaretti. Ballet de la Ópera Nacional de París. Directora: Brigitte Lefèvre. Coreógrafa y directora de escena: Pina Bausch. Escenógrafo, figuibista e iluminador: RolfBorzik. Balthasar-Neumann Coro y Orquesta. Director musical: Thomas Hengelbrock. Teatro Real, Madrid. 12-7-2014.

Esta ópera supone el punto de inflexión, el momento en el que fructifican los presupuestos dramatúrgicos y vocales de la reforma gluckiana. Se estrenó en la Ópera de Viena, el 5 de octubre de 1762, con el protagonismo del castrato Gaetano Guadagni. Años más tarde, en 1774, el compositor, instalado en París, realizaría una amplia reforma de la obra para someterla a la atención del público francés. Transportó entonces la línea de Orfeo a la voz de tenor agudo –haute-contre-, la de Joseph Legros.

La producción ahora exhibida en el Real fue estrenada en la Ópera de París el 30 de mayo de 2005, aunque nació realmente el 23 de junio de 1975 en Wuppertal. Su creadora, la extinta Pina Bausch, emplea la versión francesa, según se nos dice, pero cambia un tenor por una soprano, lo que incide en la tonalidad general. Y propone un final trágico, que contempla la muerte de los esposos. La puesta en escena es minimalista y abstracta, austera, casi ascética: espacios muy abiertos, telas blancas, luminosas, aun en instantes en los que la muerte planea sobre la acción. Se manejan símbolos: un árbol caído, un espejo, una urna, velos blancos; flores y hiedra para los Campos Elíseos. Movimientos armoniosos en grupo, en los que operan ricos contrapuntos, traslados ligeros, plástica muy variada de las figuras, a solo o en compañía, pasos aún heredados de los ballets clásicos.

Las tres cantantes se ven dobladas por tres bailarines. Traducen con sus gestos, sus piruetas, sus esplendidos saltos, los sentimientos que  expresan las discretas voces. Wesseling es una soprano de timbre bastante gutural, más bien descolorida, sin personalidad en el centro y graves. Insuficiente para esta parte, de tanto sabor belcantista. Choi es una lírico-ligera dotada de un vibrato acusado, pero cristalina y fresca; Azzaretti es una ligera muy clara y destemplada.

Lo mejor estuvo en el foso. La orquesta, dirigida con conocimiento del estilo, por Helgenbrock, sonó estupendamente. Lo mismo que el coro, entonado, afinado y empastado; sin especiales sutilezas, eso es verdad. Pero los tempi fueron en exceso premiosos, faltos de energía y “Che farò senza Euridice” duró una eternidad. Claro: había que ajustarse a los dictados de la danza, que se cerró con un número extraordinario. La música se acalla sobre las figuras yacentes, un cuerpo encima del otro, de las dos cantantes, ambas de negro y Euridice bailarina, de rojo. Orfeo bailarín queda agachado y vencido al otro lado del albo escenario.

La ópera fue cantada en su traducción alemana, más plúmbea, exenta de la gracia del italiano o del francés; y, curiosamente, sin sobretítulos. Arturo Reverter

Un comentario

  1. Ruben Oremor Garcia 15/07/2014 a las 09:50 - Responder

    Orfeo ha sido un soplo de aire fresco y de calidad y armonia en la temporada del Real, ha hecho justificar el abono y tener deseos de entrar en una nueva epoca del Real. Esta obra refleja lo que si que debe de ser un buen escenógrao, y no es otra cosa, que un mejorador y adecuador de una obra,pero sin cambiar su esencia, sólo captando lo mejorable y actualizable y haciendolo, como en este caso, de forma maravilllosa. La obra de Orfeo te deja la sensación de que estas ante algo bien hecho , un conjunto armonioso donde nadie destaca pero nadie queda fuera de uego ni tan sólo un segundo.
    Respecto a los intepretes cantantes , estoy de acuerdo con los matices que efectua Reverte pero ya digo que es algo un poco superfluo ante tanta calidad pero que desde luego ya metidos en buscar la perfección hay que mencionarlo. Ha sido el momento más agradable de este año, quitando, tal vez, la voz de Olimpya en los malogrados cuentos de Hoffman, y quizas de los últimos años.

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