Álvaro Lozano, la sonrisa del violonchelo, en la final del Premio Reina Elisabeth
Álvaro Lozano, la sonrisa del violonchelo
El joven músico malagueño, llega triunfador a la final del Premio Reina Elisabeth

Álvaro Lozano, finalista en el Premio Reina Elizabeth
“Olé olé y olé. Público en pie gritando. Difícil no rendirse ante esa sonrisa después de toda una exhibición en la final del ultra maratón que es el Queen Elisabeth. Has conquistado a todos y el horizonte infinito se abre”.
Estas palabras, entusiastas pero no exageradas, publicadas en su Facebook por la violonchelista Suzana Stefanović, solista de la Sinfónica de la RTVE, se refieren al joven violonchelista malagueño Álvaro Lozano, quien en la final del prestigioso premio Reina Elisabeth de Bruselas ha conquistado a todos con su “profunda y virtuosa” versión del Primer concierto para violonchelo, de Shostakóvich, que ha interpretado junto con la Orquesta Nacional de Bélgica dirigida por Antony Hermus.
A falta del fallo definitivo del jurado -la fase final concluye precisamente hoy sábado, y esta misma tarde se hará público el nombre de los vencedores-, Álvaro Lozano ya ha resultado ganador. Simplemente llegar a la final de un concurso de la talla del Reina Isabel te ubica como valor a considerar en la escena internacional.
Pero sí, además, como es el caso, lo haces con la aclamación unánime del público y de los medios de comunicación acreditados en las pruebas eliminatorias, el resultado es ya en sí una victoria, con independencia del veredicto del jurado, que, en cualquier caso, ya valoró muy positivamente, en las semifinales, su “luminosa” interpretación del clásico Concierto para violonchelo y orquesta del checo Anton Kraft, con la que dejó boquiabiertos a propios y extraños.
“Álvaro Lozano trae el fuego a la sala. Una mezcla ideal de inspiración y de maestría”, ha publicado Martine Mergeay en el diario belga La Libre. Nacido en Málaga, en 2006, y alumno en Madrid, en la Escuela Reina Sofía, de Fernando Arias y de Jens Peter Maintz, el arte de Álvaro Lozano convence por todo. Miembro de una prominente familia de músicos -su padre es Antonio Lozano, solista de fagot de la Filarmónica de Málaga, y es sobrino del guitarrista Marco Socías-, el joven nuevo valor del violonchelo es señor de unos medios naturales absolutamente sobresalientes, curtidos con una precisa escuela y una sensibilidad inteligente henchida de autoridad y criterio.

El chelista malagueño ganó en 2024 el Certamen Pedro Bote
Cuando, en noviembre de 2024, ganó el Certamen Pedro Bote, en la localidad extremeña de Villafranca de los Barros, BECKMESSER ya publicó: “Su naturalidad, talento, lozanía y felicidad ante las cuatro cuerdas recuerda a Jacqueline du Pré. Lo mostró en las fases previas a la final, con versiones cuajadas de temple y estilo de la magistral Sonata de Britten y el circo virtuoso de La danza de los Elfos, de Popper, y lo rubricó en la espectacular final, con la Sonata de Ligeti (tocada de memoria, como todo el resto del programa), la Suite para violonchelo solo de Cassadó y un apasionado y perfecto primer tiempo del Concierto de Dvořák que hubiera deslumbrado a Rostropóvich y Du Pré juntos”.
Apenas un año y medio después de aquel temprano pero rotundo éxito, Lozano rubrica su alta categoría en un concurso de primer rango internacional. Uno de los más prestigiosos del planeta. Su virtuosismo, la radiante felicidad y sinceridad que emanan su arte crecido, le asientan en un futuro que ya es presente, entre los grandes del violonchelo. A la maravillosa relación de virtuosos españoles, a los nombre de Casals, Cassadó, Claret, Polo o Ferrández, se añade, ya bien asentado, el de Álvaro Lozano, la sonrisa del violonchelo. El fallo se hará público esta misma noche, en Bruselas. Suerte y enhorabuena: ya ha ganado.























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