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Crítica: Buena siembra en la Joven Orquesta del País Vasco
Por Publicado el: 18/07/2026Categorías: En vivo

Crítica: Ermonela Jaho y Benjamin Bernheim abren Peralada

Peralada abre su 40 aniversario con Ermonela Jaho y Benjamin Bernheim, una pareja por la que pocos hubieran apostado y que funcionó.

Arias y dúos de Cilea, Puccini, Verdi, Gounod y Massenet. Ermonela Jaho, soprano y Benjamin Bernheim, tenor. Marcos Madrigal, piano. Iglesia del Carme, Castell de Peralada, 17 de julio de 2026

Benjamin Bernheim y Ermonela Jaho en Peralada

Benjamin Bernheim y Ermonela Jaho en Peralada © Miquel González

Ermonela Jaho y Benjamin Bernheim suponen una de esas combinaciones vocales que uno diseña sobre el papel y sólo se entienden cuando suenan. Ella, todo temperamento y vibrato, una cantante que se entrega sin reservas al drama, mientras que él, disciplina y control, un tenor que resuelve cada frase con una pulcritud casi quirúrgica. La lógica decía que el resultado sería un desequilibrio. La realidad, el viernes en la iglesia del Carme, demostró justo lo contrario: la fricción entre ambos temperamentos generó una electricidad que ninguno de los dos quizá habría conseguido en solitario.

El festival celebra sus cuarenta años sin haber podido regresar a los jardines del castillo, su escenario histórico, por cuarto verano consecutivo. Sería fácil interpretar esa ausencia como una carencia. Pero lo cierto es que la programación ha sabido convertir la limitación en identidad: la iglesia, el Mirador y, este mismo verano, el Palau de la Música Catalana —donde acogerá a la Orquesta del Festival de Bayreuth— han demostrado que Peralada no necesita un único espacio para seguir siendo Peralada.

El recital inaugural se planteó como un homenaje a grandes voces que han pasado por el festival a lo largo de estas cuatro décadas, según explicó el director artístico Oriol Aguilà antes de que sonara la primera nota.

En el recital escuchamos a Verdi, Puccini, Cilea y Massenet. Sorprendió que no hubiera ni una sola propina al final, algo verdaderamente insólito . El calor del interior de la iglesia, sofocante a esas alturas de la velada, explica en parte la decisión: Jaho había entregado todo lo que tenía en la escena final, y pedirle más habría sido pedir demasiado.

Bernheim fue, con matices, el gran triunfador de la noche. Su instrumento posee esa rara combinación de belleza tímbrica y técnica que le permite pasar del piano más delicado al forte pleno sin que la línea pierda elegancia. Su Ah! Lève-toi, soleil! de Roméo et Juliette tuvo la temperatura justa, ni excesiva ni fría, y su Pourquoi me réveiller del Werther —pieza favorita del tenor— confirmó por qué. Hubo además una pista sobre su futuro inmediato: una E lucevan le stelle medida con inteligencia, casi como un adelanto de su próximo debut como Cavaradossi en Berlín. Domar la acústica complicada de una iglesia que no fue construida para el canto lírico, alternando la emisión más delicada con el chorro de voz pleno es un mérito que pocos tenores de su generación pueden reivindicar hoy.

Jaho aportó una entrega dramática capaz de convertir cada frase en emoción. Su instrumento no tiene la pulcritud de Bernheim ni lo pretende; lo suyo es otra cosa, una entrega emocional que elimina cualquier reserva técnica que pudiera señalársele. El pianista Marcos Madrigal, cubano afincado en Italia y descubierto por Martha Argerich, acompañó con una clase que trascendía el mero acompañamiento

El clímax llegó con la escena final de Manon. Jaho abrió con el desgarro de Allons! Il le faut…, Bernheim respondió con la resignación de Ah! fuyez, douce image, y ambos se fundieron en el reencuentro de los amantes, ese instante en que ella pregunta si su mano y su voz aún significan algo para él. Fue el momento en que sus dos maneras opuestas de entender el canto convergieron, cada una aportando lo que a la otra le faltaba.

Cuarenta años después de su fundación, Peralada sigue sabiendo administrar sus propias contradicciones. Que lo haga sin jardines, sin propinas y con una pareja vocal por la que pocos hubieran apostado de principio, dice mucho de su instinto artístico. Felices cuarenta. H.P. Foto: © Miquel González

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