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Crítica: Perianes y la OCV concluyen en Castellón su hazaña beethoveniana
Por Publicado el: 20/05/2026Categorías: En vivo

Crítica: Cuadros corales bien coloreados con el Orfeón Donostiarra

CUADROS CORALES BIEN COLOREADOS

Coros de La traviata, Macbeth y Nabucco de Verdi, Fausto de Gounod, Madame Butterfly de Puccini, Mefistofele de Boito, Tannhäuser de Wagner, Príncipe Igor de Borodin. Preludio en La de Puccini, Obertura 1812 de Chaikovski. Orfeón Donostiarra. Orquesta Clásica Santa Cecilia. Director: José Antonio Sainz Alfaro. Auditorio Nacional, 17 de mayo de 2026. Fundación Excelentia.

CUADROS CORALES BIEN COLOREADOSCoros de La traviata, Macbeth y Nabucco de Verdi, Fausto de Gounod, Madame Butterfly de Puccini, Mefistofele de Boito, Tannhäuser de Wagner, Príncipe Igor de Borodin. Preludio en La de Puccini, Obertura 1812 de Chaikovski. Orfeón Donostiarra. Orquesta Clásica Santa Cecilia. Director: José Antonio Sainz Alfaro. Auditorio Nacional, 17 de mayo de 2026. Fundación Excelentia.

Orfeón Donostiarra

Cualquier nueva actuación del Orfeón Donostiarra, que ya ha participado en los conciertos de la Fundación Excelentia en otras celebradas actuaciones, constituye motivo de interés y de alegría para comprobar de nuevo lo que es una coral homogénea, conjuntada, equilibrada, flexible y, lo que no es menos importante, casi siempre muy afinada. Da gusto escuchar esas recias y firmes voces norteñas cantar a los cuatro vientos sin problemas, con seguridad y prestancia.

Y siempre, desde haca ya varias decenas de años, obedeciendo las órdenes de Sainz Alfaro, que conoce a sus huestes mejor que a si mismo y que ha dirigido ya a más de una generación de coristas. Y eso se nota en la atención a la diligente batuta y a la facilidad con la que siguen sus a veces revoloteantes movimientos.

Tiene mando este músico, que es amigo de los discursos sonoros bien acentuados, cargados de relieves, clarificados en lo posible, ondulantes y sinuosos en virtud de un buen manejo del rubato, lo que carga a sus interpretaciones de intencionalidad y expresión, a veces rozando el peligro de la descompensación expositiva. La batuta volandera sugiere más que marca. Todo ello supeditado a una circunstancia inesperada. En virtud de un accidente el maestro dirigió todo el concierto sentado y con la pierna derecha apoyada en una plataforma. Indudable hándicap.

Con esas bases no es raro que asistiéramos a una sesión musical amena y fluida, en la que cada música tuvo su expresión. Así una serena y bien regulada Obertura de La traviata y un animado Coro de gitanillas y toreros. En este último aplaudimos la firmeza del tempo/ritmo verdiano y la buena construcción de los crescendi. Todo el patetismo del pueblo de los refugiados escoceses estuvo en el Coro Patria oppressa de Macbeth. Bien marcada rítmicamente la Obertura de Nabucco y adecuadamente regulado el famoso Va, pensiero, con el prescrito y extenso diminuendo final.

Pudo pedirse algo más de ligereza y elegancia al Vals de Fausto, pero el Coro de soldados tuvo la reciedumbre, la solidez y la firmeza pedida. Airosas volutas para servir al juvenil Preludio en La de Puccini y delicadeza en pianísimo para el Coro a boca chiusa de Madama Butterfly del mismo compositor, en el que faltó quizá una firmeza y afinación más justas en el pianísimo final.

Toda la fuerza, el ímpetu, la resistencia, la grandeza requeridas tuvo sin embargo el imponente Coro Ave, Signor degli angeli e dei santi de Mefistofele de Boito. Voces recias, firmes, rotundas, pero también delicadas para el comienzo en el Coro de peregrinos de Tannhäuser de Wagner, conectado en los compases finales con el cierre de la ópera.

Sinuosas, marcadas con heterogénea flexibilidad, tuvieron las Danzas polovtsianas de El Príncipe Igor de Borodin, en las que el salvajismo acentual estuvo bastante bien conseguido. El remate vino dado con la Obertura 1812 de Chaikovski en el arreglo con coro popularizado entre otros por Von Karajan. Los planos quedaron bien ajustados y las progresiones, pianísimo inicial incluido, se conformaron adecuadamente. Insistentes aplausos y un regalo, un arreglo de la canción de Montes Negra sombra, dirigida en este caso por el joven Xomin Maidagán. Lo hizo con muy buenas maneras.

Arturo Reverter

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