La cercanía y coincidencia de retos marca el balance de la XIX Conferencia Anual de Ópera Latinoamericana
La cercanía y coincidencia de retos marca el balance de la XIX Conferencia Anual de Ópera Latinoamericana

Finaliza la XIX Conferencia Anual de Ópera Latinoamerica
La cercanía y coincidencia de retos han marcado el curso y balance final de la XIX Conferencia Anual de Ópera Latinoamerica (OLA), que concluyó el pasado fin de semana en Lima, tras tres apretadas jornadas de debate, encuentro, intercambio de experiencias y sintonía en torno a la idea genérica “Gobernanza y liderazgo efectivo”.
A la conferencia han asistido directivos y responsables de más de treinta teatros, festivales y auditorios de España, Portugal, Reino Unido, Italia y todo el continente americano. Por parte española, han participado, entre otros, Isamay Benavente, directora del Teatro de la Zarzuela, Raquel Rivera, directora del Teatro Real de Retiro, Miguel Ángel Marín, de la Fundación March, o José Luis Rivero, director del Auditorio de Tenerife.
Un encuentro que, como señaló Carmen Gloria Larenas, presidenta del directorio de Ópera Latinoamérica, “permite fortalecer las relaciones entre las organizaciones de los países miembros, no solo de América Latina, sino también de teatros europeos y de Estados Unidos. La cooperación es parte central de la actividad que realizamos y creemos firmemente en un mundo conectado, cooperativo, abierto a las ideas y a las nuevas posibilidades con organizaciones gestionadas para los desafíos de estos tiempos”,
Acaso lo más llamativo del encuentro haya sido la sintonía, afinidades y confluencia de retos y problemáticas entre directivos que desarrollan su labor en países y realidades sociales y económicas rotundamente diferentes y alejadas. Cuando, por ejemplo, el director general del Colón de Buenos Aires, el uruguayo Gerardo Grieco hablaba de los retos y circunstancias del trasatlántico operístico que es el Colón, estaba reflejando pareja problemática que, aunque en otras dimensiones, planteaban sus colegas de países tan disímiles como Brasil, España, Chile, Canadá o Venezuela.
De la misma forma, cuando el italiano Fulvio Macciardi, sobreintendente del Teatro San Carlo de Nápoles, se refirió al peso social, cultural y político que desempeña un teatro en su entorno –“en Nápoles, los personajes más populares son el Alcalde y, después, yo”, llegó a decir en una mesa redonda coordinada por Isamay Benavente-, ponía sobre el tapete una realidad común, que afecta a todos, incluido un festival tan singular y propio como el de Manaos, cuya directora, la brasileña Flávia Furtado, moderó la mañana del viernes un debate sobre el tema “navegando los desafíos del escenario mundial”.
Una de las intervenciones más esperadas era la del tenor, agente artístico y gestor musical peruano Ernesto Palacio, director e intente en la actualidad de los festivales Rossini de Pésaro, y Granda, en Lima. A sus brillantes 79 años, confesó y reconoció con verbo fácil y palabra amena las estrecheces económicas que “tanto determinan el repertorio a programar” y la importancia de encontrar un equilibrio entre las tres grandes fuentes de ingreso de cualquier teatro o festival: “el dinero público, los patrocinadores y la taquilla”.
Tras contrastar la realidad financiera y social de un festival de masas como el de Verona –“con enorme aforo y repertorio popular, o el Rossini, con un sentido mucho menos grandioso y espectacular”, intervino la orensana Raquel Rivera, quien, tras hablar de la singular naturaleza de su espacio escénico, mostró un gráfico que representaba la realidad financiera del Teatro Real de Madrid, “con un proporcionado equilibrio entre las tres fundamentales fuentes de ingreso que ha señalado Ernesto”.
Tampoco ha escapado al debate el asunto siempre candente de la injerencia de “los políticos” en las programaciones, con una mayoría aplastante que minimiza esta intromisión, que muchas voces no es más que “anecdótica”. “Al político le interesa el éxito fácil e inmediato, siempre con una repercusión y respuesta social más efectiva, pero esto es algo comprensible, y con lo que es preciso encontrar un balance razonable que conjugue todos los intereses.”
“También por las propias dinámicas que establece la respuesta de patrocinadores y taquilla”, fue el sentir unánime de unos y otros. En este sentido, la canadiense Christina Loewen, de Association Opera Canada, se lamentó de la escasa incidencia del capital público en los presupuestos generales de los teatros anglosajones, y, consecuentemente, la peligrosa dependencia de taquilla y patrocinadores”.
En el acto de clausura, se anunció que la próxima edición de la Conferencia, en 2027, tendrá como sede Río de Janeiro, mientras que la nueva directora ejecutiva de Ópera Latinoamérica, la chilena Paulina Ricciardi, no disimuló su satisfacción con el curso de unas jornadas que, efectivamente, han cumplido ampliamente el objetivo que ella mismo marcó: “Aportar a los asistentes herramientas de liderazgo adecuadas a los tiempos que corren, junto con nuevas estrategias para sortear los desafíos de financiamiento de las organizaciones culturales”. Después de este fructífero y enriquecedor encuentro limeño, el mundo complejo de la ópera es, en Latinoamérica, algo mejor. Y, desde luego, más razonable, fraternal y global.























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