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Por Publicado el: 30/11/2013Categorías: Crítica

CRÍTICA: El olvidado y despreciado Meyerbeer triunfa en Venecia

El olvidado y despreciado Meyerbeer triunfa en Venecia

L’AFRICAINE (G. MEYERBEER)
Teatro de La Fenice de Venecia. 29 Noviembre 2013.

El caso de Giacomo Meyerbeer es casi único en la historia de la ópera. De ser el compositor más popular en la primera mitad del siglo XIX, ha pasado a ser despreciado por los teatros en la actualidad (de hecho, llevamos bastantes décadas así). No es que el aficionado haya vuelto la espalda a Meyerbeer, ya que las pocas representaciones que se hacen de sus óperas son bien recibidas por el público, como se ha demostrado en la que ahora nos ocupa, sino que son los programadores de los teatros los que toman las decisiones con criterios que poco tienen que ver con los gustos del público.


En lo que a L’Africaine se refiere bastará decir que en Venecia no se representaba desde finales del siglo XIX y que esta ópera apenas se ha podido ver en los últimos años fuera de Alemania, y en teatros más bien secundarios. En lo que se refiere a nuestro país hay que echar el calendario para atrás y bastantes décadas para encontrar una representación
de esta ópera.

Esta temporada se conmemora el 150 aniversario de la muerte de Meyerbeer y Venecia ha querido celebrarlo ofreciendo su ópera póstuma. En el teatro uno se encontraba con aficionados venidos de otros países y no faltaban aficionados y periodistas españoles. No es, por tanto, coincidente el gusto de los programadores de lo teatros de óperas con el de los aficionados.  La representación ha sido muy bien recibida, con una producción escénica interesante y atractiva, una correcta dirección musical, y un reparto de altura en los tres principales personajes.

El autor de esta nueva producción es el cineasta italiano Leo Muscato, que hace un trabajo más interesante que el que ofreció en Parma con I Masnadieri. La escenografía de Massimo Checchetto resulta atractiva dentro de una gran simplicidad durante buena parte de la representación. En cuatro de los cinco actos el escenario está ocupado por una superficie inclinada, a la que se le añaden elementos de atrezzo para figurar las distintas ambientaciones. En el acto III el escenario figura un barco y está muy bien conseguido. De gran belleza el último acto, en el que la plataforma mencionada está muy bien iluminada por Alessandro Verazzi, figurando el mar, al que se añade un precioso árbol, del que la protagonista tomará el veneno que la llevará a su sacrificio. La acción se desarrolla en la época prevista en el libreto y cuenta con un adecuado vestuario de Carlos Tieppo, que resulta colorista en el acto IV, con atuendos tipo hindú para coro y figuración.

La dirección escénica de Leo Muscato narra bien la retorcida y complicada trama de triángulos y cuadriláteros amorosos, utilizando los inicios de cada acto para hacer un alegato anticolonialista, a base de proyecciones de videos, lo que no está en absoluto alejado de las intenciones del propio Meyerbeer. En resumen, es un trabajo atractivo y bien hecho, notablemente mejor que el mencionado más arriba de Parma.

La dirección musical estuvo encomendada al francés Emmanuel Villaume, que llevó la obra bien controlada en una lectura correcta. No deja de ser una pena que para una ocasión tan especial como ésta no se haya contado con un director de primera línea, pero quizá también ellos consideran que Meyerbeer no es digno de atención. Nada que objetar a la buena prestación de la Orquesta del Teatro de La Fenice, con un sonido notable. Buena también la actuación del Coro de La Fenice. La versión ofrecida tuvo cortes, lo que es bastante más que natural en una opera como ésta, y entre ellos se incluyó el ballet.

Sorpresa agradable fue la Selika de Verónica Simeoni, que ofreció una interpretación lírica del personaje, alejada de aspectos dramáticos, como los que hemos podido escuchar en grabaciones históricas de la ópera. Es lógico que sea así, ya que esta cantante no tiene un instrumento muy poderoso y con mucha anchura. Lo que aportó fue musicalidad y delicadeza. Interpretación válida, aunque no sea del gusto de todos.

Gregory Kunde fue un notable intérprete de Vasco de Gama. El caso de este cantante es verdaderamente llamativo, ya que el éxito le ha llegado a una edad en la que los cantantes están  pensando en la retirada. El americano se ha convertido en poco tiempo, y a sus casi 60 años, en el tenor de moda en un repertorio muy exigente. Su interpretación fue francamente buena, sin rehuir los momentos y notas más comprometidas. Cantó de forma digna de elogio la esperada aria O, Paradis, aunque se pudo echar en falta una voz de mayor belleza.

A destacar la actuación de Jessica Pratt como Inés, intérprete sensible y cantante de muy buen gusto, con una voz de soprano lírico-ligera de timbre atractivo y muy bien manejada, a la que acompaña una bella figura.

El barítono Angelo Veccia fue un Nelusko poco adecuado para las exigencias vocales del personaje. Puede hacer un buen Marcello o alguno de los barítonos líricos de Verdi, pero Nelusko necesita una anchura y un timbre más dramático que el suyo. Fuerza la emisión en más de un momento, siendo lo mejor que nos ofreció la escena final con Selika.

Los numerosos personajes secundarios fueron cubiertos con más eficacia que brillantez. Luca Dall’Amico fue un Don Pedro basto y sin interés. Deficiente también Davide Ruberti como Don Diego, el padre de Inés. Adecuado el tenor Emanuele Giannino como Don Alvar. Pasable. Mattia Denti como Gran Inquisidor de Lisboa. Rubén Amoretti fue un buen Sacerdote de Brahma, un tanto corto de poderío vocal. Bien, Anna Bordignon en la parte de Anna, la compañera de Inés.

La Fenice ofrecía una entrada magnífica, con muy pocos huecos en las localidades de esta joya de teatro.  El público se mostró cálido y receptivo durante la representación, dedicando una buena acogida a los artistas en los saludos finales, especialmente a Gregory Kunde y a Veronica Simeoni.

La representación comenzó con 4 minutos de retraso y tuvo una duración total de 4 horas y 2 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 2 horas y 57 minutos. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 165 euros, habiendo butacas de platea por 148 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 137 y 99 euros. La entrada más barata costaba 66 euros.  José M. Irurzun

 

L’AFRICAINE (G. MEYERBEER)

Teatro La Fenice de Venecia. 30 Noviembre 2013.

Estas representaciones de L’Africaine se han dado con doble reparto, siendo éste elsegundo de los programados, que, lógicamente, ha tenido un resultado inferior al primero, aunque ha habido cantantes de interés en algunos casos.

Nada tengo que añadir a lo escrito ayer sobre la producción de Leo Muscato. Únicamente, señalaré que, habiendo tenido mejor visión del escenario en esta ocasión, me ha parecido también interesante lo presentado en escena en los dos primeros actos,especialmente en el acto de la prisión.

La dirección de Emmanuel Villaume me ha vuelto a gustar, quizá abusando de volumen en algunas ocasiones. La nueva Selika era Patrizia Biccirè, que ha sido una intérprete correcta, aunque un tanto modesta. No pasa de ser una soprano puramente lírica, lo que resulta insuficiente para el personaje. Su canto es adecuado, aunque bastante monótono por escasez de colores en su voz. Su mayor problema radica en las notas graves, que son muy cortas.

Hacía bastante tiempo que no escuchaba en directo al tenor Antonello Palombi, cuya carrera se ha venido desarrollando en los últimos años en Estados Unidos. Le he encontrado muy cambiado. Tiene dos voces muy distintas. Un centro baritonal y de anchura y volumen excepcionales, de las que no se estilan, mientras que a partir del paso la voz se estrecha, aunque tiene cierto atractivo, quedando comprometido en las notas altas. No está precisamente sobrado de buen gusto en su canto, con abuso de decibelios en muchas ocasiones.

                                                                       Luca Grassi, Patrizia Biccirè y Antonello Palombi

Muy buena impresión la dejada por la joven (26) soprano checa Zuzana Markova en la parte de Inés. Es una soprano ligera, con una voz más oscura que lo que es habitual en este tipo de cantantes. La voz es atractiva, canta con expresividad, es fácil en agilidades y no tiene problemas en las notas más altas, aunque el timbre se haga un tanto metálico. Es una joven atractiva y muy alta, a la que no será fácil complementarla con un tenor del mismo tipo. El barítono Luca Grassi fue un Nelusko más adecuado que Angelo Veccia el día anterior. La voz tiene calidad y cierta anchura, aunque también tiene tendencia a buscar volumen sin necesidad. Para los madrileños que crean que no le conocen, les diré que fue el barítono que salvó Pescadores de Perlas en el Teatro Real, cuando MariuszKwicien se retiró al terminar el primer acto.

En los personajes secundarios repetían actuación los mismos intérpretes del día anterior. El Teatro de la Fenice estaba prácticamente lleno. El público se mostró cálido en los aplausos finales, no faltando bravos para los principales protagonistas, especialmente para Luca Grassi. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 4 horas y 1 minuto, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 2 horas y 55 minutos, dos minutos menos que la del día anterior. Seis minutos de aplausos.

                                                                                               Interior de La Fenice

El precio de la localidad más cara era de 205 euros, habiendo butacas de platea al precio de 180 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 159 y 110 euros. La localidad más barata costaba 77 euros. Llama la atención que los precios sean notablemente más altos que para el primer reparto. La explicación no es otra que la de coincidir con fin de semana, que parece que anima a los turistas a asistir al teatro, aunque yo no vi japoneses en La Fenice y sí en las góndolas. José M. Irurzun

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