Crítica de CD: Gustavo Díaz-Jerez y sus Metaludios
Gustavo Díaz-Jerez y sus Metaludios
El pianista y compositor tinerfeño publica un nuevo CD de Metaludios

Portada del nuevo CD de Gustavo Díaz-Jerez
Hace ya bastantes años que Gustavo Díaz-Jerez (Tenerife, 1970) es uno de los nombres grandes de la música española. Dueño de una mente y talento privilegiados; pianista de altos vuelos, y compositor dueño de un lenguaje propio que bebe e indaga en todo (desde la “inteligencia artificial, los fenómenos astrofísicos, la historia antigua, las secuencias matemáticas…”), ahora publica los libros sexto y séptimo de su impresionante colección de Metaludios III, magno proyecto -casi a lo Stockhausen con Ligth!- en el que, desde el teclado, explora, según sus propias palabras, “el fértil territorio donde se cruzan ciencia, memoria, tecnología e imaginación”.
Interpretados por él mismo, con el esmero, sapiencia y brillantez que distinguen sus aplaudidos registros de Iberia y otras obras de Albéniz, y una calidad en la toma y tratamiento del sonido que son ya marcas de la casa del sello granadino IBS Classical, estos dos últimos “volúmenes” de Metaludios III recorren los mismos novedosos y personalísimos senderos que marcan un ciclo abierto y nutrido de todo, desde el impresionismo a lo mucho y diverso que vino después.
También de músicas más remotas, que laten, de una u otra manera, reflejadas en la receptiva imaginación de Díaz Jerez. Así ocurre en la extensa página que cierra el séptimo volumen, Schumann resonances; trece minutos en los que, como explica el compositor y pianista en el muy detallado texto que ilustra el cedé, “las resonancias de Schumann son ondas electromagnéticas que se producen en la cavidad formada entre la superficie terrestre y la ionosfera”.
Pero detrás de todo, detrás de la brillante exploración física en el “fértil territorio donde se cruzan la ciencia, la memoria, la tecnología y la imaginación”, surge y queda la música, descubierta y reelaborada desde estos presupuestos por la cabeza privilegiada de Díaz-Jerez. Y una escritura pianística exquisita y exigente, a tono con el fondo expresivo que habita en el pianista y compositor tinerfeño. Y aún más allá, como inspiración recurrente y última, la fuente, velada pero resonante, del Lied schumanniano Mein Schöner Stern.
En medio de un universo creativo en el que se cruzan ciencia, memoria, tecnología e imaginación; de un laberinto de fuentes tan diversas como fenómenos astrofísicos o secuencias matemáticas, asoma y se impone el ser sensible y permeable, el artista humanista y el pianista virtuoso que es Gustavo Díaz-Jerez. Conmueve y fascina el “profundo e lugubre” Tombeau de Ravel, quinta página del primer cuaderno, dedicada a José Luis García del Busto, tanto como la pluralidad de maneras e imaginación que atesora este volumen que hay que situar, por su música y por la excelencia de la interpretación, en referencia entre los grandes discos para piano de la música española. De ayer, hoy y siempre.






















Últimos comentarios