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Por Publicado el: 17/04/2019Categorías: En vivo

Crítica: The Sixteen, fiesta contrapuntística

Harry Christophers dirigiendo a The Sixteen

ISRAEL EN EGIPTO (HÄNDEL)

Fiesta contrapuntística

Haendel: “Israel en Egipto”. The Sixteen Choir & Orchestra. Director: Harry Christophers. Auditorio Nacional, 14 de abril de 2019. Universo Barroco del CNDM.

Con este oratorio haendeliano, suerte de sublimación del canto coral y contrapuntístico, y otros muchos de la amplia serie creada por el músico anglosajón, ha labrado parte de su carrera el director inglés Harry Christophers, fundador de coro The Sixteen hace cuarenta años y creador también del conjunto orquestal que se acoge a la misma denominación. Formaciones que se atemperan a los flexibles dictados de un mando conocedor y que practican un modo renovado de hacer en el servicio fidedigno a las músicas del barroco (aunque no sólo).

Buena ocasión ésta, pues, para calibrar su estado de forma actual y para comprobar cómo Christophers mantiene sus criterios con firmeza y muestra su conocimiento del “métier”. Haendel tiene pocos secretos para él; sabe concertar, ensamblar, cantar y ordenar sus pentagramas, aun los de más difícil plasmación. Y este oratorio, con predomino casi absoluto del canto coral, es una buena piedra de toque. En su realización se comprueba la perfecta adecuación al estilo al tiempo que se aprecia un entendimiento nada sujeto a la letra. La música, tan enjundiosa y bien trabada de la obra, sus complejidades formales y sus amplios “fugatos”, se nos han dado con las mejores garantías de autenticidad.

Para ello, claro, el director ha dispuesto de una orquesta (27 músicos, con dos positivos y clave entre ellos) de diáfana sonoridad, equilibrio entre familias y buena afinación de sus instrumentos barrocos, y de un coro igualmente afinado (26 elementos), con sus componentes alternados, bien adiestrados en la reproducción de hasta dieciocho números a ocho voces –algunos procedentes de otras composiciones del autor y aun de otros músicos de la época-, como bien nos recuerda Pablo J. Vayón en sus atinadas notas. Un plantel adecuado para llevar a cabo con fortuna la interpretación de una partitura semejante, que empezó a esclarecerse nada más empezar, con el doble coro “And the children of Israel”.

En el coro nº 4, “They loathed” nos dimos cuenta de la redondez de los seis buenos bajos y de la claridad del contrapunto. Anotamos luego el conseguido aire modulante y grave y la excelente planificación en el coro nº 8, “He sent a thick”; el bien medido dramatismo del nº 11, “Egypt was”; la grandiosidad del doble coro nº 15, “And Israel saw”. Aplaudimos, ya en la segunda parte, las bien dibujadas agilidades del doble coro nº 18, “I will and the children”; la buena aplicación de los silencios en el nº 30, “Who is like unto Thee, O Lord”; la forma de acentuar, seca, dramática y obsesivamente, el doble coro nº 33, “The people shall”. Y la transparencia meridiana del nº final, doble coro con soprano, “Sing ye to the Lord”.

Christophers, que marca suavemente sin  batuta, que se gira, pasea, inclina y sugiere con mucha intención, dio forma a una obra que tiene muy ahormada apoyándose en los espléndidos conjuntos; y en ocho muy discretos solistas, que intervinieron estratégicamente en los escasos momentos requeridos. Podemos destacar la fresca voz de la soprano Julia Cooper y la educada emisión del tenor Stuart Young. Un gran éxito al final que merecía un bis. No lo hubo.  Arturo Reverter

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