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Por Publicado el: 11/05/2014Categorías: Crítica

Rescatando al otro Hoffmann

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  • Coincidiendo con el estreno en el Teatro Real de Los cuentos de Hoffmann, la Fundación March recupera en Madrid al compositor casi desconocido.
  • El coro Intermezzo a las órdenes de Andrés Máspero protagonista del primero de los cuatro conciertos.
  • Deslumbran la voz y el talento de la soprano cubana Legipsy Álvarez.
  • Aparecen reunidos los Cuentos Completos

Nacido en 1776 en Königsberg, la capital de Prusia, hoy Kaliningrado, un pequeño territorio de Rusia perdido en los confines de la actual Polonia, Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, es una de las grandes figuras renacentistas del tiempo en que le tocó vivir. Baste como ejemplo la placa que preside la modesta vivienda que ocupó entre los años 1809 y 1813, que lo describe como “compositor y pintor”.

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Se recordaba de este modo en el que había sido su domicilio en la ciudad de Bamberg, epítome arquitectónico del románico al renacentismo. Tal vez uno de los alicientes por los que Hoffmann –que también conocía el oficio de constructor- decidió instalarse allí ese lustro escaso de su vida en calidad de director musical del teatro hoy bautizado con su nombre. Entre los legados que dejó a su marcha está uno apenas conocido en nuestros pagos: la creación de una cita anual de teatro que se ha perpetuado hasta nuestros días como Festival Calderón de la Barca, testimonio de su devoción a la obra del dramaturgo español del Siglo de Oro.

Fue una de las pasiones de este hombre formado en el mundo del Derecho. Como en la música, en la que ejerció en los diferentes campos, lo había sido Mozart, razón por la que cambió el tercero de sus nombres de pila (Wilhelm) por el Amadeus del salzburgués (de ahí las iniciales E.T.A.). Aunque sus últimos días los pasó como jurista en Berlín, donde murió en 1822 y donde está enterrado, hoy Hoffmann es en Bamberg una figura popular, junto a cuyas reproducciones se fotografían los numerosos turistas que acuden a la deslumbrante localidad bávara para ver la tumba de Clemente II, el único Papa enterrado al Norte de los Alpes; el cenotafio de Enrique III y Santa Cunegunda o la escultura del Jinete cuya efigie, al final de la Gran Guerra, protagonizó los billetes alemanes de cien marcos.

Calle de Bamberg. Hoffmann y Polícrates. foto J.A.Llorente

Sin embargo, el E.T.A. Hoffmann más conocido es el literato, que influyó en narradores como Edgar Allan Poe. En esta faceta, son incontables los artistas, especialmente compositores, que han recurrido como inspiración a sus textos (en estos días aparecen los Cuentos Completos en Anaya), en los que realidad y fantasía se confunden. Empezando por Schumann, que le rindió homenaje en las ocho fantasías para piano incluídas por el compositor romántico en su Opus 16 bajo el paraguas global de Kreisleriana, en honor de Johannes Kreisler (no confundir con el austriaco Fritz Kreisler, reconocido por su impronta en el violín como intérprete y compositor), hilo argumental de Hoffmann para tres de sus novelas. Incluso Brahms, tuvo presente al personaje, aparente trasunto del propio ETA Hoffmann, firmando algunas de sus primeras obras como “Kreisler Junior”. A estos nombres habría que sumar los de Tchaikovsky o Délibes, que se inspiraron en sendos relatos de Hoffmann para sus respectivos ballets Cascanueces y Coppélia. A lo largo de los años, en las redes de Hoffmann fueron cayendo otros creadores, desde Bellini y Donizetti a Ferruccio Busoni, para Die Brautwahl (La elección matrimonial) o Paul Hindemith para su Cardillac. Aunque en el terreno operístico, la aportación sin duda más ambiciosa es el homenaje que Jacques Offenbach le rinde desde el título de su única ópera, que corona el corpus de sus numerosas operetas. Se trata, claro está, de Los Cuentos de Hoffmann, inspirada en tres relatos de E.T.A Hoffmann a quien Offenbach, en una exposición ideal con el amor como eje, convierte en hilo argumental. El título, que dentro de unos días llega a Madrid en una nueva producción firmada por Christoph Marthaler, pone broche a la última temporada que diseñó Gerard Mortier, contando en el foso con Sylvain Cambreling, alter ego musical del desaparecido gestor e intelectual.

Gerard Mortier. Foto Javier del Real/Teatro Real

Gerard Mortier. Foto Javier del Real/Teatro Real

Precisamente a su memoria se ha querido dedicar el primero de los cuatro conciertos programados por la Fundación Juan March de Madrid bajo el título genérico “E.T.A. Hoffmann: música y literatura”.

Perfecto punto de partida el de este sábado, a cargo del Coro Intermezzo, contando al frente con Andrés Máspero, su director titular. Calentando motores para el inminente estreno, la segunda parte del concierto estuvo integrada por páginas corales de Jacques Offenbach, el inspirado compositor a quien París conoció como “el Mozart de los bulevares”. Dueño del buen criterio que le avala, Andrés Máspero, demostrando la calidad del colectivo, que dejó un sabor de boca exquisito con el Coro de románticos de Doña Francisquita, encomendó momentos de lucimiento a cada uno de los 16 integrantes de Intermezzo, miembros del Coro del Teatro Real, del que Máspero es máximo responsable desde 2010.

Del conjunto sobresalió la sorpresiva voz de la soprano Legipsy Álvarez que, después de haber comenzado a despuntar en su Cuba natal como solista, se ha unido a las fuerzas del coro en el primer coso lírico madrileño. Legipsy, que está llamada a ver su nombre pronto destacado en los créditos de un programa de peso, electrizó al público con el Quarteto Op. 68 “O nume”, para soprano solista y coro masculino de E.T.A. Hoffmann, incluído en la primera parte del concierto junto a cinco piezas más del polifacético creador. Contando, como en el resto del programa, con el excelente acompañamiento de Miguel Ángel Arqued, que supo convertir el piano en esa orquesta al completo –memorable su lectura de la Barcarola– de la que el instrumento rey presume ser.

Las siguientes entregas para los mediodías del sábado en la Fundación Juan March con E.T.A. Hoffmann como nexo tendrán el día 17 como protagonista el piano de Eduardo Fernández; el 24, los hermanos Oliver y José María Curbelose centrarán el programa para dos pianos en la transcripción de tres ballets, cerrando el ciclo el 31 el Trio Bamberg con una obra de Hoffmann junto a tres de Mozart, Beethoven y Haydn, compositores en cuyos pentagramas Hoffmann encontró la esencia del romanticismo musical. Juan Antonio Llorente

 

Más información en www.march.es/musica/boletin

 

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