Crítica: Perianes y la OCV concluyen en Castellón su hazaña beethoveniana
Perianes y la OCV concluyen en Castellón su hazaña beethoveniana
INTEGRAL DE LOS CONCIERTOS PARA PIANO Y ORQUESTA DE BEETHOVEN I. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Javier Perianes (piano y dirección). Conciertos números 1, y 5. Lugar: Auditori de Castellón. Entrada: Alrededor de 1.300 personas. Fecha: domingo, 17 mayo 2026.

Javier Perianes cierra el ciclo dedicado a Beethoven en Castellón
© Miguel Lorenzo
Culminó Javier Perianes su doble hazaña de interpretar y dirigir en cuatro jornadas consecutivas los cinco conciertos para piano y orquesta en Valencia y Castellón. Fue el domingo, en la favorable acústica del muy estupendo Auditori de la capital de la Plana, donde el pianista en plenitud que Perianes cuajó la faena con los conciertos primero y último.
El brillo, estilo, luminosidad y éxito han marcado la pauta de estas cuatro actuaciones, que han sido punta de iceberg de la grabación integral -para Harmonia Mundi- efectuada los días precedentes.
Un hito en la historia de la discografía española, un melón abierto ya en 1970, cuando en pleno año del bicentenario de Beethoven, el inolvidable Esteban Sánchez grabó en Barcelona, con la entonces llamada “Orquesta Ciudad de Barcelona” y Antoni Ros Marbà, el Cuarto concierto, en sol mayor. Luego, entre 1983 y 1984, Alicia de Larrocha, la “reina” del piano, grabó en Berlín los cinco conciertos (y la Fantasía Coral), bajo la dirección de Riccardo Chailly.
El Beethoven musculoso, cantable, risueño, dramático y total de Perianes tiene, sin perder su poderoso marchamo propio, mucho del de los pioneros Sánchez y Larrocha. Los tres colosos del piano español están insuflados de similar devoción por la partitura y de un carácter libre, fluido y natural y -aparentemente- espontáneo que es columna vertebral. La articulación, clara y cristalina, la atención milimétrica a las acotaciones de la partitura, y, sobre todo, la innovadora mirada al devenir, son marca de la casa de este Beethoven español y universal.
El Beethoven de Perianes, como los de Esteban y Alicia, mira de frente, sin elucubraciones ni incertidumbres. Directo, claro y escueto. Desnudo de retóricas. Todo, absolutamente todo, está en la música y sus expresiones. Del primer al último concierto, Perianes traslada la portentosa evolución del genio. Pero también la del propio instrumento en su inexorable desarrollo al piano romántico. Del perfecto Do mayor del Primer concierto, al radiante Mi bemol mayor del Emperador, que Perianes hace explosionar en su plenitud romántica.
Perianes y su pianismo leal se contagian e identifican con cada momento beethoveniano y en la permanente evolución instrumental. De la mesura clasicista pero sin remilgos del primer concierto, a ese momento rotundo que es la transición attacca entre el segundo y tercer movimiento del último concierto.

Javier Perianes, piano y dirección.
© Miguel Lorenzo
Una década -la que media entre 1799 y 1809- en la que, bajo el influjo de la Revolución de 1789, el mundo, Beethoven y sus cinco conciertos para piano cambiaron radicalmente. Beethoven dúctil, despierto y receptivo, cuya diversidad el pianista onubense ya reveló en diciembre de 2007, con la misma orquesta de la Comunitat Valenciana, cuando tocó la Fantasía Coral con Lorin Maazel, o, en diciembre de 2020, también en el Palau de Les Arts, con el Cuarto concierto junto con Gustavo Gimeno.
Perianes escucha y atiende esta transformación en su Beethoven dinámico y puesto al día. Conceptualmente, pero también estética y pianísticamente. En este sentido, su ciclo beethoveniano se nutre de este espíritu renovador. Acaso de modo inconsciente, el público capta su riqueza y pluralidad, siempre servida por un pianismo perfecto, íntimo y deslumbrante a un tiempo, empeñado en su libertad y verdad. Distinguido con ese fraseo, sutil y extremo, tan marca de la casa, que singulariza el pianismo de quien hoy es, como exclamó por lo bajini un vecino de localidad tras los últimos acordes del Emperador, “un grande del piano universal”.
Esa “grandeza” evidente se complementó con el no solo eficaz hacer de Perianes al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. La formación titular del Palau de Les Arts volvió a ser cómplice y coartífice de la proeza con su respuesta implicada y despierta. Orquesta y piano respiraron y expresaron en un único pálpito, algo que se percibió en cada articulación, en cada fraseo y detalle.
La OCV fue un Ferrari sinfónico gobernado por un piloto que sabe lo que quiere y cómo materializarlo. Sobresalientes todas las secciones e individualidades, desde la flauta mágica de Magdalena Martínez a los timbales precisos y atentos de Gratiniano Murcia. En medio, el concertino Gjorgi Dimchevski, la trompa de Bernardo Cifres, el oboe de Christopher Bouwman… Todos y cada uno de los profesores de la OCV fueron puntos cardinales de este Beethoven memorable, que en Castellón encontró su mejor y último puerto. Por fortuna, seguirá vivo siempre en la memoria, pero también en la realidad palpable del disco.




















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