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Por Publicado el: 14/08/2014Categorías: Entrevistas

Carmen Romeu: «La libertad que da Rossini hay que saber gestionarla»

Carmen Romeu. Foto: Polícrates

La soprano valenciana se afianza como Armida en la casa de Rossini

  • Lo importante no es ganarse un nombre, sino hacer las cosas lo mejor que puedas
  • Tengo mucho respeto al repertorio verdiano y al pucciniano
  • Este oficio es tan maravilloso que no se puede sufrir.

Aunque en España parece pasar de puntillas, la soprano valenciana Carmen Romeu acaba de conquistar al público del Festival de Pesaro, ciudad natal de Rossini, al que no falta desde 2011. Esta vez lo ha hecho en el papel titular de Armida, uno de los títulos rossinianos más exigentes. Un personaje escrito -como otra decena- para la especial vocalidad de otra española: la madrileña Isabel Colbrand, musa y, posteriormente, esposa de Rossini, que pasaría a la historia de la ópera como Isabella Colbran. Tras el estreno el domingo abriendo la presente edición, la prensa destacaba “el papel de Armida, defendido por una Carmen Romeu en estado de gracia”.

P. ¿Es importante para la voz educarse en un instrumento, en su caso el clarinete?

R. No tanto para la voz como para el conocimiento musical, y como experiencia en todos los aspectos de la formación. En cuanto a los instrumentos de viento como el clarinete, también en lo que respecta al control de la respiración diafragmática, que utilizas en los dos casos. Es un trabajo que tienes adelantado. Incluso toqué en una banda, algo tan típico en Valencia, y el haber estado pendiente del director es una disciplina, que no te viene de nuevas cuando empiezas a cantar. Pero la voz se educa cuando eres más mayor. De niño puedes cantar tal vez en un coro infantil, pero lo normal es que el registro cambie, y hasta llegar a adulto no sabes si la puedes utilizar o no como instrumento.

P. Una parte de su formación como cantante ha sido fuera de España.

R. Entre 2007 y 2011 estuve participando en el Opera Studio de Roma: tres encuentros de un mes al año con Renata Scotto, donde ante todo iba a perfeccionarme. Teníamos un profesor de escena y una profesora de técnica vocal que nos ayudaban en lo que necesitábamos. Trabajábamos repertorio y musicalidad, sobre todo dentro del bel canto. Pero mi formación técnica y vocal ha sido sobre todo y sigue siendo en Valencia, con Ana Luisa Chova.

P. Una maestra referencial

R. Porque tiene vocación por lo que hace. Le gusta y se vuelca en sus alumnos. No es una profesora que proponga una única vía: entiende que cada cual tiene un físico diferente y una vocalidad distinta, por lo que cada uno precisa algo determinado. Su trabajo se convierte en una labor de experimentación y reafirmación en esos experimentos. Lo más interesante es que te ayuda a conocerte a ti mismo, que es lo importante. A Ana le debo, aparte del trabajo técnico, la seguridad que me aportó como cantante y a nivel personal. Me dio, además de un gran apoyo, la posibilidad de abrirme a cursos, como el que trabajé con Brusson. Hay profesores que prefieen que sus alumnos no cuenten con otros conocimientos externos. Ana en ese aspecto es fantástica. Te deja enriquecerte, y también equivocarte. Porque igual que puedes aprender cosas fuera, también te puedes dar trompazos. Recuerdo un periodo en que me empeñé en aligerar la voz. Al final tenía la laringe en la frente. Una vez en ese punto, Ana, pacientemente, me hizo volver a mi cauce. Me dejó dudar, que me estrellase y que pudiera comprobar cuál era el error cometido. Y eso es muy importante en la formación. Porque cuando sigues una vía en la que ves todo como positivo, el batacazo puede ser más grande.

P.¿Qué le debe a Scotto?

R. Renata me ha dado la fascinación, el modo de ver todas las partituras de Donizetti, Bellini, además de Verdi y Rossini. El amor por este repertorio y cómo interpretarlo. Incluso los trucos. Trabajando con ella Traviata, me explicaba los resortes a los que recurría para intentar rendir mejor en cada momento. Pero antes que nada, le estoy agradecida por toda la experiencia y la sabiduría de una mujer que ha estado sobre el escenario muchísimos años, y al nivel al que consiguió llegar

P. Usted parece profeta en su tierra. En su ciudad natal se le han abierto puertas, como las de Les Arts

R. ¿Profeta en mi tierra?. He tenido la suerte de hacer Bohème y otros dos personajes más secundarios en las primeras temporadas del teatro.

P. ¿Cómo lo ve ahora?

R. Me da mucha pena el momento que atraviesa. Pero más aun la situación política, porque creo que es de ahí de donde proviene todo. Lo que se ha hecho en ese teatro ha sido de grandísima calidad. Cuando he actuado en él, he podido comprobar que toda la gente que trabajaba allí lo hacía intentando conseguir montajes de calidad superior. Se han buscado muy buenos directores sobre todo, que han conseguido formar una orquesta magnífica. Sería una pena que ahora desapareciese. Puedo decir, con toda la humildad del mundo que, cuando escucho el DVD de la Bohème que hicimos, llego a pensar a veces que sobramos nosotros, por lo conseguida que está la orquestación. ¡Es increíble cómo suena bajo la batuta de Chailly! . Y es por la motivación cuando estás en buenas manos. Nos sucede a todos. En esos momentos sacas de ti no el 100 por cien, sino el 200 por cien.

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P. El maestro Alberto Zedda la califica de valiente. ¿Por atreverse con un papel tan exigente como Armida o por hacerlo en el templo de Rossini?

R. (risas)… Más que ser valiente, debo de estar un poco tarada. De verdad. Me imagino que el maestro Zedda se estaba refiriendo al rol en sí que, como todos los que se conocen como personajes Colbran tienen una dificultad añadida sobre el resto de los caracteres rossinianos. Armida en particular, la considero más difícil que Desdémona o Donna del lago. No sé si porque la música, que aun siendo igual de admirable que en todos los rossinis serios, tiene una belleza diferente, porque está escrita de otra manera. La belleza en Armida es más sutil, y hay que buscar cómo interpretarla desde el punto de vista musical.

P. Y usted parece haber dado en el blanco

R. En el fondo estaría el haber creído profundamente en lo que me dijo Alberto Zedda cuando hice en Pesaro la Academia que dirige. Fue el quien me habló por vez primera de estos roles Colbran. En aquél momento, aunque el nombre me sonaba porque lo había estudiado en la formación histórico-musical, me preguntaba qué era, porque hasta ese momento no me había centrado en este tipo de repertorio, ya que la tendencia normal de una cantante es ir hacia las óperas más habituales del repertorio: las Mikaelas, las Bohèmes, las Traviatas, los Mozart… Cuando me puse a leer sobre Isabella Colbran me sentí un tanto identificada. No porque crea que somos iguales o parecidas, puesto que no hay una referencia auditiva para saber cómo cantaba. Pero sí por sentirme cómoda en un cierto tipo de vocalidad, que no es el típico de la soprano. Indagando, me fui dando cuenta de que en esos roles creados para ella me encontraba cómoda, aun con los retos que presentan. No se si cantaré alguna vez algo más difícil. En Traviata, siendo un papel muy particular, no he encontrado la misma dificultad que en estos otros.

P. De cualquier forma, ha encontrado gran familiaridad en Rossini, pensando en todos los personajes suyos que ha cantado ¿Cuestión de dominar determinadas reglas?

R. Es cuestión de conocer a fondo el lenguaje y dominarlo en la medida posible. Para ello tienes que entender ante todo la libertad que Rossini propone. Con otros compositores estamos más sujetos a la partitura: él te brinda la posibilidad de crear las variaciones que te permiten explotar al máximo tus cualidades vocales. De tal modo que, la partitura cantada por ti, será distinta a la lectura de otra cantante. Pero esa libertad de creatividad hay que saber también cómo gestionarla. A veces me surgen miedos, Dudo al plantearme si puedo o no hacer cierto tipo de variación o de cadencia. Me cuestiono si estará dentro del estilo o si me estaré pasando. Pero tengo la suerte de contar cerca con el maestro Zedda para preguntarle si lo que estoy haciendo es una barbaridad.

P. ¿Qué le dice Zedda?

R. Al principio siempre tiene unas variaciones escritas y me las pasa para que elija las que me vienen bien. Si no, modifícalas, me comenta, porque a lo mejor las escribió en un momento determinado para la Cuberli. En ocasiones, por el miedo a equivocarme, decido tomar unas con la idea de modificar algo. Pero veo que, ópera a ópera, eso va cambiando. Desde la primera que hice, en la que me encontraba más sujeta, hasta ahora, cuando me voy sintiendo más libre para crear la variación que me parece más adecuada para mí. Porque vas aprendiendo las herramientas.

P. De ahí la defensa por parte de los más puristas de las escuelas de canto, dependiendo del compositor. Después de hacer la Desdémona de Rossini ¿Haría la de Verdi? ¿Le ayudaría su experiencia previa?.

R. A ver… (dubitativa). Mi compañero de reparto en el Otello rossiniano, Gregory Kunde, me decía que podría hacer también la de Verdi. Seguramente tendrá razón, pero son Desdémonas escritas de manera distinta incluso dramatúrgicamente. En la de Rossini tiene más carácter que en la de Verdi, donde es más víctima. En Rossini es casi una heroína que provoca su muerte y se deja matar. Aunque ahora mismo no me lo planteo, es posible, pensando en el tipo de vocalidad, que más adelante pudiera. Pero a día de hoy, exceptuando Traviata, un personaje que te mantiene ágil, tengo mucho respeto al repertorio verdiano y al pucciniano. De modo que, por ahora prefiero seguir con Donizetti, Rossini o Mozart.

P. ¿Qué satisfacciones proporciona Rossini?

R. Muchas. Porque me tiene muy emocionada. Estoy muy enganchada a las personalidades de sus heroínas que, por suerte, son las que se adaptan a mi vocalidad. Los personajes Colbran, sobre todo. Porque son mujeres con mucho carácter. Con poder y con sus momentos de debilidad, pero siempre desde una personalidad muy fuerte. Y esto me gusta mucho. Ojalá algún día pueda cantar la Semiramide, para la que aun no me siento preparada.

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P. Después de haber cantado en Les Arts, el Maestranza y la Abao, en diciembre debuta otro personaje rossiniano la Rosina de El barbero de Sevilla, en Oviedo ¿cuándo van a llegar los grandes teatros nacionales?

R. Es verdad que en la relación se echan en falta el Liceu y el Real, pero no sé cuándo será el momento. He tenido la posibilidad de estar en estos dos teatros, pero he considerado que tal vez me convenía esperar a que lleguen los papeles en los que me sienta cómoda, porque son buenos para mí. Prefiero cantar dentro de un tiempo, si es posible y me dan la oportunidad de hacer un rol que me resulte gratificante.

P. Por ejemplo

R. La Elettra, de Idomeneo, es un personaje que estoy deseando hacer. O la Fiordiligi de un Così fan tutte. Hablo de Mozart, porque creo que nos referimos a teatros en los que para otros títulos, como las reinas donizettianas -que veo como un camino a seguir porque siento que mi voz va hacia esos derroteros-, creo que tienen mucha más calidad las cantantes con un cierto renombre ganado por el bagaje que acredita determinada carrera. Por eso digo que Mozart es un compositor que deja un poco más abierta la puerta para que una voz joven pueda debutar en un rol interesante.

P. En el Teatro de la Zarzuela de Madrid hará esta temporada Clementina ¿Se siente fuerte para preparar papeles nuevos, con el esfuerzo que supone estudiarlos, a riesgo de no volverlos a interpretar?

R. (más risas)… soy un poco soprano de edición crítica. Estoy convencida, porque constantemente hago títulos que difícilmente se volverán a repetir. No por falta de calidad musical, sino porque existe una cierta tendencia o modas que se siguen según el momento para programar unos títulos u otros. A ver si Clementina encuentre su camino y se pueda volver a representar después de La Zarzuela, porque desde el punto de vista musical esta obra de Boccherini es muy interesante. Al margen de que en los teatros, fuera del repertorio habitual, resulta enriquecedor apostar por otros títulos.

P.Con el paso del tiempo ¿Le resulta más fácil aceptar un nuevo papel o le supone más compromiso?

R. A veces aparece un factor a tener en cuenta, que es el tiempo. Cuando empiezan a surgirte más posibilidades de cantar en teatros, aunque tengas la voluntad de aceptarlo todo, te das cuenta de que debes tener la inteligencia suficiente para organizarte muy bien el día a día, porque llegar a un teatro sin la preparación necesaria es muy arriesgado. Hay momentos en los que se sufre y, aunque a veces no se pueden evitar los nervios, este oficio es tan maravilloso que no se puede sufrir. Tienes que disfrutar de él. Si trabajas en la música es porque te apasiona. No por razones de rentabilidad económica, que no encajan en mi mentalidad.

P. Entre esas obras que tienden a olvidarse están las de los contemporáneos, en las que ha incidido con Ainadamar, de Golijov, o Las brujas de Venecia, de Philip Glass. ¿Cómo se siente con esa música?

R. Es diferente. Para escuchar, me gusta, porque son obras muy complicadas, que te hacen crecer en lo que respecta a la idea de la medida musical. Pero desde el punto de vista personal, debo decir que me interesa mucho más la música de Rossini, Donizetti o Verdi. A la hora de interpretar, me quedo con los autores más clásicos o románticos, por la expresión que te permiten. Me gustaría mucho hacer una Cleopatra de Händel. Como se ve, siempre pensando en personajes de carácter.

P. En el terreno zarzuelístico también se ha sumergido. Tanto es así, que su nombre en Madrid se asocia a zarzuela ¿La seguirá defendiendo?

R. Me gusta mucho, y pienso que los cantantes españoles tenemos el deber de defender la gran cantidad de obras maravillosas que hay escritas dentro del género de la zarzuela. Y también de la ópera española, porque títulos como Margarita la Tornera, o la propia Marina, no dejan de ser óperas. Creo que es muy importante incluso para nuestra propia formación en cuanto al trabajo actoral. Verte obligado a decir un texto cuando estás acompañado en el escenario por grandes actores, como Luis Varela, con quien compartí reparto en El Manojo, te sirve después para otro tipo de repertorio. Sin ir más lejos, a la hora de decir los recitativos. Al margen de esto, estoy convencida de que debemos salvarlo como género, porque no tiene nada que envidiar a otros, como la opereta. Me gusta mucho lo que está haciendo Paolo Pinamonti, rescatando títulos que hace muchísimo tiempo que no suben a las tablas. También es verdad que hay algo que se hace con la zarzuela y no me gusta, y es que, aparte del Teatro de la Zarzuela, hay veces en las que se programa de tal modo que parece un género al que hay que maltratar, sirviéndolas incluso de mala manera. Yo intentaré hacer siempre zarzuela de buena calidad: con un buen montaje, un buen director musical, un buen director de escena y buenos cantantes, de los que hay muchos en España.

P. Aparte del Barbero de Oviedo, ¿qué le queda pendiente en España?

R. Soy la del début contínuo. A veces me pregunto por qué una vez hecha Traviata no me salen unas cuantas. Pero también comprendo que es complicado en este título, donde una cantante más o menos conocida llena el teatro. En esto no tengo nada que comentar, porque todas mis compañeras que canten este papel tienen que ser maravillosas, porque es complicado de afrontar.

P. Usted se va ganando el puesto a pulso

R. Voy poco a poco, y pienso que lo importante no es ganarse un nombre, sino hacer las cosas lo mejor que puedas y con la mejor calidad. A partir de ahí es la gente que está fuera quien te pone el nombre en función del valor que consideran que tienes. La Rosina de El barbero, me apetecía mucho. Cuando empecé a estudiar canto, interpretaba en clase el aria de Rosina como mezzosoprano porque, como sabemos, existen las versiones de soprano y mezzo. Desde entonces, como mi vocalidad es un tanto híbrida, no me apetece hacer la versión típica de soprano, y me decanto más por hacerla más cercana a la de mezzo, pero con mis propias variaciones. Creo que va a ser un Barbero diferente, un tanto particular. Siempre respetando la música de Rossini, pero creando un personaje a medida. Por otra parte, además de Clementina, está pendiente La flauta mágica que cantaré en Coruña. Es un proyecto reciente y me parece otro desafío. Hubo un momento en mi vida en que le tenía un cierto miedo al aria Ach Ich’s Fuhls, tan corta y complicada como maravillosa, sobre todo en intensidad. Pero igual que digo que hace años no habría aceptado el papel, creo que ahora estoy preparada para cantarlo.

Juan Antonio Llorente

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