Crítica: Un ‘Barbero de Sevilla’ de Paisiello en el que casi ni se echó en falta la escena
Casi ni se echó en falta la escena
El barbero de Sevilla, de Giovanni Paisiello con libreto anónimo (versión de concierto). Intérpretes: Darío Solari (Fígaro), Aitana Sanz (Rosina), Santiago Ballerini (Lindoro/Almaviva), Pablo Ruiz (Bartolo), Pietro Spagnoli (Basilio), Luis Raspaqueso (Giovinetto/Alcalde), Andrés Merino (Svegliato/Notario). Orquesta Ciudad de Granada. Director: Lucas Macías. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Domingo, 10 de mayo.

El barítono Pablo Ruiz destaca en su papel en la ópera de Paisiello
Cuando uno se adentra en el universo de la ópera del último cuarto del siglo XVIII se llega al convencimiento de que, sin dejar de resultar un milagro, la música de Mozart no pudo substraerse al influjo de su entorno. Cuando se escucha este Barbero de Paisiello (1782) se da uno cuenta de cuánto hay de esta ópera en Las bodas de Fígaro.
Claro que para ello es imprescindible disponer de un director como Lucas Macías que con una soberbia orquesta en sus manos estableció un sonido transparente, un juego de colores con las maderas, un fraseo detallado y atento a los matices y acentos, una articulación muy de estilo clásico y una concertación con las voces ejemplar. Se nota (¡y cuánto!) los años en los que la Orquesta Ciudad de Granada ha tenido como asiduos invitados a directores especializados en el repertorio barroco y clásico por la ligereza, agilidad y transparencia de su sonido.
Excelente sin ambages el reparto vocal. Dario Solari fue un Fígaro de voz amplia, color brillante y fraseo netamente bufo y teatral, con una magistral aria “Scorsi già molti paesi” cuajada de inflexiones y de reguladores. El Bartolo de Pablo Ruiz (para mí el mejor cantante del conjunto) fue sobresaliente tanto por su voz amplia y bien proyectada de bajo bufo, como por su actuación mediante el fraseo, que alcanzó un nivel inmejorable en su aria sobre los folios y la pluma, un muestrario de colores vocales al servicio de la comicidad.
Ballerini expandió su voz de tenor lírico-ligero de amplio volumen, algo nasal, pero con brillo en los agudos. Supo adornar con gusto su famosa aria “Saper bramate”. Agudos rutilantes los de Sanz, aunque algo corta de volumen que se perdía en los concertantes; pero en su aria “Giusto ciel”, con un delicadísimo acompañamiento orquestal, se recreó en los colores y en las gradaciones del sonido.
Magistral Spagnoli, voz fresca por la que no pasan los años (aún recordamos su Dulcamara en L’elisir d’amore en el Maestranza hace más de veinte años) y todo un maestro en el bel canto cómico. En su gran nivel habitual Andrés Merino y cumplidor Raspaqueso en su breve cometido.






















Últimos comentarios