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Por Publicado el: 06/07/2021Categorías: En vivo

Crítica: Un superstar Tristan & Isolde en el Festival de Munich

TRISTAN UND ISOLDE (R. WAGNER)

Nationaltheater de Munich. 4 Julio 2021.

No es una exageración decir que estas representaciones de Tristan und Isolde habían levantado una enorme expectación, tanto cuando se anunciaron para abrir el Festival de julio como cuando se confirmaron en la reapertura de la Bayerische Staatsoper hace un mes aproximadamente. Los motivos para esta gran expectación no se le escapan a ningún aficionado a la ópera, ya que se anunciaba en el podio nada menos a que a Kirill Petrenko en una de sus últimas apariciones en este teatro, y en escena se contaba con el debut en los temibles personajes de los enamorados nada menos que a Jonas Kaufmann y a Anja Harteros, dos de las figuras indiscutibles del canto en los últimos años.

Escena de Tristán e Isolda Múnich

Son muchas las veces en que las grandes expectativas son seguidas por enormes decepciones, pero no ha sido así en esta ocasión, en la que hemos podido disfrutar de una magnífica versión musical, así como de una gran fiesta vocal con sus matices, si se quiere, tanto por parte de los dos personajes titulares de la ópera como por el resto del reparto principal. Múnich ha vuelto a demostrar una vez más que no cede la prioridad en cuanto a la calidad de los espectáculos que ofrece. 

Para tan extraordinaria ocasión se ha encargado una nueva producción, que sustituye a la tradicional de Múnich, que llevaba la firma de Peter Konwitschny y que se estrenara en este teatro con la dirección de Zubin Mehta en 1998. 

La nueva producción lleva la firma del director de escena polaco Krzysztof Warlikowski, cuyas producciones suelen ser bastante habituales en Múnich. Su trabajo resulta interesante en los dos primeros actos, mientras que el tercero resulta bastante extraño y que ha sido sin duda la causa de los abucheos que recibió el día del estreno. La producción ofrece una escenografía única, obra de Malgorzata Szczesniak, consistente en una gran sala, que en el primer acto puede representar el gran camarote de la Princesa de Irlanda, siendo en el segundo la morada de Isolde, En ambos actos no hay en escena sino unos elementos de atrezzo, compuestos por un par de butacas y un diván a la derecha del escenario. En ambos actos aparece con cierta frecuencia una gran pantalla en la que podemos ver proyecciones de motivos marinos en el arranque e imágenes del dormitorio de Isolde, a donde llega Tristán y se aman, aunque su amor en la visión del regista no es realmente físico, ya que los enamorados apenas se tocan.  

Sigue el tercer acto con la misma escenografía, añadiéndose al fondo una gran mesa, a cuyo alrededor aparecen sentados una serie de muñecos y entre ellos el malherido Tristán, mientras que por delante vemos a Tristán atendiendo a una especie de doble del héroe, postrado en el diván y vestido como los muñecos, y que ya había aparecido en el preludio de la ópera con otra supuesta Isolde. Sorprendentemente, ambos Tristanes intercambian sus posiciones en varias ocasiones. Todo esto tendrá un profundo significado, pero parece que ni el público ni quien esto escribe han conseguido entenderlo. Finalmente, Tristán muere en el frente del escenario y allí tiene también lugar la Muerte de Amor de Isolde. 

Kaufmann como Tristán en Múnich

El vestuario se debe también a la autora de la escenografía y se trae a tiempos más bien modernos, destacando los modelos que luce Isolda.

De la dirección musical de Kirill Petrenko no caben sino calificativos laudatorios y siempre en superlativo. ¡Cómo le vamos a echar en falta!, lo que no es menospreciar a su sustituto, Vladimir Jurowsky, que es un gran director, pero lo de Petrenko es de otra galaxia. Su lectura ha sido simplemente impresionante de principio a fin. Tengo el pleno convencimiento personal de que ambos debutantes en los personajes que dan título a la obra habrán aceptado llevarlos adelante por estar el ruso en el foso. ¡Cómo los ha cuidado siempre! Y eso nos ha hecho disfrutar como pocas veces. Estos 6 años en los que ha sido el director musical de Múnich hemos asistido a versiones para el recuerdo y la que ahora nos ocupa es una de ellas. Si tuviera que quedarme con algo para llevar a una isla desierta sería su lectura del segundo acto.  Magnífica también la prestación de la Bayerische Staatsorchester, que bajo su director titular alcanza cotas excelsas. Lo hizo bien en su breve intervención del primer acto el Coro der Bayerischen Staatsoper.

El reparto reunido era excepcional y ha respondido plenamente a las grandes expectativas que había levantado su anuncio. Es curioso que en las mismas fechas se está ofreciendo otro espectacular Tristán. Me estoy refiriendo al que se representa en el Festival de Aix en Provence y que cuenta con la dirección de Simon Rattle y la presencia en el reparto de dos grandes, como son Stuart Skelton y Nina Stemme. Una pena no poder asistir a las dos.

Como digo más arriba, debutaba en Tristán el tenor por antonomasia de los últimos años y muniqués de nacimiento. Me refiero a Jonas Kaufmann, que ha salido victorioso de la prueba. ¡Claro que ha contado con la gran colaboración de Kirill Petrenko!, pero su prestación ha sido muy buena. La voz en mi opinión resulta adecuada para el personaje, habiendo ofrecido un magnifico segundo acto, mientras que en el tercero su interpretación ha sido más matizada e intimista de lo que estamos acostumbrados en otros intérpretes de voz más dramática que la suya. También convincente en escena, es un gran Tristán, aunque estoy convencido de que lo va cantar en contadas ocasiones y bien hará en no frecuentar demasiado el rol.

Jonas Kaufmann y Anja Harteros

Jonas Kaufmann y Anja Harteros

Anja Harteros fue Isolde y también ofreció una estupenda interpretación vocal y escénica, aunque en el primer aspecto estamos acostumbrados a Isoldas con voces más dramáticas que la suya. Efectivamente, su voz no tiene la amplitud de la de una Nina Stemme, pero su canto es de una gran calidad. Me ha dado la impresión de que su vibrato es mayor que hace un par de años y bien hará también en no frecuentar demasiado el rol. Su Liebestod fue emocionante de verdad.

Anja Harteros

El resto de personajes importantes se puede decir que fueron casi un lujo. Lo formaban Wolfgang Koch, digno de ser destacado en la parte de Kurwenal, tanto cantando como actuando. Lo mismo se puede decir de la mezzo soprano Okka von der Damerau en la parte de Brangaene, con una voz importante y a la que he encontrado mejorada respecto de ocasiones anteriores. Hizo muy bien los siempre esperados Avisos. Finalmente, el Rey Marke era el bajo finlandés Mika Kares, que cantó con gusto y voz suficiente sus monólogos, destacando el del segundo acto. La impresión es positiva, aunque no es fácil borrar del recuerdo las interpretaciones del gran René Pape.

En los personajes de contorno mostró una voz adecuada el barítono Sean Michael Plumb. Correctos también Dean Power como Pastor, Christian Rieger como Timonel y Manuel Günther como Joven Marinero.

El teatro había agotado sus localidades, limitadas a alrededor del 50 % del aforo a causa de la pandemia. La presencia de “Suche Karte” en los alrededores del teatro era la de las grandes ocasiones.

La representación comenzó con 6 minutos de retraso y tuvo una duración total de 5 horas, incluyendo dos largos intermedios. Duración musical de 3 horas y 45 minutos, lo que es menos de lo habitual en esta ópera. Solamente, la dirección de Donald Runnicles ha sido en mi experiencia claramente más rápida que la de Petrenko.

Kaufmann como Tristán

Los aplausos finales se prolongaron durante 15 minutos, siendo triunfales para los 5 principales personajes y especialmente para Jonas Kaufmann y Anja Harteros. Por encima de todos, las ovaciones y bravos más atronadores fueron dedicados a Kirill Petrenko.

El precio de la localidad más cara era de 293 euros, habiendo butacas de platea desde 183 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 69 euros.

Fotos: W. Hösl

José M. Irurzun 

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