La última función de Dame Felicity Lott

Dame Felicity Lott
La última función de Dame Felicity Lott
Hay momentos en los que la vida exhibe un sentido del humor francamente cruel. O quizás irónico, que no es exactamente lo mismo, aunque a veces duela igual. Felicity Lott -Dame Felicity, la Gran Flott, como la llaman con mezcla de afecto y reverencia quienes conocen bien el mundo de la ópera- estaba organizando hace unos meses una venta de sus vestidos de escena para recaudar fondos para un hospicio de Sussex cuando recibió el diagnóstico. Un cáncer en fase terminal.
«Es bastante irónico», admitió ella misma ante la BBC con esa serenidad que siempre la ha caracterizado, «porque no sabía que estaba enferma cuando contacté con la maravillosa responsable de la recaudación de fondos… Y luego, imaginen mi sorpresa cuando terminé solicitando el ingreso en el centro». Así, con esa mezcla de humor y elegancia que define su carácter, la soprano británica más querida de la segunda mitad del siglo XX ha hecho pública su enfermedad a los 79 años.
Así se ha publicado en medios como THE OBSERVER
Felicity Lott nació en Cheltenham en 1947, y durante medio siglo su voz -cálida, luminosa, dotada de una inteligencia musical que no se aprende- ha resonado en los grandes teatros del mundo. Desde su debut en la English National Opera en 1975 como Pamina en La flauta mágica hasta sus últimas apariciones en escena, Lott ha construido una carrera tan sólida como poco estrepitosa. No ha sido una diva en el sentido convencional del término; ha sido algo mejor: una artista.
Ese mismo año de su debut participó en el estreno absoluto de We Come to the River, de Hans Werner Henze, en la Royal Opera House de Londres. Y fue entonces, también en 1976, cuando comenzó su larga e íntima relación con el Festival de Glyndebourne, que se extendería durante décadas y que le daría algunos de sus momentos más memorables. La Condesa de Le nozze di Figaro, Fiordiligi en Cosi fan tutte, Donna Elvira en Don Giovanni.
Pero si hay un papel con el que su nombre quedará ligado para siempre en la historia de la ópera es el de la Mariscala en Der Rosenkavalier de Richard Strauss: ese personaje que acepta el paso del tiempo con una madurez que pocas sopranos han sabido encarnar con tanta verdad. También la Condesa Madeleine en Capriccio, otra de las grandes creaciones straussianas de Lott, o Ellen Orford en Peter Grimes y Blanche en los Dialogues des Carmelites de Poulenc. Un repertorio que abarca décadas y estilos, siempre con esa afinidad especial por el lied alemán y la mélodie francesa que la crítica del Observer, Fiona Maddocks, ha señalado como uno de sus sellos distintivos.
Hay que añadir, además, su faceta en la opereta, frecuentemente olvidada y que dice mucho sobre la amplitud de su musicalidad. En la década de los ochenta cantó La viuda alegre de Lehar en Nancy y París, y en 1993 grabó el papel principal para EMI en una versión que merece revisitarse. En 1999 fue Rosalinde en Die Fledermaus en Chicago y Helene en La belle Helene de Offenbach en el Châtelet parisino. Cinco años más tarde, La grande-duchesse de Gérolstein. Offenbach en estado puro, con toda la ironía y la levedad que la obra exige y que Lott siempre supo dar.
En 1996 fue nombrada Dame Commander of the Order of the British Empire -el mismo año, curiosamente, en que ofreció una de sus actuaciones más recordadas en la Last Night of the Proms- y Francia la honró con la Legion d’honneur. Los reconocimientos, en su caso, no son solo protocolarios.
Ahora, frente a la enfermedad, Lott mantiene la compostura que siempre la ha distinguido. El tratamiento con esteroides le proporciona, dice, «más energía que nunca». La venta benéfica de sus vestidos -una colección de Givenchy y Bruce Oldfield que fue acumulando a lo largo de los años en lugar de aceptar préstamos de las casas de diseño, en lo que ella misma califica como «una decisión un poco tonta» tomada en París- seguirá adelante en octubre, en beneficio de los hospicios de Sussex. «Ahora mismo estoy muy feliz. No quiero que nadie esté triste, porque yo estoy disfrutando de la vida», declaró. No es resignación. Es otra cosa: una lucidez serena ante lo que viene, adquirida quizás después de medio siglo cantando a personajes que también tuvieron que aprender a despedirse.
La entrevista completa puede escucharse en This Cultural Life, el programa de BBC Radio 4 que conduce John Wilson.
Dame Felicity Lott acaba de cumplir 79 años. Ha tenido, como ella misma reconoce, «una vida maravillosa». Que así sea hasta el final.





















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