La Orquesta Gürzenich de Colonia llega al Auditorio Nacional con Orozco-Estrada y Christiane Karg
La Orquesta Gürzenich de Colonia llega el próximo 19 de mayo al Auditorio Nacional con Orozco-Estrada y Christiane Karg, en el marco de la temporada 2025/26 de La Filarmónica. Este programa, que pretende ser uno de los puntos álgidos de la programación madrileña, contará con un programa dedicado a obras de Wagner, Strauss y Mahler.

Christiane Karg
El próximo 19 de mayo, a las 19:30, el Auditorio Nacional de Música de Madrid acoge una de las citas más destacadas de la temporada de La Filarmónica: la visita de la Orquesta Gürzenich de Colonia, bajo la dirección de Andrés Orozco-Estrada y con la soprano Christiane Karg como solista. El concierto, presentado por La Filarmónica, reúne un programa construido con Wagner, Strauss y Mahler en un recorrido que transita de la épica romántica a la introspección lírica y, de ahí, a la grandiosa afirmación sinfónica.
Fundada en 1827, la Gürzenich es una de las instituciones musicales más veteranas y prestigiosas de Alemania. Su nombre proviene de la histórica sala de fiestas de Colonia donde ofreció sus primeros conciertos. A lo largo de casi dos siglos de actividad ininterrumpida, su catálogo de estrenos incluye páginas tan señeras como el Doble Concierto de Brahms, Don Quijote y Till Eulenspiegel de Richard Strauss, o la Quinta Sinfonía de Mahler. Su sonido —denso, cálido, de raíz inconfundiblemente germánica— es el fruto de esa larga tradición acumulada.
Al frente de la formación estará el director colombiano Andrés Orozco-Estrada, una figura reconocida internacionalmente por su energía comunicativa y su dominio técnico del repertorio tardorromántico. Ha liderado orquestas como la Sinfónica de la Radio de Frankfurt y la Sinfónica de Viena, y su manera de dirigir —basada en la conexión directa con músicos y público— le permite extraer lecturas de gran intensidad expresiva y riqueza de matices.
La velada arranca con la Obertura de El holandés errante, de Wagner. Compuesta en un momento de transición en la trayectoria del compositor, esta página condensa en pocos minutos toda la fuerza del mito del marino maldito: el motivo del holandés en las trompas y las maderas, el cromatismo de las cuerdas imitando el oleaje del Mar del Norte, la tensión entre condena y redención. Es una obertura que exige un virtuosismo orquestal extremo y que funciona como un golpe de adrenalina para abrir el programa.
El clima cambia radicalmente con la escena final de Capriccio, de Richard Strauss, con la que Christiane Karg toma el centro del escenario. En este monólogo de la Condesa Madeleine, la protagonista medita sobre el dilema que vertebra toda la ópera: si la música o la palabra merecen la primacía en el arte. Estrenada en Múnich en 1942, esta página representa el testamento operístico de Strauss: una escritura vocal de melancolía exquisita, un interludio orquestal de extraordinaria delicadeza y una conclusión que no resuelve el dilema sino que lo abraza. Karg, considerada una de las grandes intérpretes straussianas de la actualidad, es la solista ideal para esta música de seda y penumbra.
La segunda parte pertenece íntegramente a Mahler: la Sinfonía n.º 1 en Re mayor, conocida como Titán, en alusión a la novela de Jean Paul. Desde su inicio casi imperceptible —un sonido de la naturaleza que representa el despertar del mundo— hasta el triunfo explosivo del último movimiento, la sinfonía recorre danzas campesinas, una marcha fúnebre irónica construida sobre la melodía de Frère Jacques y páginas de una violencia y una ternura alternadas que solo Mahler sabía combinar. La Gürzenich, que tiene el mahlerismo en su ADN institucional, es la orquesta ideal para culminar la noche con esta obra.





















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