Plan de suscripciones

Suscribirse a la Newsletter de Beckmesser

¡No te pierdas ninguna noticia!

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Oferta de empleo a economista o similar

oferta-de-empleo

Busca las entradas de cada mes

Últimos tuits de Beckmesser

Barenboim Escorial flores con AlondraCrítica: Barenboim en El Escorial
Critica: Concierto redondo: gran maestro Francisco Valero Terribas, estupendo solista Carlos Giménez, fascinante sinfonía de Kalínnikov en el Palau de la Música
Por Publicado el: 20/09/2026Categorías: En vivo

Crítica: Mahler con Nagano y la OCNE, luz primordial

Mahler con Nagano y la OCNE: luz primordial
Obras de Urquiza y Mahler. Jane Archibald, soprano y Christina Bock, mezzosoprano. Orquesta y Coro Nacionales de España. Director del Coro: Miguel Ángel García Cañamero. Director musical: Kent Nagano. Ciclo Sinfónico 01 de la Temporada 26/27 de la OCNE. Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, 19 de octubre

Nagano con Mahler y la OCNE

Saludos

Decía Dylan Thomas aquello de «No entres dócilmente en esa buena noche / la vejez debería delirar y arder cuando se acaba el día; / rabia, rabia contra la luz que se esconde». No es una mala definición para la Segunda Sinfonía de Mahler, una obra capital no solo por su valor musical sino también por el tejido simbólico que construye a su alrededor: una recurrente piedra fundacional para los cambios de época. Le valió en su día a Abbado en Lucerna, también a Afkham para celebrar un inicio de ciclo y, como no, a Kent Nagano, el nuevo director titular y artístico de la OCNE. Y funciona de manera tan lúcida porque no implica un ennegrecimiento del pasado, no reniega de todo lo anterior. En la sinfonía, según las propias palabras de Mahler, se “conduce al sepulcro” al héroe imaginario y victorioso —el “Titán”— de la Primera. En el final de la Segunda nos traslada al otro lado del umbral, allá donde la luz nos ciega y finalizando esa tumultuosa búsqueda espiritual que se acompaña de los versos de Klopstock. Lo importante no es renacer sino el mundo al que renaces.

Nagano no desaprovechó la oportunidad en su estreno con la OCNE, con tanta sutileza como vehemencia. Una reivindicación inicial: la música de nueva composición no es una cuota, es un diálogo o un baile de parejas que adquiere todo su valor cuando se entrelaza en igualdad con el resto del programa. Así que el primer sonido que se escuchó sobre el escenario del Auditorio en la “era Nagano” fue una nota recién compuesta, la que abría Deseo tomó delicia de Mikel Urquiza, una obra fronteriza que plantea una mirada de inmensa curiosidad sobre el hecho musical. Los fragmentos de la poesía de Safo de Lesbos adquieren un sentido de atemporalidad con un tratamiento musical diáfano que subraya la traducción de Anne Carson, y donde los metales, la percusión y el arpa construyen un lenguaje único capaz de trasladar al público a ese lugar de la evocación que el coro, con un tratamiento hermoso, casi deletrea. Y, en ese momento final de la obra, tan habitual para el aplauso y subida al escenario del nuevo compositor, la Resurrección de Mahler entró en attacca, sin pausa, formando parte orgánica de una conversación íntima.

La visión de Nagano de la Segunda Sinfonía de Mahler es extraordinariamente arquitectónica. Hay una cuidada planificación del balance de los instrumentos, una estratificación de los planos sonoros que permite entender la riqueza tímbrica que trabajó Mahler como si fuera una sucesión de transparencias observadas al sol. La idea es que esa superposición será la que abra el odre de Pandora, el lirismo último de la obra, sin tener por qué frasear con afectado sentimentalismo ni entregarse al exceso emocional con el que en ocasiones se traduce a Mahler.

Los contrastes del primer movimiento, el de la muerte del héroe, se leyeron con intensidad y sin sobrecargar la lectura dramática. El Andante moderato, cantado diáfanamente por los chelos, permitía una desinhibición necesaria para afrontar el paseo por la inocencia juvenil que relata. La cuerda ha encajado rápido la gestualidad de Nagano, que anticipa las entradas con algo más de tiempo y dedica esfuerzos expresivos a las líneas melódicas menos obvias, a la construcción intermedia de la partitura. El sarcasmo del tercer movimiento quedó un tanto apartado en una lectura cuidadosa centrada en el diálogo de las cuerdas y buscando esa precisión que se hará más exacta a medida que orquesta y director se conozcan mejor. “Urlicht” —“Luz primordial”—, una de las melodías mahlerianas más hermosas, emergió casi desde el coro, sumando minuciosamente la voz de Christina Bock y despojándola de cualquier protagonismo innecesario. Gran lectura del viento madera del último movimiento, donde su lugar parece opacado por el metal pero que Nagano supo reivindicar y llevar a una construcción de cada clímax que obviaba el vértigo gratuito de otras versiones. Hubo el necesario silencio final al terminar la obra, y luego la algarabía esperada para celebrar el nacimiento de algo hermoso. Una resurrección pertinente no por huida del pasado sino por pura celebración de lo por venir. Mario Muñoz Carrasco

Deja un comentario

banner-calendario-conciertos

calendario operístico