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NUEVAS PERSPECTIVAS DE UNA OBRA MAESTRA  Janacek: Jenufa. Vanessa Goikoetxea, Elisk Weissova, Alejandro Roy, Joan Laínez, Cristina Faus, Gabriel Alonso, Javier Agudo, Andrea Varela, Belén Vaquero, Ruth González. Dirección musical: José Miguel Pérez Sierra. Director de escena: Emiliano Suárez. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Ana Garay. Iluminación: Luis Perdiguero. Director del Coro. Fernando Briones. Orquesta Sinfónica de Galicia. Coro Gaos. Palacio de le Ópera, A Coruña, 17 de septiembre de 2026.Crítica: 'Jenufa' de Janacek, por primera vez en A Coruña. Nuevas perspectivas de una obra maestra
Por Publicado el: 20/09/2026Categorías: En vivo, Sin categoría

Critica: Concierto redondo: gran maestro Francisco Valero Terribas, estupendo solista Carlos Giménez, fascinante sinfonía de Kalínnikov en el Palau de la Música

Concierto redondo: gran maestro, estupendo solista, fascinante sinfonía

CONCIERTO EXTRAORDINARIO. Programa: Obras de Casablancas (Tres epigramas para orquesta), Glazunov (Concierto para saxofón y cuerdas, en Mi bemol mayor), y Kalínnikov (Primera sinfonía). Solis­ta: Carlos Giménez (saxofón alto). Director: Francisco Valero Terribas. ­Lu­gar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1.500 espectadores. Fecha: viernes, 18 septiembre 2026.

Concierto redondo: gran maestro, estupendo solista, fascinante sinfoníaCONCIERTO EXTRAORDINARIO. Programa: Obras de Casablancas (Tres epigramas para orquesta), Glazunov (Concierto para saxofón y cuerdas, en Mi bemol mayor), y Kalínnikov (Primera sinfonía). Solis­ta: Carlos Giménez (saxofón alto). Director: Francisco Valero Terribas. ­Lu­gar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1.500 espectadores. Fecha: viernes, 18 septiembre 2026.

Carlos Giménez y Francisco Valero Terribas

Gran y redondo concierto de la Orquestra de València en su sede del Palau de la Música en su reaparición tras el largo periodo estival. Por el programa, por la propia orquesta, por el solista y por el trabajo minucioso, lúcido y siempre inspirador de Francisco Valero Terribas, maestro siempre con cosas interesantes que decir y expresar. En esta ocasión, ha vuelto al podio de la OV con la Primera sinfonía de Vasíli Kalínnikov como plato fuerte.

Sinfonía maestra donde las haya, sin nada que envidiar a las mejores páginas sinfónicas de Chaikovski, la Primera de Kalínnikov es apasionadamente rusa. Compuesta entre 1894 y 1895, sus cuatro movimientos podrían estar firmados al alimón por Chaikovski, Rimski o Borodín. Su rica orquestación es pareja a la profusión y belleza de los temas populares recurridos. Un obra maestra que incomprensiblemente, y pese a haber sido grabado por maestros con Toscanini, Scherchen, Svetlánov, Kondrashin, Neeme Järvi o Ashkenazi, no tiene el lugar que merece en las perezosas programaciones actuales.

Valero Terribas, maestro en plenitud con una carrera inteligentemente trazada entre América y Europa, y director de cabecera en su generación española, se volcó en una versión opulenta, brillante, lírica y efusivamente arraigada en sus raíces populares. La dirigió con la soltura, cercanía, entrega y dominio de quien se enfrenta a la Quinta de Beethoven o la Patética de Chaikovski. Bien interiorizada y de memoria, dato que, aunque irrelevante, sí es significativo.

Tiempos vivos y radiantes, escrupulosamente calibrados. Enfatizados, pero sin exageraciones ni lacrimogenerías. Hizo lucir y relucir los solos que inundan la partitura (bravo el trompa solista, Santiago Pla), y enunció el bellísimo y enigmático segundo movimiento (Andante commodamente) con quieta y matizada expresión. Naturalmente, al final de tan brillante y hermosa versión, tras el exuberante Allegro moderato conclusivo, el público estalló en una ovación de las que hacen época. No era para menos: al descubrimiento de una obra maestra se sumó la excelencia de su interpretación.

Pero no fue la única maravilla de un programa que comenzó con los bien recibidos y aplaudidos Tres epigramas para orquesta que escribe el sabadellense Benet Casablancas (1956) en 2001, y se completó con el Concierto para saxofón alto y cuerdas de Alexánder Glazunov, quien firma esta partitura en un solo movimiento y de clara raigambre romántica en 1935, ya septuagenario y cuando apenas le quedaban unos meses de vida.

Como solista de campanillas, el valenciano Carlos Giménez (Benimodo, 1993), un as del saxofón que, estupendamente secundado por Valero Terribas, cantó y se explayó con sonido penetrante y transparencias inusitadas en una versión que hoy es referencia. Iturralde, que tanto tocó este concierto de conciertos entre los saxofonistas, hubiera aplaudido con decidido entusiasmo. Tanto como lo hizo el público valenciano. Giménez, que además de virtuosismo instrumental derrochó tablas y personalidad, cerró su actuación con el regalo de una susurrada melodía del Cantar del alma de Mompou. ¡Imagínense! Justo Romero

Publicado en el diario Levante el 19 de septiembre de 2026.

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