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Por Publicado el: 20/08/2017Categorías: Noticias

Una firma estadounidense «compra» a Glenn Gould

Una firma estadounidense «compra» a Glenn Gould

Hay pocas cosas tan canadienses como Glenn Gould, pero todos los derechos del legendario pianista han ido a parar a las manos de la empresa estadounidense Primaria Wave Music Publishing.

La operación, llevada a cabo por el ex-abogado y único albacea del pianista, Stephen Posen, del bufete de abogados de Toronto Minden Gross, vende con ello las tasas, los derechos de uso de su nombre y cualquier ingreso relacionado con la propiedad intelectual de Gould, como los logos, nombres, imágenes y artículos similares.

Esta venta ha producido gran tristeza en su país natal. Hace menos de dos meses su presidente, Justin Trudeau, hablaba de Glenn Gould como un héroe canadiense, un gigante musical del que su país se sentía especialmente orgulloso y a quien, en 2012, se había premiado como «persona de importancia histórica nacional».

Gould, que era un perfeccionista nato que probablemente sufría un síndrome de Asperger, hizo horas y horas de grabación de las mismas obras, que luego volvía a escuchar meticulosamente para, después de trocearlas literalmente, acabar por recomponerlas hasta alcanzar lo que él consideraba la pefección en su ejecución. No se sabe si con esta venta podrán salir al mercado otras miles de versiones de sus propias grabaciones.

De su vida íntima se conoce muy poco. En estos últimos años se ha sabido que, a pesar de ser un gran icono gay, el pianista mantuvo una relación de cinco años que comenzó en 1967 con la pintora Cornelia Foss, mujer del compositor Lukas Foss, que abandonó a su marido para vivir cerca de Gould en Toronto.

También era hipocondriaco y se automedicaba, lo que probablemente tuvo que ver con su temprana muerte en 1982, con 50 años recién cumplidos, de un ataque masivo al corazón. No toleraba el contacto físico con extraños y siempre iba demasiado abrigado aunque hiciera un calor insoportable.

Su precoz genialidad, tan perfectamente dibujada en «El malogrado» de Thomas Bernhard, y su memoria tienen ahora nuevo dueño…

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