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Critica: Los Estunmen, pura acción bien ilustrada
Por Publicado el: 08/06/2026Categorías: En vivo

Critica: Savall en plenitud de facultades en Badajoz

Savall en plenitud de facultades en Badajoz

Festival Ibérico de Música de Badajoz. El arte de la variación y de la improvisación: del Antiguo al Nuevo Mundo. Jordi Savall & Hespèrion XXI. Badajoz, Teatro López de Ayala, 5 de junio de 2026.

Savall en plenitud de facultades en BadajozFestival Ibérico de Música de Badajoz. El arte de la variación y de la improvisación: del Antiguo al Nuevo Mundo. Jordi Savall & Hespèrion XXI. Badajoz, Teatro López de Ayala, 5 de junio de 2026.

Fotografía: Casimiro Moreno /Festival Ibérico de Música

Celebra este año la Sociedad Filarmónica de Badajoz sus treinta de existencia. Además del próximo concierto de la JONDE (30 de junio), ha aprovechado esta nueva edición del Festival Ibérico para traer, treinta años después, a Jordi Savall y la versión reducida de Hespèrion XXI (Xavier Díaz Latorre a la tiorba y guitarra barroca y David Mayoral a la percusión).

El programa no podía estar más pensado a la medida de Savall, que a sus casi ochenta y cinco años se mantiene en una forma envidiable. No se alivió en ningún momento salvo en dos piezas para el lucimiento a solo de Díaz- Latorre, siendo el resto del programa un auténtico tour de force para el maestro de Igualada con su viola da gamba soprano.

El programa se centraba en la auténtica especialidad de Savall y de la que fue pionero hace casi medio siglo: las glosas, variaciones e improvisaciones sobre cantus firmus y sobre ostinati. Prácticamente todos los violagambistas y grupos barrocos que transitan este repertorio han bebido de las fuentes de Savall, uno de los primeros, si no el primero, en revivir las prácticas ornamentales e improvisatorias habituales en la música europea de los siglos XVI y XVII, recurriendo a las fuentes primigenias de los tratados de la época.

El resultado fue fascinante, embrujando a un público que abarrotó el teatro y que se levantó desde el primer momento en las ovaciones finales. Savall mantiene intacta su sabiduría sobre lo que se puede y no se puede (o sobre lo que se debe y no se deba) hacer con estas prácticas improvisatorias, sí, pero siempre sometidas a reglas y a límites. Y el primero de esos límites es el del estilo y la estética propia del momento en que se compuso cada obra, evitando dar el paso hacia el lado oscuro de la Música Antigua que han dado grupos más modernos, el paso hacia las fusiones hacia otros ámbitos estilísticos (Oriente, flamenco, jazz, New Age…).

No, Savall siempre se movió dentro de las fronteras renacentistas y barrocas, mucha de las cuales beben en fuentes de la música tradicional, pero de las tradiciones del momento o anteriores. Fue el caso de las piezas que cerraron el concierto, dos obras recogidas en el conocido Códice de Trujillo del Perú en el siglo XVIII, pero cuyas melodías nos retrotraen inmediatamente a las músicas andinas de tradición incaica. Por no hablar de esas danzas españolas de origen popular como los canarios, las morescas, las jácaras, trasvasadas a la música cortesana.

Savall y sus acompañantes siempre estuvieron atentos a marcar con energía y presencia sonora los ritmos. Savall mostró una absoluta soltura y agilidad en la articulación y en el fraseo, con pasajes de complejas agilidades y con afinación impoluta, incluso en momentos muy comprometidos sobre la cuerda más aguda pisada al aire casi sul ponticello. Incluso se permitió imitar el canto del canario a base de armónicos sobre esa misma cuerda, alternándose con Mayoral en el canto como introducción a la famosa danza.

Mayoral, por cierto, dio una lección de cómo la percusión puede subrayar y dar relieve al componente rítmico de estas músicas, pero sin venirse arriba y desvariar como si estuviera en una jam session. Todo lo contrario, fue un partenaire perfecto, con fantasía en la elección de los colores y los efectos sonoros.

Díaz-Latorre es un maestro en sostener sobre la tiorba los ostinati, pero, sobre todo, a la hora de fantasear con la guitarra barroca sobre las jácaras y los canarios de Gaspar Sanz. Pocos intérpretes hay que consigan que un instrumento de sonido tan frágil como la guitarra barroca sea audible de manera natural en un teatro de las dimensiones del López de Ayala. Su manera de adornar y glosar las danzas fue simplemente magistral.

Andrés Moreno Mengíbar

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