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Por Publicado el: 29/05/2026Categorías: Diálogos de besugos

Comentarios en prensa: ‘Romeo y Julieta’ de Gounod, en el Teatro Real

Comentarios en prensa: ‘Romeo y Julieta’ de Gounod, en el Teatro Real

Romeo y Julieta de Gounod. Nadine Sierra, Javier Camarena, Jean Teitgen, Benjamin Appl, Carles Pachon, Heloïse Mas, Carmen AArtaza, Laurent Naouri, Maciej Kwasnikowski, Sonia Ganassi, David Lagares, Tomeu Bibiloni, Josep Ramón Olivé, Pablo Martínes. Javier Castañeda. Orquesta y Coros titulares del Teatro Real. Thomas Jolly, dirección escénica. Carlo Rizzi, dirección musical. Teatro Real. Madrid, 27 de mayo de 2026.

Comentarios en prensa: 'Romeo y Julieta' de Gounod, en el Teatro Real

Imagen de la producción de Thomas Jolly

Llega por primera vez en versión escénica al Teatro Real Romeo y Julieta de Gounod, tras diferentes interpretaciones en versión concierto. La producción, firmada por el francés Thomas Jolly, destaca por su escenografía, la cual, en momentos puntuales, ayuda al desarrollo de la acción, si bien la crítica considera que, en numerosas escenas, resulta un tanto entorpecedora. Sin embargo, en lo referente a lo actoral, consigue que los cantantes ofrezcan una interpretación creíble y ajustada a la acción, pese a no profundizar en las cuestiones políticas del texto original de Shakespeare.

Nadine Sierra se convirtió en la protagonista de la velada, destacando en su interpretación en el rol principal de la ópera. A su lado, Javier Camarena, quien defiende con gran soltura un papel que incorporó a su repertorio personal en 2023. En cuanto a los papeles secundarios, la crítica destaca la presencia de Benjamin Appl, debutante en el coliseo madrileño y Roberto Tagliavini.

Escena

EL PAÍS (28/05/2026)

Una soberbia Nadine Sierra se impone al desbordado oxímoron escénico de Thomas Jolly en el Teatro Real

Los excesos lumínicos contra el público provocan altercados en el estreno de una desigual producción de Roméo et Juliette, de Gounod, con un reparto notable, buenos conjuntos de coro y orquesta, y la solvente dirección de Carlo Rizzi

(Selección)

La soprano Nadine Sierra volvió a redimir las carencias y a compensar los excesos de una función desigual en el Teatro Real.(…) Su Juliette en la ópera de Charles Gounod brilló con luz propia por encima de un reparto notable con alguna mácula, de una dirección musical solvente pero poco inspirada y, sobre todo, de una producción escénica que (…) sucumbe demasiadas veces a su propio juego de contrarios.

La cantante estadounidense (…) no solo posee la técnica ideal y todas las notas que exige el papel, sino también una visión propia del personaje: más actual y coqueta que virginal y sufriente. Lo demostró el pasado día 27 desde su primera aparición (…). A continuación, en el vals-arieta Ah, je veux vivre, desplegó brillantes roulades y trinos.

(…)

Sierra comenzó esta aria de la poción, que Fray Laurent entrega a Juliette para simular su muerte, frente al telón. Pero la dirección de Thomas Jolly, incapaz de confiar en la música de Gounod, materializó enseguida los miedos y las visiones terroríficas del personaje, con varios dobles fantasmales de la propia Juliette y la aparición de Tybalt.

El director de teatro y actor francés (…) ha realizado también incursiones puntuales en la ópera. Esta producción de Roméo et Juliette, estrenada hace tres años en la Ópera de la Bastilla, es sin duda la más conocida de ellas. Y también la más controvertida.

Como gran especialista en maratones shakesperianos, Jolly convierte la figura retórica del oxímoron, tan presente en el drama original (…), en el principio rector de su puesta en escena. Pero ese recurso resulta menos evidente en el libreto de Jules Barbier y Michel Carré, y todavía menos en la música de Gounod. Nada de eso detiene al régisseur, que aplica su idea a la imagen y a la dramaturgia: hace nacer el amor en el contexto de la peste, cruza la luz con las tinieblas, la fiesta con el luto y la pulsión de vida con la aniquilación.

Esos excesos provocaron gritos y altercados durante la representación del estreno. La iluminación de Antoine Travert enfocaba a veces más al público que al escenario, hasta el punto de que varios espectadores del paraíso tuvieron que taparse los ojos con el programa de mano para no quedar cegados. Al mareo lumínico, que impedía localizar muchas veces al cantante, especialmente en la marabunta del primer acto, se sumaban los giros constantes de la escenografía de Bruno de Lavenère, basada en una atractiva reproducción de la escalera de la Ópera Garnier.

(….)

El resultado añadió al baile en el palacio de los Capuleto la espectacularidad de un musical de Broadway, pero a costa de perder fluidez teatral e intimismo. (…) Funcionó mejor, por ejemplo, el dúo del balcón del segundo acto, y también el de la alondra en el cuarto, aunque ahí volvió a aflorar el problema de la dirección de actores: un Roméo demasiado sumiso frente a una Juliette que parecía tomar siempre la iniciativa. En todo caso, la producción alcanzó sus mejores momentos en el tercer acto, con la divertida escena de la boda y las espectaculares luchas finales, y en el quinto, donde logró que la tensión escénica se conjugase por una vez con la música.

El tenor Javier Camarena ha profundizado en el papel de Roméo (…). Empezó bastante rígido, y su célebre cavatina del segundo acto, Ah! lève-toi, soleil!, solo sobresalió por la seguridad de los agudos. Mejoró a partir del tercer acto y encontró su mejor momento en el quinto, aunque su interpretación acusó falta de peso en el registro central y un abuso del falsete desapoyado en las medias voces. No deja de ser significativo que estas funciones de la producción del Teatro Real estén dedicadas a la memoria de Alfredo Kraus, como pórtico de su centenario.

(…)

Del resto del reparto destacó el barítono alemán Benjamin Appl, que debutaba en el Teatro Real como Mercutio. (…) También fue muy aplaudido el Fray Laurent del bajo italiano Roberto Tagliavini, que ya había cantado este personaje en versión de concierto en el coliseo madrileño hace once años.

(…)

El joven tenor polaco Maciej Kwasnikowski fue una sorpresa por su autoridad y metal como Tybalt, mientras que el veterano barítono Laurent Naouri decepcionó como Capulet, con unos medios vocales mermados y un francés mascado. La excelente mezzosoprano francesa Héloïse Mas se metió al público en el bolsillo con su divertida encarnación travestida del paje Stéphano, sobre todo en la canción del tercer acto (…). Y fue un lujo contar con la mezzo italiana Sonia Ganassi como la nodriza Gertrude.

Otro de los protagonistas de la noche del estreno fue el Coro Titular del Teatro Real, cuyos integrantes repartían octavillas a la entrada exigiendo condiciones salariales dignas, equiparables a las de otros teatros como el Liceu de Barcelona. Su actuación, una de las mejores de la temporada, confirmó una vez más su altísimo nivel profesional.

(…)

La Orquesta Titular del coliseo madrileño rayó también a buena altura, aunque la dirección de Carlo Rizzi cosechó algunos abucheos puntuales tras el descanso y al final. El maestro milanés, buen conocedor de los loggionisti de su tierra, se los tomó con deportividad. Acaso fueron injustos, porque este experimentado director de ópera, que no pisaba el foso del Teatro Real desde La Cenerentola de 2001, se mostró plenamente solvente. (…) Destacó sobre todo en la gestión de los conjuntos, aunque se le pueda achacar cierta pesadez y trazo grueso, además de echarse en falta mayor inspiración en pasajes como la plana introducción del cuarto acto, con el tema amoroso confiado a los violonchelos divididos.

Pablo L. Rodríguez

Nadine Sierra y Javier Camarena

EL MUNDO (28/05/2026)

Romeo y Julieta de Gounod en el Teatro Real: un gélido guateque

(Selección)

La ópera de Gounod toma de la obra de Shakespeare el absurdo argumento, concentrándose en el meollo dramático; es fácil y cómodo recibir la historia de los enamorados otorgándoles (…)  la indignación por la injusticia de una sociedad que arrastra de la Edad Media (…)l.

Pero quizá lo esencial no sea el Amor con mayúscula ni la pugna entre Montescos y Capuletos, sino algo más vivo y secreto: el cómo una niña de catorce años descubre que un ser viviente despierta en ella la sospecha de que aquí se viene a amar. La música de Gounod nos ofrece tal revelación con sobria, tensa, arrebatada riqueza.

(…)

El libreto sugiere el clima temporal y espacial donde la pareja se encuentra. El tiempo es nocturno (…). La noche sombría, mientras espera el amanecer que la muy citada alondra anuncia una y otra vez, se ilumina con las antorchas que celebran los esponsales y las velas que acompañan el tálamo nupcial. El montaje de Jolly, sin embargo, parece menos interesado en contar la fuerza del destino de la pareja emblemática que distraernos con una fiesta carnavalesca, pensada alrededor del consabido mamotreto giratorio que se mueve porque sí (…).

Nadine Sierra seguro que es una Julieta excelente; tiene la voz y la convicción del personaje. Aquí flota cada vez más perdida, abandonada por la dirección de escena. Javier Camarena es un Romeo ilegible; al pobre primero le visten de tejón, luego debe acudir a la noche de bodas en camiseta, siempre incapaz de comunicar lo que siente.

Carlo Rizzi ofrece una lectura musical agria y estridente, como si en vez de los amantes emblemáticos fueran dos sicilianos abrumados por la caballerosidad rústica. Loa demás artífices, desde el inverosímil fray Lorenzo hasta el inexistente Mercucio, cumplen con su función de comparsas.

(…)

Álvaro del Amo

Imagen de la pareja protagonista

ABC:

La soprano Nadine Sierra impone su Julieta a la vorágine de una escenografía imposible
La actuación de la actriz fue, con mucho, lo mejor de la noche, teniendo en cuenta que el tenor Javier Camarena navegó con desigual fortuna por el papel de Romeo

… Por el momento, la primera representación de anoche puso a todos de acuerdo sobre la autoridad vocal de la soprano estadounidense Nadine Sierra, capaz de asumir con un desparpajo asombroso su vals de salida ‘Je veux vivre dans ce rêve’ y aún convertir el aria de cuarto acto, ‘Amour ranime mon courage’, en una formidable demostración de facultades. Servir con igual fortuna, limpieza, decisión, seguridad y jurisdicción lo expresivamente ágil y lo sustancialmente dramático, y hacerlo con una valentía y calidad semejantes, es una hazaña que coloca a su Julieta en una cima difícil de superar…

… Javier Camarena navegó con desigual fortuna por el papel de Romeo. Comenzó con la voz estrangulada en la cavatina ‘Ah! lève-toi, soleil!’ para acabar dejando detalles de buena escuela y calidez vocal, particularmente en el dúo ‘Va! Je t’ai pardonné’, uno de los momentos aplaudidos de la noche. Junto a los dos solistas se presentó un grupo de buenos secundarios, destacando a Roberto Tagliavini, cuyo Frère Laurent sonó imponente y redondo. También se mostró vigoroso el polaco Maciej Kwasnikowski en su recreación de Tybalt, el barítono alemán Benjamin Appl ante un resuelto Mercutio, y la mezzo francesa Héloïse Mas, quien imprimió ligereza a la célebre arieta de Stéphano «Que fais-tu, blanche tourterelle»….

Tampoco tuvo anoche una buena recepción la actuación del director Carlo Rizzi, cuya prosaica versión no acabó de encontrar el equilibrio adecuado. Fue pitado tras el descanso, lo que llevó a reafirmarse en el gesto y el carácter, a veces algo sobredimensionado. Con todo, fue indudable la eficacia de su trabajo, pero también su corta visión de una partitura con posibilidades para un desarrollo expresivo más acabado y vibrante…  la producción firmada por Thomas Jolly, excesiva por lo artificioso, arquitectónicamente recargada, exageradamente vestida, histéricamente resuelta y dispuesta a animar sentimientos muy superficiales. Agotadora, innecesaria e, incluso, molesta para los espectadores de los pisos superiores que protestaron en varias ocasiones a lo largo de la representación tras ser deslumbrados por los focos de la escena. …Alberto González Lapuente

 

 

LA RAZÓN (28/05/2026)

Crítica: Gran triunfo de Nadine Sierra como Julieta en el Teatro Real

Joan Matabosch lo explica con detalle en las notas al programa. Shakespeare situó su historia en la Verona del siglo XIV, desgarrada por los mismos conflictos que enfrentaban a güelfos y gibelinos en toda la península italiana: la pugna entre quienes respaldaban al papado y quienes se alineaban con el Sacro Imperio. Las familias rivales no son un capricho dramático sino el eco de una Europa en que el concepto tribal de la justicia amenazaba la convivencia. Al final de la obra, la muerte de los amantes sirve para que el duque imponga un orden legal más racional. Es una tragedia política, además de sentimental.

Gounod lo sabía y eligió mirar hacia otro lado. Lo que le interesaba era el interior de los protagonistas, su vida privada y amorosa, y por eso multiplicó los encuentros entre ambos hasta construir cuatro dúos de amor a lo largo de cinco actos, una concentración sin parangón en el repertorio lírico de su tiempo. Cada uno representa una etapa distinta del mismo proceso: el descubrimiento, la noche, la despedida, la muerte compartida.

La más popular de sus páginas, la brillante aria de vals del primer acto, no existía en la partitura primitiva. La soprano del estreno la exigió para poder exhibir su técnica, y Gounod cedió a regañadientes. El resultado fue un éxito que él no había buscado. La misma cantante impuso luego la supresión de la gran escena del veneno, considerada demasiado exigente antes del dúo final. Esa mutilación se perpetuó durante décadas.

La ópera llegó al Teatro Real en 1873 y lo frecuentó hasta 1911. La historia más sorprendente la protagonizó el tenor Giuseppe Anselmi, que adoraba tanto al público madrileño que dispuso que su corazón viajara a la ciudad tras su muerte. La urna que lo contenía sobrevivió milagrosamente a la explosión que devastó el edificio durante la contienda civil y hoy se conserva en Almagro.

Esta producción, estrenada en la Bastilla en 2023, lleva la firma de Thomas Jolly, una de las figuras del teatro francés hoy más en boga. Hizo un Enrique VI completo de Shakespeare -dieciocho horas de teatro- y firmó la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París 2024, aquella que levantó polvareda porque algunos quisieron ver en la mesa de los dioses griegos una parodia de la Última Cena, pero lo que aquí importa es si sabe reflejar a Gounod.

El punto de partida sorprende. Bruno de Lavenère construyó una réplica de la gran escalinata del Palais Garnier -un homenaje al viejo templo lírico desde la sala nueva y tecnológica que es la Bastilla- instalada sobre una plataforma giratoria que permite variar los ángulos y perspectivas entre cuadro y cuadro. El problema es que el escenario parisino es mucho más grande que el madrileño, por lo que todo queda demasiado amontonado.

La iluminación de Antoine Travert transforma el espacio en algo a caballo entre lo gótico y lo onírico, con inmensas columnas de candelabros que crean una atmósfera a la vez grandiosa e inquietante. No estamos en la Verona soleada del imaginario colectivo sino en un lugar donde el amor nace directamente en el territorio de la muerte. La ópera empieza y termina con la muerte.

El concepto central -la paradoja como principio constructivo, amor y muerte como territorios inseparables- es la parte más lúcida de la propuesta. Jolly sitúa la acción en un contexto de epidemia de peste que el libreto no menciona explícitamente pero que la música intuye. La dirección de actores está cuidada y resulta eficaz. Todos actúan.

Los dos duelos del tercer acto están resueltos con gran realismo. Hay momentos bien planteados como la escena del balcón como una deambulación sonámbula, pero otros son menos convincentes. Así la noche de amor, algo ridícula, o la cripta final. Ambas están perjudicadas por una especie de barca que impide libertad de movimientos. Cuando mejor funciona es cuando la máquina escénica se aparta y quedan solo los cantantes con la música.

El problema llega cuando la maquinaria recupera el protagonismo, y en este Romeo lo recupera con frecuencia. La fiesta inicial del primer acto, un carnaval orgiástico y barroco con decenas de figurantes, es visualmente deslumbrante pero dramáticamente vacía. La escena del ballet funciona mejor. La coreógrafa Josépha Madoki la convierte en una fantasmagoría macabra donde Julieta es acosada por espectros de novias que tampoco eligieron su destino. Sin embargo, casi toda la producción marea. Hay demasiados elementos para distraer la atención.

En el reparto, Roberto Tagliavini compone un bondadoso Fray Lorenzo de gran solidez vocal y Éloïse Mas resulta muy convincente como el paje Stéphano, siendo ambos muy aplaudidos tras sus respectivas intervenciones. Maciej Kwaśnikowski es un Tybalt de voz sonora que se adecúa bien a la escena del duelo y otro tanto cabe apuntar del Mercutio de Benjamin Appl. La veterana Sonia Ganassi, nos recuerda con limitaciones quien fue y Laurent Naouri resulta un buen anfitrión y luego autoritario Capuleto antes de cansársele la voz. Un reparto sólido en su conjunto.

Nadine Sierra es hoy la Julieta de referencia en los grandes teatros. Posee una facilidad técnica extraordinaria. Escalas, florituras y sobreagudos resueltos sin aparente esfuerzo, incluida la temida aria del veneno, con una naturalidad impecable en toda la tesitura. Arrancó la valse-ariette con despreocupación juvenil y fue manejando el timbre y la intensidad a medida que el personaje maduraba.

Javier Camarena, para quien el rol es relativamente reciente, debutado en Bilbao en 2023, tiene una musicalidad fuera de toda duda, fraseo cuidado y un registro agudo limpio y seguro. Su timbre puede gustar más o menos, como sucedía con aquel gran Romeo que fue Alfredo Kraus, a quien se dedican estas funciones. Su Romeo, tras un inicio vacilante, fue creciendo a lo largo de la función hasta ganar peso dramático. Los dúos de ambos demostraron que no es la primera vez que los cantan juntos.

Carlo Rizzi sirve la música de Gounod con todo el oficio acumulado a lo largo de su carrera, con viveza y de forma refinada y cuidadosa en los momentos de mayor delicadeza orquestal. Resultó particularmente eficaz en el tercer acto, donde los coros impactaron con especial brillantez. Quizá el problema existente con el coro de teatro fuese la causa de algunas protestas que recibió, tanto al subir al podio tras el descanso como al final de la función, sepultadas por la mayoritaria ovación. Gran y merecido triunfo para ambos protagonistas, Mas y Tagliavini.

Gonzalo Alonso

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