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Por Publicado el: 28/11/2022Categorías: En vivo

Crítica: Ismael Jordi rinde homenaje a Luis Mariano en el Teatro de la Zarzuela

El cantor de Jerez

Fecha: 26-XI-2022. Lugar: Teatro de la Zarzuela. Madrid. Homenaje a Luis Mariano. Obras de: Francis López, Fernand Bonifay, José Padilla, Juan Quintero, Manuel Villar, Cole Porter, Rafael Calleja, Tomás Barrera. Voz solista: Ismael Jordi, tenor. Pianista acompañante: Rubén Fernández Aguirre.

Ismael-Jordi-y-Ruben-Fernandez-Aguirre.-Teatro-de-la-Zarzuela

Ismael Jordi y Rubén Fernández Aguirre (c) Teatro de la Zarzuela

En el año 2006, Ismael Jordi que, desechada la idea de ser futbolista profesional, comenzaba a consolidar su trayectoria como cantante, encajó el desafío de Emilio Sagi de protagonizar en el Théatre de le Châtelet parisiense Le chanteur de Mexico, título que, en la cima de su gloria, Luis Mariano había interpretado en casi mil ocasiones en el mismo lugar, como rezaba en la fachada del teatro la placa que tanto terror infundió en Jordi a la hora de dar el paso. Aunque, comparando los orígenes del mítico irundarra y los del jerezano recién llegado, encontramos un dato común. O, para ser más precisos, un personaje que unía sus inicios: Ernesto, sobrino del Don Pasquale que da título a la ópera de Donizetti. El mismo papel con que, en 1943, debutó en el Théatre Palais de Chaillot de París como tenore de grazia quien llegaría a ostentar el título de Rey de la Opereta, y con el que, a comienzos del siglo actual, el neófito jerezano se presentaba en el Teatro Villamarta de su ciudad natal. Aceptar el reto de Sagi se tradujo en «una de las cosas más bonitas que he vivido en la carrera«, decía este sábado Ismael Jordi a la audiencia de un concierto que, desde hace meses,  había agotado las localidades.

La aplaudida producción de Le Châtelet, firmada por Sagi y Daniel Bianco, dentro del rodaje internacional que desde entonces continúa –hace unos días se programaba en el Palau de Les Arts valenciano– desembarcó en el Teatro de la Zarzuela en 2017. Pero la ya apretada agenda del tenor, que empezaba a vivir la vorágine de una imparable carrera, le impidió encabezar el cartel. Subsanando la ausencia de entonces, Ismael Jordi ha querido rendir ahora su «Homenaje a Luis Mariano«. «Un granito de arena» , comentaba, «para que ustedes lo pasen bien y nosotros también«. En el nosotros, hay que englobar al pianista de Barakaldo Rubén Fernández Aguirre, su habitual acompañante, junto a quien ha diseñado el programa, arte en el que ambos cuentan con probada experiencia.

Así, en la oferta destacaba por derecho el nombre de Francis López, el compositor vasco-francés cuyas operetas jalonaron la carrera de Luis Mariano. De ellas, se ha contado con títulos que abarcan desde La belle de Cadix, de 1945, que unió sus destinos artísticos por primera vez, hasta el citado Chanteur de Mexico, de 1951. O  La canción del amor mío, único título que Luis Mariano defendió en el Teatro de la Zarzuela, donde tuvo lugar su estreno en enero de 1958, meses antes de que el irunés se encumbrara como fenómeno absoluto en la sala Olympia, templo musical de la Ciudad Luz.

Detallados los antecedentes, lógico es pensar que Le chanteur de Mexico se convirtiera en el bloque nuclear de la velada, con la inclusión de cuatro temas, precedidos del interludio musical en el que Fernández Aguirre paseó con su conocida maestría desde la introspección chopiniana al vals, con un extenso y vívido pasaje jazzeado. De La belle de Cadix, tras los cantables que abrían ambas partes del concierto, se reservaba un tercero para el bloque final centrado en Francis López, junto a dos canciones de la opereta Andalousie, de 1947, para cerrar con Violetas imperiales, tema principal de la película homónima, una de las más populares de la extensa producción del prolífico cantante.

El resto de la oferta repasó, alternando francés y castellano sin recurrir a un apoyo orquestal en que refugiar inseguridades, la amplitud de territorios por los que Luis Mariano transitó: desde El relicario, cuplé de Padilla inmortalizado por voces de mujer, que él se atrevió a trasladar al terreno masculino, a la adaptación castellana del foxtrot C’est magnifique de Cole Porter para el musical Can-Can, inmortalizado en la gran pantalla por Frank Sinatra. No podía faltar la canción de Bonifay Maman, la plus belle du monde, que Mariano tantas veces interpretó y, en recuerdo a su tierra vasca, el zorzico Ezin abaztu que, entre euskera y castellano, por momentos entonaron conjuntamente oficiante y pianista para deleite de una audiencia totalmente entregada. Porque es notoria la relación que Ismael Jordi ha establecido con el público madrileño, que en octubre del pasado año reconocía su talento en Los Gavilanes,  solicitando el segundo bis de su carrera, tras el conseguido en 2009 por La furtiva lacrima del Elisir d’amore en su ciudad natal.

Con depurada técnica en la proyección, asimilada de su maestro Alfredo Kraus, una presencia escénica revestida de sencillez y su habilidad natural desgranando las notas siguiendo el consejo de Teresa Berganza en su generosa tutela – «la expresión tiene que flotar en recital, en lied»-, Ismael Jordi, acertó al dosificar una atrevida pirotecnia de colores en su notas altas con delicados pianos y estremecedores rubatos, encandilando al respetable desde el primer momento, dejando constancia de que los mil kilómetros que separan Jerez de Irún se limitan a la hora de cantar los mismos aires a esa carga de acento andaluz que Jordi no abandona, aportando esos melismas que tanto agradecen El relicario, Violetas imperiales y, sobre todo, la sorpresa lírica de la noche: una de las pocas romanzas que Mariano cantó: Adiós Granada, de Emigrantes, zarzuela en un acto estrenada en este mismo escenario en 1905, fruto de la colaboración sobre el pentagrama de Rafael Calleja y Tomás Barrera. De este último, sorprendió el exquisito virtuosismo al piano solo Fernández Aguirre con una absoluta rareza: el preludio de Pierrot, de 1929, rescatado por él en su pasión investigadora. Correspondiendo al cariño de la sala en pie, Ismael Jordi regaló la conocida canción Amapola, de su paisano José María Lacalle, grabada por primera vez en 1925 por Miguel Fleta, antes de concluir con la repesca de C’est magnifique, volviendo a implicar a los asistentes para corear el estribillo trufado de besos. Ismael Jordi regresará en junio al Teatro de la Zarzuela, al frente del reparto de la Luisa Fernanda que cierra temporada. Para entonces, ya se habrá anotado entre otros triunfos, el de su debut en el codiciado Metropolitan neoyorkino, postpuesto desde enero de 2021 a causa de la pandemia, que finalmente tendrá lugar en la víspera de Reyes del año que ya acecha. Juan Antonio Llorente

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