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Por Publicado el: 14/07/2011Categorías: Artículos de Beckmesser

El supuesto triunfo de Mortier

El supuesto triunfo de Mortier
Mucha tinta escrita y minutaje radiofónico se ha dedicado estos días a alabar el «éxito» de «San Francisco de Asis» en la Casa de Campo y a presentar a Mortier como la causa y el responsable de ese «triunfo», que sería el suyo personal frente a los que han debatido su proyecto. Conviene dejar las cosas en su justo término ya que la mayor parte de las veces se ha informado mal consciente o inconscientemente. Desde luego es cosa sabida que el grupo de El País, con Marañón al frente, apoya al belga tanto como a Alfredo P. Rubalcaba y que Mortier, que no tiene un pelo de tonto, siempre acude a interlocutores «amigos» para lanzar sus boutades con total impunidad. Lo de otros medios tiene más difícil explicación, pero la tiene: de un lado la publicidad que les aporta el Teatro Real y de otro el buen hacer de su departamento de comunicación y prensa, por cuyas componentes se siente auténtico cariño. Mas los hechos son los hechos.
“San Francisco de Asís” no es en absoluto una obra nueva para Madrid, ya que algunas de sus partes se han escuchado con anterioridad, hasta el punto que el Real vivió el estreno de su segundo acto bajo la batuta de Kent Nagano. La partitura requiere intimidad y concentración que no pueden alcanzarse en un recinto como el de la Casa de Campo. Todo el lío del emplazamiento se origina por un enfoque inapropiado. A Mortier le regalan la célebre cúpula antes de destruirla, exactamente igual que el Real ha hecho con su formidable –e incomprensiblemente sólo vista en una ocasión- producción de “Aida”, enviada o por enviar a Sudamérica. A partir de ahí, con la cúpula como exigencia, se busca un sitio en donde quepa. Se anuncia en la programación que será la Caja Mágica, pero luego se “descubre” que impide que se cierre el techo que ventila naturalmente la caja. Se traslada a Arena y, la verdad, allí la cúpula pasa poco menos que desapercibida. Sinceramente se podría haber construido una más pequeña y haberse ofrecido la ópera en el propio Real –como en París- o incluso hubiera bastado una cúpula proyectada con su correspondiente juego de luces. El teatro de habría ahorrado un montón de dinero y los espectadores habrían visto y escuchado la obra en mejores condiciones, por aceptable que haya resultado el sonido amplificado en Arena, y en butacas más cómodas para sus más de cinco horas de duración. Pero Mortier tenía un capricho y nadie se ha atrevido a negárselo. No se puede pensar para programar en el orden que lo hace el belga: tengo una cúpula, busco el sitio donde quepa, busco el público para llenar el aforo obligando a los abonados a tragar, publicito el espectáculo por todo lo alto, me gasto lo que haga falta… He aquí los números: Tres millones de coste, 5 representaciones con 13000 entradas colocadas en abonos y 1500 vendidas. De “Tosca”, ya vista en el Real y con doce representaciones, sólo se han colocado 5000 entradas en abonos y se han vendido más de 11500. Estos son los números y no valen los engaños de Mortier.
Como no vale declarar en la cadena “amiga” que un crítico de Scherzo y el Sr. Beckmesser malinterpretaron sus palabras cuando se refirió a los cantantes españoles, porque la grabación existe y dijo muy claro lo que dijo, entre otras lindezas que no sabían cantar Mozart. Y más valió que alguien le parara luego los pies porque estuvo a punto de enfrentarse también a los profesores de canto. Mortier no tiene un pelo de tonto, va a lo suyo y lo suyo, entre otras cosas, pasa por la provocación. No es nada nuevo, es lo que hizo en Bruselas, Salzburgo y París. Como no es nada nueva su filosofía. Él, que además es una persona culta y encantadora, no tiene la culpa si los abonados del Real han dejado de serlo en casi un 25%. La culpa la tienen quienes, desesperados e ignorantes, le pusieron donde está. ¡Qué daño a la música la etapa Antonio Molina-Marset!
Pero afortunadamente ha sido llamado al orden y prueba de ello es la siguiente temporada, que él mismo ha dado a conocer por libre: tres Mozart (“Cosi”, “Flauta” y “Don Goivanni”), “Macbeth” de Verdi, “Boris”, “Parsifal” en dos ediciones, “Walt Disney” de Glass… Mucho más popular pero igual de descompensada.
“San Francisco” no ha sido un éxito, tampoco un fracaso, pero los tres millones que ha costado le hubieran venido muy bien al teatro para otros fines más lógicos. Porque, tres millones para 1500 espectadores que compraron sus entradas libremente y los 13000 abonados de los que menos de la mitad lograron quedarse hasta el final, es todo un dispendio en los tiempos que corren. Mortier posiblemente no agote su contrato de seis años y, cuando se vaya, sucederá lo mismo que en Bruselas, Salzburgo y París, que sus sucesores tendrán que apretarse el cinturón para reducir poco a poco el déficit heredado.

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