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andris-nelsonsLa Sinfónica de Boston despide a Andris Nelsons, su alma, y ahora busca sustituto
Por Publicado el: 23/04/2026Categorías: Noticias, Artículos de Gonzalo Alonso

Fallece Michael Tilson Thomas

Michael Tilson Thomas (1944-2026): La batuta que sonreía

La primera vez, y no fueron muchas más, que vi dirigir a Michael Tilson Thomas en persona -fue en Londres, hace ya más años de los que me conviene recordar-, me llamó la atención algo que pocas veces había visto antes en un director de su categoría: sonreía. No la sonrisa cómplice que algunos maestros prodigan al público desde el podio, sino una sonrisa interior, la de alguien que está exactamente donde quiere estar haciendo exactamente lo que ama. No he olvidado aquella imagen. Ayer, 22 de abril de 2026, ese hombre dejó de sonreír para siempre. Tenía 81 años y murió en su casa de San Francisco, la ciudad que lo adoptó y que él transformó.

Michael Tilson Thomas

Michael Tilson Thomas

Conviene recordar de dónde venía. Michael Tilson Thomas -el “MTT” de los programas de mano y los titulares- no llegó a la música por la puerta académica convencional. Sus abuelos, Bessie y Boris Thomashefsky, habían sido pioneros del teatro yídish en América; su padre producía en el Mercury Theater de Orson Welles. El arte era algo consustancial con su familia. Cuando se graduó en la Universidad del Sur de California en 1967, ya había trabajado con Stravinski, Copland, Boulez y Stockhausen. Leonard Bernstein, que no era precisamente avaro con los elogios a nadie que no fuera él mismo, dijo de él: “No utilizo la palabra genio a la ligera, pero la utilizo para Michael”. Era la investidura de un sucesor.

Fue ayudante y luego director invitado principal de la Orquesta Sinfónica de Boston con poco más de veinte años, una carrera que siguió con la dirección musical de la Orquesta Filarmónica de Búfalo y la titularidad de la London Symphony Orchestra, donde dejó una huella indeleble. Pero su gran obra -la que lo define en la historia- fue la que construyó en San Francisco. Durante veinticinco años al frente de la San Francisco Symphony, transformó una orquesta respetable en una de las más admiradas del mundo, con un sonido propio, una programación sin complejos y una relación con su ciudad que solo puede describirse como matrimonio. En 1987, con una generosidad que no abunda entre los grandes directores, cofundó en Miami Beach la New World Symphony, una academia orquestal de postgrado dedicada a preparar a jóvenes músicos de procedencias diversas. Formó a centenares de instrumentistas que hoy pueblan las mejores orquestas del mundo. Eso también es grandeza.

Acumuló 39 candidaturas al Grammy y ganó doce. En 2019 recibió el Kennedy Center Honor. Pero los premios no cuentan lo esencial: que MTT fue, sobre todo, un intérprete de una honestidad radical, sin poses ni efectismos, con una claridad analítica heredada quizás de su fascinación por la música americana -Ives, Gershwin, Bernstein- y una entrega física al podio que no menguó ni con la enfermedad. Cuando dirigió su último programa completo en el Davies Symphony Hall, condujo la Quinta de Mahler de memoria, sin partitura.
En 2021 le diagnosticaron un glioblastoma multiforme, uno de los tumores cerebrales más agresivos que existen. Siguió dirigiendo. El tumor reapareció. Siguió dirigiendo. Su marido, Joshua Robison, murió en febrero de este año. Dos meses después, se fue él. Hay vidas con una coherencia dramática que ningún libretista se atrevería a firmar.

Tres grabaciones para recordarlo:

-Mahler, Sinfonías 6 y 9 (San Francisco Symphony, 2001-2011). El MTT más meditativo y más intenso. La Novena, en particular, es de una transparencia ejemplar.

-Beethoven, Sinfonías completas (San Francisco Symphony, 2005). Beethoven sin pompa imperial: ágil, nervioso, con una electricidad que recuerda más al Beethoven revolucionario que al monumento de bronce.

-Gershwin, obras orquestales (San Francisco Symphony, 1998). Aquí se entiende por qué MTT era el embajador natural de la música americana: Rhapsody in Blue, An American in Paris, Porgy and Bess… dirigidos desde dentro, como quien recupera una herencia propia.

Descanse en paz, maestro.

Gonzalo Alonso

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