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Por Publicado el: 14/02/2021Categorías: En vivo

Critica: Eschenbach y Buchbinder, nos vamos poniendo viejos…

Christoph Eschenbach

Nos vamos poniendo viejos…

 

ORQUESTRA DE VALÈNCIA. Christoph Eschenbach (director). Rudolf Buchbinder (piano). Programa: Obras de Beethoven (Concierto para piano y orquesta número 5, “Emperador”. Sinfonía número 1). ­Lu­gar:Palau de les Arts (Auditori). Entrada: Alrededor de 600 personas. Fecha: jueves, 11 febrero 2021.

“Nos vamos poniendo viejos”. Escribe el poeta y cantan los nuevos trovadores, desde Mercedes Sosa a Pablo Milanés. El verso del eterno Mario Benedetti viene a cuento del deficiente concierto ofrecido el jueves por la Orquestra de València junto con dos glorias tan veteranas como el pianista Rudof Buchbinder y el director -y también pianista de fuste- Christoph Eschenbach. El tiempo pasa, sí, pero no igual para todos. Mental y físicamente. Todos recordamos la lucidez del viejo Celibidache, el nervio octogenario de Günter Wand o al mismo Achúcarro tocando hace apenas unas semanas la Tercera sonata de Brahms en el Teatro Principal a sus joviales 88 primaveras.

No es el caso del flamante octogenario Christoph Eschenbach (1940), que en su debut con la Orquestra de València materializó una Primera sinfonía de Beethoven impropia de él y de los profesores que tenía ante sí. Faltaron ensayos, el trabajo artesano que pule una versión que fue, más que en bruto, brutísima, de brocha más gordísima que gorda. También la exigencia derivada del respeto que merecen la música por sí misma y el público. Los robustos y solemnes acordes de la lenta introducción del Adagio moltoque abre la sinfonía anunciaron lo que pronto se certificó versión desajustada, cargada de imprecisiones, entradas en falso, patinazos instrumentales y desafinaciones que desbordaron el límite de lo admisible. Se rozó el descalabro, con episodios casi más propios de bandurria de estudiantina atintorrada que de una orquesta profesional hecha y derecha.

Fue una Primera de Beethoven plúmbea e irritante. Sin vigor ni pulso. Plana y tediosa. Un fiasco en cuatro movimientos, inesperado en un artista como Eschenbach, cuyo hacer siempre siempre –más como pianista que como maestro- ha estado marcado por la excelencia. Hoy, a sus ochenta largos años y sin apenas ensayar, lo que se escuchó en la poco propicia acústica del Auditori del Palau de les Arts fue un crematístico bolo sin be de Beethoven. Es evidente que incorporar el nombre de Christoph Eschenbach a la nómina de maestros que han trabajado con la Orquestra de València reluce y hasta da esplendor, aunque el precio a pagar sea tan elevado como el abonado al maestro alemán y conlleve la decepción de los que asistimos a este concierto de trámite que ninguna otra cosa aporta a la orquesta que engordar currículo.

Seis años menor que Eschenbach, Rudolf Buchbinder (1946) es un viejo conocido y hasta amigo frecuente de la Orquestra de València y del Palau de la Música, en cuya Sala Iturbi ya interpretó en noviembre de 2010 los cinco conciertos para piano de Beethoven con él mismo tocando y dirigiendo. Beethoveniano heredero de la tradición vienesa, once años después de aquellas interpretaciones, ahora más delgado y envejecido, su Concierto Emperador mantiene muchas de las cualidades que le han establecido como uno de sus mejores valedores actuales. La misma impecabilidad técnica, regularidad expresiva e identificación y lealtad con una partitura que parece consustancial a él, con la que ha vivido, convivido y crecido durante más de medio siglo.

Incómodo con una situación a todas luces ingrata, las miradas de Buchbinder a los instrumentistas pidiéndoles lo que no reclamaba el podio reflejaban la realidad. La realidad de una versión en la que el solista no encontró el empuje ni la energía del Beethoven plenamente romántico que estrena en 1812 en Viena el Concierto Emperador, “broche de oro final al estilo heroico del maestro de Bonn”, al decir de Rafael Carabella en las notas al programa. Desencorsetado del podio y de la orquesta, el mejor y menos ajeno Buchbinder, y también el mejor Beethoven, llegaron fuera de programa, en la propina del Allegretto final de la Sonata La tempestad que en solitario tocó de regalo. Justo Romero

Publicado en el diario Levante el 13 de febrero de 2021

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