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Por Publicado el: 10/03/2026Categorías: En vivo

Crítica: Un ‘Giulio Cesare’ para la historia en Les Arts

Un Giulio Cesare para la historia en Les Arts

Giulio Cesare in Egitto de Haendel. Aryeh Nussbaum Cohen, Marina Monzó, Sara Mingardo, Ariann Venditelli, Cameron Shahbazi, Jean-Philippe McClish, Bruan Sala, Lora Grigorieva. Orquesta de la Comunitat Valenciana. Dirección escénica: Vicente Boussard. Dirección musical: Marc Minkowski. Palau de les Arts. Valencia, 8 de marzo de 2026.

Giulio Cesare In Egitto de Georg Friedrich Händel. Ópera en tres actos. Ensayo general
Palau de les Arts 25 de febrero de 2026
© Miguel Lorenzo-Mikel Ponce

Cicerón desconfiaba de Julio César, pero no pudo resistirse a la música de las esferas. Yo tampoco pude resistirme a lo que el Palau de Les Arts ofreció el pasado 28 de febrero con el Giulio Cesare in Egitto händeliano. Quedan aún representaciones 11 y 13. Vayan. No busquen excusas.

Händel compuso esta ópera en 1724 y en ella volcó lo mejor de su ingenio: una sucesión de arias de una riqueza melódica y expresiva que no cesa, personajes trazados con una complejidad que asombra, y una arquitectura musical capaz de sostener casi cuatro horas sin que el oyente pierda el hilo ni el aliento. Es, a mi juicio, su obra cumbre para la escena, y quien la descubre no sale indemne.

Esa fue exactamente la sensación que recorrió el auditorio valenciano desde el comienzo hasta el final: la de estar ante algo irrepetible. La sala principal del Palau, llena hasta los topes, vivió una de esas veladas que quedan grabadas en la memoria del aficionado para siempre. Cuando concluyó el público se negaba a marcharse. Llevaban casi cuatro horas sentados y seguían en pie, aplaudiendo. Eso no ocurre con frecuencia, ni en Valencia ni en ningún otro teatro del mundo.

Giulio Cesare In Egitto © Miguel Lorenzo-Mikel Ponce

Gran parte del mérito hay que atribuírselo a Marc Minkowski, director francés que conoce esta música como pocos seres humanos sobre la tierra. Minkowski es de esos directores que no dirigen desde la cabeza sino desde el corazón. Su batuta transmite una electricidad y una alegría comunicativas que impregnan a los músicos y desde ahí saltan al patio de butacas.

Lo que logró con la Orquestra de la Comunitat Valenciana fue admirable: una formación con instrumentos modernos tocando con la agilidad, la articulación y el sentido del color propios de las buenas agrupaciones especializadas en barroco. También es verdad que Minkowski añadió a ella el continuo y algún otro músico de su confianza. Vale la pena subrayarlo porque la misma ópera se escuchó en el Teatro Real pocos días antes en versión de concierto, con una orquesta de período y nombres de mayor proyección mediática. El resultado madrileño fue muy bueno, pero el valenciano fue apoteósico, a pesar de una acústica peor y una mayor lejanía entre escenario y platea.

La puesta en escena de Vincent Boussard, proveniente de la Ópera de Colonia, apuesta por una estética de gran sobriedad y refinamiento. Paredes móviles perfiladas por líneas de luz, una oscuridad escénica que envuelve sin ahogar, y una iluminación trabajada con una meticulosidad de joyero.

Sobre ese fondo austero, el vestuario de Christian Lacroix resulta al principio un tanto desconcertante, más cercano a Versalles que al Nilo. Pero uno termina rindiéndose a su exuberancia porque hay en él una inteligencia visual indiscutible y, no lo olvidemos, la moda también es un arte. Éste y el buen manejo de paredes móviles, espejos y proyecciones cinematográficas de logran que música y escena se fusionen con gran belleza hasta hacernos perder la noción del tiempo.

Escena © Miguel Lorenzo-Mikel Ponce

El apartado vocal confirma que existe un relevo generacional en el mundo de la ópera barroca y que el talento no necesita de promoción mediática para imponerse. Marina Monzó, soprano valenciana que en esta producción se asomaba por primera vez al repertorio barroco, dejó a todos con la boca abierta.

Tiene una voz de una belleza natural extraordinaria, un dominio técnico impecable y, lo que quizás es más difícil de enseñar, un magnetismo escénico que atrapa desde que aparece. Su V’adoro, pupille, bajando entre los espectadores de la platea mientras la música la rodeaba como un halo, fue uno de esos momentos en que uno deja de respirar. Y el Piangerò del tercer acto, con esa transición de la melancolía más honda a la furia más bravía, la situó definitivamente entre las grandes intérpretes del momento. Cleopatra tiene nueva reina.

El contratenor americano Aryeh Nussbaum Cohen, que se presentaba por primera vez ante el público español, demostró por qué su nombre circula hoy por los mejores teatros del mundo. Su César fue elegante, viril dentro de los márgenes del registro de contratenor, y musicalmente irreprochable de principio a fin. Especialmente memorable su enfrentamiento vocal con el violín solista Stéphane Rougier en el aria de los pájaros del segundo acto: ambos dialogando desde el escenario y la platea en un duelo que el público premió con ovación cerrada y muchos ¡bravos!

Giulio Cesare In Egitto de Georg Friedrich Händel. Ópera en tres actos. Ensayo general
Palau de les Arts 25 de febrero de 2026
© Miguel Lorenzo-Mikel Ponce

Del resto del elenco, me quedo con la veterana autoridad sin par de Sara Mingardo como Cornelia, encarnación de lo que significa el canto con estilo y con alma a pesar de no ser una auténtica contralto; con el Tolomeo del canadiense Cameron Shahbazi, cuya mezcla de maldad y comicidad resultó un contrapunto dramático de primera clase y la entrega de Arianna Vendittelli como Sesto.

El Palau de les Arts, gracias a sus direcciones artística y general, nos regaló una gran noche de ópera, una de esas que justifican por sí solas la existencia de un teatro y que quedarán grabadas en la memoria de muchos de los que asistimos. Una última reflexión, o más bien una pregunta: ¿alguien puede dudar seriamente de que el Palau de Les Arts se ha convertido en uno de los grandes teatros de ópera del mundo? Yo, desde luego, no.

Gonzalo Alonso

Giulio Cesare In Egitto © Miguel Lorenzo-Mikel Ponce

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