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Por Publicado el: 28/11/2022Categorías: En vivo

Crítica: Pagliacci / Cavalleria rusticana en la Temporada Lírica de Málaga

Verismo con acento español

Pagliacci/Cavalleria rusticana. Alejandro Roy (Canio/Turiddu), Carmen Solís (Nedda/Santuzza), Dalibor Jenis (Tonio/Alfio), Carlos Daza (Silvio),Leonardo Sánchez (Beppe), Marina Rodríguez-Cusí (Mamma Lucia), Cristina del Barrio (Lola). Coro de Ópera de Málaga. Orquesta Filarmónica  de Málaga. Producción del Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera. Dirección de escena: Francisco López. Dirección musical: José María Moreno. Teatro Cervantes de Málaga, 25 de noviembre de 2022.

Escena de Pagliacci / Cavalleria rusticana. Temporada Lírica de Malága(C) Daniel Pérez:Teatro Cervantes de Málaga

Tras haberse dado a conocer en Palma de Mallorca y en Jerez, la estupenda producción de la clásica pareja verista del Teatro Villamarta, firmada por el tándem Francisco López-Jesús Ruiz, recaló en el teatro malagueño. La propuesta está llena de color gracias a ese toque especial que tiene Jesús Ruiz para diseñar vestuarios imaginativos, ricos en texturas y colores, así como para disponer escenografías a la vez funcionales (aquí servía sin apenas cambios paralelos dos títulos) y con pleno sentido del espacio escénico. No sólo arropa la acción teatral y le da sentido espacial, sino que permite el movimiento de actores, coro y figurantes. Aquí es donde emerge, una vez más, la sabiduría escénica de Francisco López, que sabe sacar partido de escenarios limitados y mover en ellos a las masas sin que el efecto teatral chirríe. Todo fluye con naturalidad y en los momentos más íntimos la gestualidad y los movimientos de los actores es puramente teatral. Todo un acierto el recurso a saltimbanquis y bailarines para los dos preludios y el intermedio. Un recurso a estos elementos del circo que sirvió también para enlazar ambas óperas.

No es habitual que sean los mismos cantantes los que aborden los seis papeles protagonistas, esto es, Canio/Turiddu, Nedda/Santuzza y Tonio/Alfio. Es especialmente peliagudo en el caso de la soprano, que debe cambiar de un registro lírico-ligero en Pagliacci a uno más dramático, con notas cercanas al territorio de las mezzosopranos en Cavalleria. Pero la apuesta mereció la pena. Alejandro Roy (que sustituía a última hora al previsto Andeka Gorrotxategi) dejó impactado al público desde el primer momento, con el cañonazo vocal con el que soltó “A ventitre ore”. La voz de este tenor es sorprendente por su contundencia y por su color vocal, un auténtico tenore di forza que une la potencia sonora (impresionante, llena y hasta satura la sala) y su brío dramático a la fuerza emotiva de su canto. No es un canto exagerado ni desaforado, sino plenamente implicado en la expresión de estos afectos extremos que sufren tanto Canio como Turiddu. Su capacidad para emocionar, recogiendo la voz, quedó de manifiesto en “Vesti la giubba”, cantada de forma desgarradora; igual que en un “Sperai, tanto il delirio”, conmovedor e íntimo tras un “Non, Pagliaccio non son!” sobrecogedor por su violencia. No le exige tanto en lo dramático el personaje de Turiddu, pero Roy se enfundó a la perfección en ese dubitativo campesino, con un dúo brillante con Santuzza y una emotiva despedida de la madre.

Quien más riesgos corría con el doble desempeño era Carmen Solís, una de las más sobresalientes sopranos españolas, que aúna una bella voz con una maravillosa capacidad de transmisión de la emoción a través del fraseo. La voz fue calentando y colocándose poco a poco y tras una canción de los pájaros con algunas tiranteces en la franja superior, en el dúo con Silvio estuvo magnífica, con acentos dramáticos. Utilizó los colores de la voz para caracterizar los momentos en que canta como Colombina, con voz delicada y aflautada, pero también los de una aterrorizada Nedda en la escena final, con voz más densa y acentos más desgarradores. Como Santuzza, la soprano extremeña pudo sacar su artillería de recursos expresivos, empezando por el delicado filado en “Mamma Lucia” y siguiendo por el acento a la vez desesperado y conmovedor en “L’amai, ah!, l’amai!”, para terminar con las inflexiones llenas de dolor con las que le confiesa a Alfio que “Turiddu mi tolse l’onore”. No se puede llegar tan al corazón del público con el canto como en la entrega desesperada a Turiddu en su dúo o como en la forma de reconocer “Sono scomunicata!”.

Dalibor Jenis abrió la sesión con el famoso prólogo. La voz es contundente, de amplios vuelos, pero además de soltar sus buenos La bemol y Sol natural al final, supo plegar el sonido en “Un nido di memoria”. Su fraseo vigoroso encajó a la perfección con sus dos brutales personajes, especialmente en el caso de Alfio, con un impactante “Ad essi non perdono” lleno de ira y con sonido de impacto.

Carlos Daza fue un Silvio de buenos acentos pasionales y voz de bellos perfiles, así como Leonardo Sánchez cantó la serenata de Arlequín con mucha atención al fraseo, bello timbre lírico y un sensible regulador final. Rodríguez-Cusí prestó su voz profunda y redonda para una Mamma Lucia algo corta de expresividad. Y una agradable sorpresa fue conocer la Lola de Cristina del Barrio, de un timbre luminoso, emisión firme y soltura en el fraseo.

José María Moreno tuvo que lidiar con una orquesta en la que las cuerdas no sonaron siempre con el mismo empaste ni conjunción, con intervenciones censurables de violines y violonchelos. Aún así, su dirección fue muy teatral, marcando con energía los ataques y los acentos de las escenas más dramáticas, sin por ello cubrir a las voces. Hubo desajustes repetidos con un coro en el que a los tenores les faltó redondear más el sonido global. Andrés Moreno Mengíbar

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