Crítica: El Réquiem de Verdi en el Liceu, una magnífica noche verdiana
MESSA DA REQUIEM (G. VERDI)
Gran Teatre del Liceu de Barcelona. 3 noviembre 2026
La programación de este Réquiem de Giuseppe Verdi había levantado una gran expectación, al menos en mí y en amigos míos aficionados a la ópera. Digo a la ópera, porque no existe para mí un Réquiem tan operístico como el que nos ocupa. Aparte de la expectación que levanta la obra, todavía venía acrecentada por los solistas anunciados. Para no alargarme más y responder al posible interés de mis amigos, diré que el espectáculo ha merecido la pena, siendo uno de los mejores Réquiem verdianos a los que he podido asistir y han sido muchos.
Para incidir más en lo escrito más arriba, puedo decir que son muchos los tipos de Réquiem que se han compuesto a lo largo de la historia, no todos religiosos, pero ninguno tan operístico como el del compositor de Busseto. De lo que no cabe ninguna duda es que las dificultades que tiene esta obra son muy grandes, tanto para orquesta y coro como para los cuatro solistas, que requiere auténticas voces verdianas. Todo ello lo hemos tenido en este caso, lo que ha hecho que el concierto haya sido tanto un deleite como un triunfo.
La dirección musical ha estado encomendada al italiano Nicola Lisotti, de quien siempre digo que muestra una identificación especial con la música de Giuseppe Verdi y, por tanto, su presencia al frente del concierto era una auténtica garantía de calidad. Y así ha sido. Incluso me atrevo a decir que superior a lo esperado, ya que pocas veces he visto vivir esta música con la intensidad y amor con que lo ha hecho Luisotti. La emoción ha estado presente, además de la calidad. En suma, una gran dirección por su parte.
Hay que destacar la prestación de la Orquesta Sinfónica del Liceu, siempre atenta a la batuta inexistente de Luisotti, Hemos disfrutado con la actuación de la orquesta. ¡Y qué decir del Coro del Liceu! Simplemente, ¡chapeau!

Nicola Luisotti
El cuarteto solista brilló en sus componentes, como pocas veces.
Ladies, first! La soprano noruega Lise Davidsen hizo una auténtica exhibición de cómo controlar una voz de volumen tan importante como la suya. Estamos ante una voz de gran calidad, tamaño más que notable y que además ella sabe cantar muy bien. Ya lo demostró en este teatro, debutando nada menos que el rol de Isolde. Nuevamente, hay que decir que el Libera me, Domine final fue de poner los pelos de punta.
La mezzo soprano rusa Aigul Akhmetsina ha tenido una destacada actuación. Su voz no tiene el tamaño de la de Lise Davidsen, pero ofrece volumen suficiente, calidad y canta con gusto. Su voz ha evolucionado y no es la mezzo soprano rossiniana de hace unos años. Su carrera va a ser importante.

Lise Davidsen y Aigul Akhmetsina
El tenor era Freddie de Tomasso, de quien siempre digo que tiene la voz más importante de tenor verdiano en la actualidad. Lo ha vuelto a demostrar, siendo el único de los 4 solistas en cantar sin partitura e hizo una gran exhibición de belleza vocal, cantando además con gran entrega. Su Ingemisco fu espectacular.
Finalmente, el bajo era el americano Christian Van Horn, que más me parece un bajo barítono que un bajo propiamente dicho. Cantó con gusto, siendo una de las mejores actuaciones que le recuerdo. No decepcionó en su comparación con sus espectaculares compañeros de reparto.
El Réquiem estuvo anunciado a la memoria Pau Casals, pero antes del inicio del concierto se ofreció por el descanso de los 69 fallecidos en el accidente ferroviario de Urda. El concierto comenzó con 5 minutos de retraso y tuvo una duración de 1 hora y 24 minutos. Seis minutos de atronadores aplausos, no habiendo saludos individuales. El Liceu ofrecía una entrada de alrededor del 85 % de su aforo.























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