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Por Publicado el: 09/07/2021Categorías: En vivo

Crítica: El misterio de lo primordial. Crumb-Lorca Project del Festival de Granada

CRUMB-LOCA PROJECT (70º FESTIVAL DE GRANADA)

El misterio de lo primordial

Crumb-Lorca Project. Taller Atlántico Contemporáneo. Director: Diego García Rodríguez. Centro Federico García Lorca. Festival de Granada. 6 y 7 de julio de 2021.

Taller Atlántico Contemporáneo. Proyecto Crumb-Lorca © Festival de Granada | Fermín Rodríguez

En el bien planificado Festival de Música de Granada, de alguna de cuyas citas más señaladas hemos hablado en estas páginas, destaca poderosamente el llamado Crumb-Lorca Project, que consta de siete conciertos a celebrar lógicamente en el Centro García Lorca, y de un curso especializado. Lo más interesante del proyecto, con tener todo una notable significación, ha venido dado por la actuación, a lo largo de tres días consecutivos, del Taller Atlántico, un acreditado y camaleónico grupo gallego que gobierna con autoridad y sensibilidad Diego García Rodríguez, un maestro a seguir, que ha interpretado por primera vez agrupadas la integral de doce composiciones escritas en su día por el hoy ya nonagenario creador norteamericano George Crumb. 

La primera sesión ha servido para conocer la relación entre el compositor y el poeta a través de tres obras: Night of the Four Moons (mezzosoprano, flauta, banjo, chelo amplificado y percussion, 1969-1976), The Yellow Moon of Andalusia (mezzosoprano y piano, 2012) y Ancient Voices of Children (sopranos 1 y 2, oboe, mandolina, arpa, piano amplificado y percusión. 1970). En la segunda se han presentado cuatro libros de los Madrigales para soprano, flauta, arpa, contrabajo y percusión (1969). Mediante esta heterogénea plantilla, se nos dice en el texto de presentación. el ganador del Premio Pulitzer en 1968 “logró crear un ambiente sonoro específico para cada uno de los doce extractos de poemas y otras piezas teatrales de Lorca (El Diván del Tamarit, Canciones, Bodas de sangre…)”. 

A su lado hemos podido escuchar también The Ghosts of Alhambra (barítono, guitarra y percusión, 2009), en donde retumban los ecos andaluces a través de siete poemas extraídos de Poema del cante jondo, y Federico’s Little Songs for Children (soprano, flauta y arpa, 1986). Todo un mundo sonoro, variado y exquisito, soñador y elevado nacido de la inspiración que durante tantos años alimentó la creación del compositor norteamericano. Para él, nos dice en sus magníficas y también poéticas notas al programa Stefano Russomanno (de las que hemos extraído el título de este trabajo), “los versos de Lorca encarnan el núcleo esencial de la expresión poética: la captación –a la vez directa y sutil- del misterio de lo primordial, esto es, la vida, la muerte, el amor, el olor de la tierra, los sonidos del viento y del mar…”

Nos regocijamos ante la escucha de tanta sutileza, de tanta finura, de tanta economía de medios en busca de expresar lo inexpresable. La música de Crumb es diáfana, cristalina, fantasiosa, heterogénea y certera. Con cuatro trazos el compositor sabe dar en cualquier diana. Timbres delicados, silencios, pianísimos increíbles, susurros, recitados, ostinati, sigilosos acentos. Hay en la música de este original autor multitud de inesperados efectos, subrayados, alusiones, citas y una admirable e increíble superposición de estilos y de estéticas. Todo es aprovechable una vez que pasa a través de su óptica.

Así, ora nos parece advertir la influencia de Mahler –giros melódicos, apuntes tímbricos, frases-, ora apreciamos la influencia de Schönberg –sprechgesang, pasajeros esquemas seriales, atonalismo-, ora advertimos señales del mundo minimalista –repeticiones, insistencias en ciertos esquemas rítmicos-, ora reconocemos toques alusivos a lo jondo, a lo más ancestral de nuestra cultura… Un conglomerado de esencias ensambladas sin solución de continuidad en un mundo riquísimo, único, a veces fantasmagórico. La aparente simplicidad de los cuatro libros de Madrigales nos toca el alma, con lo más profundo y a la vez lo más sencillo de Lorca aflora a la superficie, sobre todo si es reproducido con la perfección mostrada en esta interpretación en la que la voz ligera, clara, cristalina, de afinación impecable, de Carmen Gurriarán estuvo aéreamente unida a las cuatro flautas, el flautín, el arpa, la percusión y el contrabajo en el servicio a versos o líneas de los poemas lorquianos.

Todo un goce estético, conectado con la sensibilidad de cada uno. Todo manó, fluyó, se expandió quedamente en el espacio de la pequeña sala del Centro García Lorca, en el que estuvo presente Laura García Lorca, sobrina del poeta, que aplaudió la refinada recreación en la que el mando del director estuvo a veces en la simple mirada. Buena cosa: cuando el clima, la atmósfera, la actitud se han aprehendido, lo mejor es la economía de gestos y la mirada cómplice. Complicidad que hubo en los dos conciertos que comentamos y que se habrá de reproducir en el tercero de la serie, que acogerá la parte más dramática del ciclo.

Ha sido una bella experiencia que hay que agradecer a la dirección del Festival, al agente y organizador Carlos Magán y al propio García Rodríguez, que han propiciado lo que es sin duda un estreno mundial, ya que es la primera vez que las doce composiciones se tocan juntas agrupadas en tres conciertos consecutivos. Lástima que el acontecimiento no se haya grabado, al menos en audio. Máxime cuando el resultado interpretativo ha sido tan alto, con un director que se conoce las partituras al dedillo, que manda y deja hacer, que orienta y consigue la difícil precisión en una música que es un auténtico encaje de bolillos, en la que todo ha de fluir con tanta naturalidad como exactitud. La exactitud de la mejor poesía. Los quince músicos del Taller Atlántico, la mayoría gallegos, dieron lo mejor de sí mismos. Los nombres de todos ellos deben ser mencionados:

Carmen Gurriarán (ya citada), Verónica Plata (soprano), Susana Ferrero (mezzo), Isidro Anaya (barítono), André Cebrián (flautas), Eduardo Martínez (oboe), Carolina Alcaraz (percusión I), Alejandro Sanz (percusión II), Juan Antonio Martín (percusión III), Fernando Bustamante (mandolina), Pedro Mateo González (guitarras y banjo), Alba Barreiro (arpa), Kathleen Balfe (chelo) y Joaquín Arrabal (contrabajo). Arturo Reverter

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