Comentarios en prensa: ‘La novia vendida’ de Smetana, en el Teatro Real
Comentarios en prensa: La novia vendida de Smetana, en el Teatro Real
La novia vendida, de Bedrich Smetana. Manel Esteve, María Rey-Joly, Sveltana Aksenova, Pavel Černoch, Toni Marsol, Monica Bacelli, Mikeldi Atxalandabaso, Günther Groissböck… Dirección de escena: Laurent Pelly. Dirección Musical: Gustavo Gimeno. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Madrid, 14 de abril.

La novia vendida de Smetana vuelve al Teatro Real
Vuelve al Teatro Real La novia vendida, una de las óperas más populares de Smetana, considerada como un auténtico símbolo de la música checa. Y lo hace con una puesta en escena de Laurent Pelly alabada por la crítica no solo por su vuelta de tuerca en lo que al argumento se refiere, sino por el dibujo que realiza de los personajes, sobre todo de los cómicos.
El director Gustavo Gimeno al frente de la Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real ofreció una lectura de gran fuerza y potencia, por momentos excesiva, si bien presentó momentos de gran profundidad. Por su parte, buen papel por parte de los cantantes, destacando Mikeldi Atxalandabaso y Günther Groissböck en los papeles bufos. Sveltana Aksenova, protagonista femenina de la ópera, ofreció una lectura bella del papel, si bien su compañero Pavel Černoch presentó alguna incomodidad en el canto.
EL MUNDO (15/04/2026)
(Selección)
La novia vendida de Smetana en el Teatro Real: entre lo cómico candoroso y lo dramático costumbrista
La música que eleva el folklore a categoría estética, logrando dotar a su país de lo que podría llamarse una identidad cultural
Marenka (Sveltana Aksenova) es una chica majísima, enamorada del bueno de Jenek (Paul Cernoch), ambos vecinos del pequeño pueblo checo; un tejido social observado por el libretista y el compositor como materia viva y fresca, popular en el mejor sentido. (…) Creación nada menos que de una música que eleva el folklore a categoría estética, logrando dotar a su país de lo que podría llamarse una identidad cultural.
El reparto vocal que aquí comparece, excelente en su conjunto, capitaneado por los amantes pueblerinos, responde perfectamente a la muy exigente música de Bedrich Smetana, quien apechugó con la hercúlea tarea de inventar una ópera destinada además a inaugurar un teatro dedicado al arte lírico.
El flamante nuevo director del Teatro Real, Gustavo Gimeno, consigue de la orquesta el sonido idiosincrático exigido, tan intenso y sutil en la alternancia entre lo cómico candoroso y lo dramático costumbrista, sin olvidar oportunos toques de humor farsesco.
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Importa sobre todo la fabulación aplicada a un microcosmos, cuya realidad mantiene un inteligente y civilizado trato con el realismo, ámbito donde se mueve Laurent Pelly, bien conocido entre nosotros. Aquí se sirve tanto de lo onírico como de una sobria rusticidad que no desdeña la sonrisa del cuento infantil. Tampoco la seriedad de la danza.
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Esta obra magnífica se visita poco, tal vez por la dificultad de concitar el talento de unos artífices adecuados, capaces de transmitir un estilo que emergía de la cultura musical checa y que Smetana contribuyó a hacer visible, y audible. Al Teatro Real es preciso agradecerle el mérito de recuperar un título merecedor de un puesto más alto en el repertorio.
Álvaro del Amo

Pavel Černoch (Jeník) y Günther Groissböck (Kekal)
ABC (15/04/2026)
(Selección)
La novia vendida triunfa en Madrid al tercer intento
El Teatro Real presenta una nueva producción de la ópera de Smetana con dirección escénica de Laurent Pelly y dirección musical de Gustavo Gimeno
El Teatro Real promete en los próximos días proporcionar al espectador un momento de alegría al margen del desorden mundial. Para ello recupera una ópera poco vista en España, pero muy difundida en lugares dispares como América y Europa central, particularmente la República Checa, donde La novia vendida; es un símbolo de identidad nacional.
La obra, compuesta por Bedřich Smetana, se presentó en nuestro país en 1924, con medio siglo de retraso, dispuesta a integrarse en una vida operística aún pujante, lo que llevó al cronista del Real, José Subirá, a señalar que lo hacía envejecida, sin duda porque arrastraba una idiosincrasia demasiado lejana.
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Ante una cronología tan poco proclive, es todo un éxito que la reposición que anoche presentó el Real, en nueva producción dirigida musicalmente por Gustavo Gimeno y en lo teatral por Laurent Pelly, provocara una aclamación tan rotunda. (…) Pelly aporta una ingeniosa respuesta al convertir la obra en un objeto risible, en el que lo elemental del drama termina por asumir esa ‘comicidad de las ideas’ que alumbró Flaubert y cuyo destino apunta directamente al absurdo.
El director francés, realizador teatral de ejecución siempre afable y en todos los casos buen lector de los textos, diluye los atributos identitarios de La novia vendida eliminando, por un lado, lo accesorio para que todo se exprese entre paredes negras en una formidable demostración de maestría técnica, y por otro presentando la obra a la manera de ingenua ensoñación, como si se tratara de un folletín de época.
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Gustavo Gimeno podrá tener mejores días y eso se hizo evidente escuchando el tercer acto en el que la versión por fin penetró en un ámbito sonoro más sosegado, pero hasta llegar ahí se escuchó una obertura furiosa y sobredimensionada, una orquesta tajante, un coro exagerado, sin atisbo de consideración. Demasiado nervio, aunque claridad y precisión; acentos forzados sobre un gesto taxativo y de limitado encanto.
Con todo, se impuso el buen hacer de un primer reparto armado sobre la base de estupendos secundarios. Gran Kecal de Günther Groissböck cuya vis cómica y habilidad vocal son dignas de alabarse. No le fue a la zaga Mikeldi Atxalandabaso, construyendo al borrego y tartamudo Vašek con una solidez indiscutible, en este caso sobre una consistencia vocal notable.
En cuanto a los protagonistas, el tenor checo Pavel Černoch defendió a Jeník con fluidez y claridad, salvando alguna incomodidad en su aria del segundo acto, mientras que la soprano rusa Svetlana Aksenova dibujo una tímida y prudente Mařenka, focalizando su actuación en el aria final, allí donde el dolor y el sueño de amor confluyen en un momento de incertidumbre.
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Alberto González Lapuente

Svetlana Aksenova como Mařenka
EL PAÍS (15/04/2026)
(Selección)
Laurent Pelly vuelve a crear un universo ideal para La novia vendida en el Teatro Real
La nueva producción de la ópera de Bedřich Smetana se convierte en otro éxito completo en el coliseo madrileño, con las encarnaciones cómicas de Günther Groissböck y Mikeldi Atxalandabaso, y una dirección de Gustavo Gimeno de marcado perfil sinfónico.
Laurent Pelly rara vez se conforma con el naturalismo. El director de escena francés construye en cada producción operística un universo visual inconfundible, donde el vestuario y un minucioso trabajo dramático sobre los personajes se funden a través de un filtro cultural deliberado.
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Su nueva producción de La novia vendida, de Bedřich Smetana (…) confirma esa misma lógica creativa: hallar un referente cultural preciso que ilumine la obra desde dentro. El resultado es un acierto pleno, capaz de equilibrar con naturalidad lo poético y lo absurdo en este título fundacional de la ópera nacional checa, estrenado en 1866 y reelaborado hasta 1870. (…) su punto de partida ha sido la escuela checa de animación de los años cincuenta y sesenta, y más en concreto el mundo naíf, satírico y surrealista de las marionetas de Jiří Trnka (…).
Fiel a su método, Pelly vuelve a servirse del vestuario para esculpir la personalidad de cada personaje en esta reinvención checa de la commedia dell’arte, donde acaban imponiéndose el amor, la inteligencia, el dinero y la felicidad. La pareja protagonista está trazada con finura: Mařenka, la novia sensible, voluntariosa y temperamental; Jeník, su enamorado y falso traidor, que negocia el traspaso de su amada de sí mismo a sí mismo y además cobra por la transacción.
Pero el director francés brilla aún más en el dibujo de los personajes cómicos. Kecal, el casamentero gordo y charlatán, ridiculizado por la artimaña de Jeník, adopta aquí el aire de un leguleyo venido a menos; Vašek, el tonto del pueblo y simplón tartamudo, queda retratado con su corte de pelo infantilizado y con el brillante hallazgo de la bicicleta.
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La escenografía de Caroline Ginet (…) vuelve a conjugar simplicidad e impacto. Una nube de muebles flota sobre el escenario como trasunto de los bienes materiales que sobrevuelan la trama; el segundo acto se resuelve con el sencillo esbozo de una taberna desnivelada; y el tercero, con una carpa de circo que se monta a la vista.
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El reparto vocal ofreció una pareja de enamorados de buen nivel, aunque con matices. La soprano Svetlana Aksenova se mostró más cómoda en el perfil trágico de Mařenka: fraseó con gusto su aria del tercer acto, O, jaký žal… Ten lásky sen, donde la protagonista lamenta la traición de su enamorado. Sin embargo, en el dúo de disputa con Jeník que sigue a continuación, la cantante rusa no logró transformarse en la adolescente enfadada y testaruda (…). El tenor Pavel Černoch es un experimentado Jeník, pero su evolución vocal hacia papeles más dramáticos —especialmente de Janáček— le ha restado algo del encanto y la ligereza que el papel pide.
Los dos triunfadores de la noche del estreno fueron, sin embargo, Günther Groissböck y Mikeldi Atxalandabaso. El bajo austriaco ofreció una brillante encarnación del casamentero Kecal (…). Por su parte, el tenor bilbaíno compuso un Vašek sobresaliente, al que dotó de la dosis justa de comicidad, con excelentes medios vocales tanto en su aria del segundo acto como en la del tercero.
Entre los secundarios destacaron tres cantantes españoles idealmente caracterizados como padres de los enamorados: el barítono Manel Esteve (Krušina), la soprano María Rey-Joly (Ludmila) y el bajo-barítono Toni Marsol (Mícha), a quienes se sumó como lujo la experimentada mezzosoprano Monica Bacelli como Háta.
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El Coro Titular del Teatro Real afrontó con admirable calidad, tanto musical como prosódica, los diversos números corales de la ópera, en los que Pelly les exige además moverse y bailar. (…) La Orquesta Titular, por su parte, volvió a estar a gran altura, con una afilada sección de cuerda junto a bellos solos y conjuntos de viento madera.
De hecho, el director titular del Teatro Real, Gustavo Gimeno, fue otro de los triunfadores de la noche. Tras dirigir intensas producciones de Prokófiev y Bartók, esta ópera cómica de Smetana suponía un salto estilístico considerable. (…) El valenciano pareció tomar partido por la tensión lisztiana en la famosa obertura, que marcó arriesgando con intensidad y precisión. Esa misma energía se mantuvo en el resto del primer acto, aunque a costa de una calidad sinfónica tan rotunda en el foso que por momentos impidió que el teatro fluyese sobre el escenario.
Todo mejoró a partir del segundo acto, donde la cara más mozartiana de Smetana insufló otra vida a la acción escénica. (…) Lo mejor de la noche llegó tras el descanso: en el tercer acto, una mayor luminosidad en la madera dejó aflorar tintes mendelssohnianos, y una dirección más aireada permitió el brillo virtuosístico cercano a Berlioz. Con todo, se echó en falta más chispa y humor desde el foso en no pocos momentos, como en la famosa skočná del tercer acto, convertida por Pelly con mucha inteligencia en un número protagonizado por cuatro actores-payasos que montan la carpa del circo a la vista del público.
Pablo L. Rodríguez

Imagen de la producción
LA RAZÓN (15/04/2026)
El Teatro Real hace justicia a Smetana
La obertura es un tour de force en escritura fugada que parece desafiar físicamente a quien la dirige; las danzas son resortes dramáticos, no postales turísticas; los concertantes revelan una deuda fecunda con Mozart y con la buffa italiana; y las semi-arias de Mařenka tienen una temperatura melódica que no desmerece. Pero hay algo más difícil de analizar y más fácil de sentir: por debajo de toda esa alegría corre una melancolía inconfundiblemente checa, el mismo poso amargo que uno encuentra en Dvořák o en Janáček. Smetana la disimula con maestría bajo el disfraz de la comedia. Como se disimula, en general, la tristeza verdadera.





















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