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Por Publicado el: 03/10/2009Categorías: Crítica

Ambicioso pero irregular inicio en la OCNE

Temporada de la OCNE
Ambicioso pero irregular inicio
«Sinfonía Resurección» de Mahler. I.Monar, A.Larsson. Coro y Orquesta Nacionales de España. J.Pons, director. Auditorio Nacional. Madrid, 2 de octubre.
Josep Pons eligió ambiciosamente para abrir la temporada de la OCNE una sinfonía tan clave como la segunda sinfonía de Mahler, una de las escasas sinfonías que, como recuerda el muy malheriano José Luis Pérez de Arteaga en sus ejemplares notas al programa de mano, cuenta con un libro dedicado a ella, en este caso «The Haunting Melody» de Theodor Reik. Solistas, coro y orquesta al servicio de una partitura que habla de muerte y resurrección a la misma hora que Madrid16 sucumbía y parecía querer renacer en un hipotético Madrid20. Obra con mucha música prestada de piezas anteriores del propio autor, que comienza con un «Totenfeier» funerario en ritmo de marcha que, en pocos compases, sobrecoge al oyente con un poderosísimo fortísimo que ya presagiaban las cuerdas desde las primeras notas. Existen más tarde numerosos momentos de potentes dinámicas, pero ello no puede llevar a un director a la confusión y a una ceremonia del ruido, tal y como le sucedió a Pons. El segundo movimiento, por muy despreciado que fuera por Adorno, aporta el justo abandonado contrapunto antes de los sorpresivos golpes de timbal del «scherzo». Precisa mucha delicadeza y sutileza pero sin perder fuerza como se perdió en la ONE. Tampoco se logró una arquitectura sólida y coherente en ese maravilloso final que Mahler pergueñó a partir del «Aufersteh’n» de Klopstock escuchado en el funeral de su amigo Hans von Bülow. Cantó en él espléndidamente la contralto Anna Larsson -lo tiene grabado con Abbado y el Orfeón Donostiarra- y muy bien la soprano Isabel Monar, como también fue destacada la participación del coro y es mérito porque desde su etéreo inicio estamos ante una de las grandes páginas corales de la música aunque pueda no parecerlo. Lástima que a Josep Pons, o quizá a quién firma, se le cayese la obra como a Madrid su sueño olímpico. Gonzalo Alonso

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