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Por Publicado el: 08/04/2021Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

Beethoven, políticamente incorrecto

Beethoven, políticamente incorrecto

Todo empezó por un par de artículos en el Daily Mail y Telegraph. En ellos se venía a decir que en el claustro de la Universidad de Oxford se había instalado la preocupación sobre la “supremacía blanca” en los planes de estudio de música. A raíz del movimiento Black lives Matter, nacido en 2013, y tras las revueltas originadas por la lamentable muerte de Georg Floyd, habría quien considerase que tanta música de compositores blancos es algo insostenible en los tiempos actuales y más si gran parte de esta música proviene de los tiempos esclavistas. Para ellos la música no se habría desprendido de su conexión con el pasado colonial. Demasiado Beethoven y también demasiado Mozart. De la consideración nacionalista de Wagner hemos pasado a la supremacía blanca o colonialismo beethoveniano.

En esos artículos se afirmaba que, por ello, se estudiaría modificar los planes de estudio para reequilibrar la “hegemonía blanca”. No sólo los planes de estudio, sino también el profesorado y, si para ello era preciso enseñar más jazz o hip hop, pues a contratar profesores de color.

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Beethoven

La repercusión ha sido tan grande que la Universidad de Oxford ha tenido que salir al paso con un comunicado con el que ha intentado salvar los muebles. No se trataría de “arrinconar” a Beethoven, hombre y blanco, sino de “añadir una gama más amplia de música no occidental y música popular de todo el mundo de la que se ofrece actualmente, así como composición musical, psicología y sociología de la música, educación musical, dirección y mucho más”.

Aún más, una musicóloga feminista ha opinado que la “Novena” mostraba “la rabia asesina y estranguladora de un violador incapaz de lograr la liberación”. ¿Se puede alucinar más?

Pero el caso no es más que una muestra adicional de la sin razón que nos rodea. Porque, por las mismas, habría que añadir asignaturas centradas en las músicas de artistas femeninas o LGBTQ. ¿Es que vamos a introducir también las cuotas en la enseñanza, en los planes de estudio, en el profesorado y en las programaciones de espectáculos? ¿Vamos a exigir que los atriles de una orquesta se distribuyan por sexos? Del “profesores y profesoras, jueces y juezas… miembros y miembras…” damos un paso más.

También ha habido quien ha intentado argumentar lo pernicioso que sería reducir a Beethoven en las programaciones orquestales, ya que podría mermar los ingresos en las taquillas. A ello han respondido otros que menos Beethoven sería una forma de democratizar la música ya que, según ellos, esta música es la que gusta especialmente a las derechas. Ya ven que la polémica está absurdamente servida.

Próximamente trataremos también el tema del racismo en la ópera, de Otello a Aida, incluso de si las mezzos deben seguir abordando papeles masculinos como Cherubino us otros o un hombre ha de interpretar la Bruja de “Hansel y Gretel” o Baba la turca. Ya ven que lo políticamente incorrecto da mucho jugo. Esperemos que algún día recuperemos la sensatez. Gonzalo Alonso

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