Crítica: El milagro straussiano de la Orquesta Sinfónica y Coro RTVE
El milagro straussiano
Obras de Falla y Strauss. Sonia de Munck (soprano), Maite Beaumont (mezzosoprano) y Adam Kutny (barítono). Coro de niños de la Comunidad de Madrid. Orquesta Sinfónica y Coro RTVE. Director musical: Christoph König. Temporada de conciertos “In crecendo” de la Orquesta y Coro RTVE. 14 de mayo

La Orquesta y Coro de RTVE
Es uno de los lugares quiméricos recurrentes de la historia de la música: ¿cómo habrían sonado las partituras inconclusas que han llegado hasta nosotros si hubieran tenido mejor suerte en su momento? Desde Turandot de Puccini, pasando por el Requiem de Mozart o la Décima de Mahler. A veces es la muerte la que se interpuso, en otras la imposibilidad de encontrar esa mirada exacta que consiga recolocar las piezas de un rompecabezas dramático imposible. Cuando la obra está avanzada se suele optar por completarla con los compañeros de viaje del compositor —a veces reales, a veces estéticos—, con resultados dispares.
La Atlántida de Manuel de Falla ha pasado por muchas manos, todas reivindicando el sustrato de calidad de la partitura, que es indudable: desde la del compositor principal, Falla, al encargado de finalizarla décadas más tarde —Ernesto Halffter— pasando por quien realizó la versión reducida en forma de suite que escuchamos durante el concierto, Rafael Frühbeck de Burgos. Si sumásemos tiempos y energías hablamos de un esfuerzo mantenido de más de seis décadas para reivindicar una partitura con indudables resplandores y algunos pocos rincones no del todo bien iluminados. En cualquier caso, su programación es una gran noticia.
La partitura consigue seducir en su tímbrica y en su uso vocal desde un principio, aunque es en los grandes conceptos donde queda un poco más coja: el misticismo se desdibuja, la monumentalidad queda un tanto impostada. Falla ha sido siempre genial a la hora de componer música que represente lo hermosamente intangible del ser humano con peor suerte, pero este ascenso a lo trascendente queda algo hueco de emoción, a pesar de sus reiterados intentos.
Con todo, la partitura fue tratada con el máximo cuidado desde el escenario, arrancando por un reparto de garantías y una dirección comprometida con la sustancia musical. Gran trabajo de Sonia de Munck y Maite Beaumont, ambas con un canto elegante y una búsqueda de belleza casi reivindicativa en cada línea de canto. König se sobrepuso a un accidente técnico —la sonora activación de la alarma anti-incendios del Teatro— y defendió con intención los pasajes rítmicos más complejos. Buenas intervenciones del Coro de niños de la Comunidad de Madrid y del propio Coro RTVE.
A pesar de todo, la música de la segunda parte fue la que concitó mayores entusiasmos, entre otras cosas por ser una de las obras maestras más relevantes del siglo XX: Elektra de Richard Strauss. La ventaja que aporta la versión de suite es, precisamente, el subrayado orquestal, que en el caso de esta partitura es de una vanguardia y una exuberancia más que sobresalientes.
Strauss llevó a otro nivel la escritura orquestal curiosamente cuando la palabra era extraordinaria, como en la Salomé de Oscar Wilde o esta Elektra de Hugo von Hofmannsthal. Y hay pocas representaciones más lúcidas de la sociedad europea de principios del siglo XX, tormentosa y extraviada, que estas dos obras.
La interpretación en los atriles fue brillante en su concepción del sonido, resolviendo el complejo balance de volúmenes entre los metales y el resto de la orquesta, y sin evitar los compases crueles vinculados con lo salvaje del último tercio de la obra, donde la disonancia se convierte en la protagonista del relato. Dirección medida por parte de König y respuesta entusiasta de una orquesta que disfrutó de poder hablar con un dialecto tan elaborado, tan profundo, tan relevante.





















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