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Por Publicado el: 14/08/2019Categorías: Colaboraciones

Honor al caballero Domingo

Plácido-domingo

Plácido Domingo

Honor al caballero Domingo

Todos lo sabían, lo sabíamos: tarde o temprano tenía que saltar. Era una certeza que hasta el más despreocupado músico de orquesta, corista o trabajador de cualquier teatro lírico conocía sobradamente: Plácido Domingo ha sido un donjuán toda la vida y ha ejercido sin reservas tal inclinación desde siempre. Y aunque -¡todavía!- no ha llegado a cantar sobre el escenario el mítico personaje mozartiano, su fama y aristas de seductor son tan conocidas en el mundo de la ópera como las del propio mito español. El burlador madrileño ha evolucionado tanto como sus personajes. Plácido ha sido siempre un Don Giovanni, pero también un Duque de Mantova, un Romeo, o, incluso en los últimos años, un Barón Ochs, un Falstaff y hasta un Don Pasquale da Corneto. Pero lo que no ha sido ni será nunca –y quien le conoce lo sabe con similar certeza- es un Scarpia, el libidinoso jefe de policía empeñado en llevarse al catre a la pobre Tosca.

Sí, Plácido Domingo ha sido, desde siempre, un reconocido seductor. Amable, respetuoso y exquisito en las formas. Un pescador como Nadir -el pescador de perlas de Bizet-, que más o menos discretamente ha lanzado muchos anzuelos a infinidad de perlas y falsas perlas de la lírica, y cuando ha encontrado respuesta, ha tirado fuerte y sin vacilar de la boya. Y cuando no ha encontrado la respuesta deseada, ha sabido retirarse caballerosamente. Otra cosa es que, ante el poder, carisma y poder de influencia de tan ilustre y poderoso pescador, tanta y tantísima señora y señorita hayan picado muy conscientemente el afilado anzuelo para, valiéndose del peligroso juego del deseo, ganar concursos, acceder a posiciones privilegiadas o cantar en tal o cual teatro. La lista, puede ser más extensa que la del catálogo de Leporello.

En estos tiempos “Me Too”, de tan exacerbado y manipulado puritanismo “made in USA”, cualquier acusación o insinuación en temas de acoso sexual encuentra un reflejo y resonancia excepcional e inmediata. Más si, como en este caso, el protagonista es una celebridad. Pero la legitimidad y necesidad de denunciar y castigar sin vacilación todo ello, no justifica, sin embargo, que se mezclen y cuelen sin ton ni son merinas y churras. No faltarán voces que hasta propongan lo que hizo Klingsor para suprimir la tentación y el deseo de las parsifalianas Muchachas-flor y apunten la conveniencia de castrar al seductor.

Plácido el mujeriego ha sido, quizá, la primera víctima de su incontenible pasión por el otro sexo, por el “olor a fémina” del que habla Don Juan. Como el regador regado, el pescador Plácido ha sido utilizado por infinidad de cantantes, aspirantes o aprendices de cantantes, para, desde la debilidad del baritonotenor por la fémina (“huelo a fémina” dice Don Giovanni como si fuera el donjuán madrileño), desarrollar carreras artísticas que, usando las mal llamadas “armas de mujer”, posiblemente jamás hubieran hecho sin el empuje decidido de Plácido.

Pero ello en absoluto ha implicado que el caballero Domingo haya ignorado, dejado atrás o desequilibrado la balanza en detrimento de alguna gran artista que no respondiera a sus anzuelos, o que, simplemente, no le interesara por su aspecto físico. No creo que haya una soprano o mezzosoprano gruesa o fea sobre el planeta que pueda decir que ha sido marginada o perjudicada por tales motivos por el hasta ahora todopoderoso artista.

El apoyo rotundo y evidente a la denuncia y repudio de cualquier acto de abuso sexual o insinuación de acoso no ha de inducir a la hipocresía puritana de meter a todos los “Don Giovanni” en el mismo saco. El caso concreto que ha hecho saltar el asunto Plácido Domingo es el mismo de miles y miles y miles de personas honorables que juegan sus armas de seducción con mayor o menor destreza, pero sin el poder de resonancia y repercusión mediática del cantante madrileño.

Tampoco, claro, con el poder añadido que entraña una personalidad cuya más ligera opinión, consejo o recomendación puede decidir y catapultar toda una carrera artística. Plácido, que se codea con todo y con todos, lo ha hecho siempre con generosidad e inatacable ecuanimidad: ha apoyado artistas, gestores o personas con rigurosa independencia de su aspecto físico o de si usan braga o calzoncillo. La relación extensa es bien conocida en los ámbitos profesionales de la lírica y de la gestión teatral.

Como él mismo argumenta en el hábil comunicado que ha hecho público, los hechos de la denuncia que ha levantado la liebre se remontan a tres décadas atrás, cuando “las reglas y valores por los que hoy nos medimos, y debemos medirnos, son muy distintos de cómo eran en el pasado”. Francamente, cualquier persona –incluidas las que han sido objeto de sus ingenuos anzuelos de seductor- no dudará de la sinceridad de las palabras de Plácido cuando escribe en el mismo comunicado: “Es doloroso oír que he podido molestar o hacer sentir incómodo a alguien, da igual cuánto tiempo haga de ello y a pesar de mis mejores intenciones. Creía que todas mis interacciones y relaciones fueron siempre bienvenidas y consentidas. La gente que me conoce o que ha trabajado conmigo sabe que no soy alguien que pueda hacer daño, ofender o avergonzar a alguien de manera intencionada”.

Aunque cierto es que las prisiones están llenas de delincuentes que se consideran santos, la trayectoria profesional y –sobre todo- personal del eterno seductor –la palabra “galán” es más apropiada para otros colegas que sin duda también saltarán a la palestra pública por el mismo asunto, pero con motivos bastante más consistentes-, quien conoce al ardiente Plácido Domingo, sus debilidades y sus vivencias más secretas, sabe que sus devaneos han tenido siempre un perfil diletante, incluso un punto ingenuo. Más de Alberich que de Tristan. No tiene nombre que siete cantantes anónimas, una bailarina también anónima y la más que desconocida mezzosoprano Patricia Wulf –ahora, por fin, ha alcanzado la fama, y hasta quizá paradójicamente logre actuar donde nunca había soñado cantar- ponga en cuestión el nombre de uno de los artistas más generosos, empáticos y cercanos de la historia de la ópera. Una cosa es ser un incorregible seductor -¿quién no lo fue alguna vez?- y otra muy diferente acosador o violador. Decididamente, el donjuán Plácido ha sido lo primero, pero jamás lo segundo. ¡Honor al caballero Domingo!

Justo Romero

La historia siguió y, de momento, esto es lo que pasó

16 Comments

  1. Lan Xiao 14/08/2019 a las 08:48 - Responder

    I stand by Maestro Placido Domingo and his family with all my heart and soul. In front of God and in front of my parents. I stand by Maestro Domingo – in times of thick and thin, Now and Forever.

    I stand by Maestro Domingo with direct knowledge and in-person witness of Maestro on stage and off stage, in performances and during rehearsals, backstage interacting with colleagues and staff, meeting visitors, meeting fans at stage doors. From the first time I was privileged to see Maestro in 2001 to the present time, in all the major artistic venues in the world and numerous other random encounters, on all those countless occasions, Maestro Domingo has always exemplified the highest level of civility, kindness, respect and graciousness towards everybody, and has always been most generous with his time and generous with words of encouragement for others, and most patient with people approaching him, sometimes despite enormous inconvenience to himself. My knowledge of Maestro’s life’s experience has also been enriched by closely studying the articles and books about and interviews with Maestro from the beginning of Maestro’s career to nowadays, in addition to almost all of Maestro’s music records and artistic accomplishments. I stand by Maestro Domingo and vouch for Maestro’s utmost goodness.

    I’m forever grateful to Maestro for being the guiding inspiration in my life. The light and glory of Maestro’s humanity will shine forever.

    Lan Xiao
    August 14, 2019

  2. Mar Gutiérrez 14/08/2019 a las 11:51 - Responder

    Estimados señores:

    Al margen de la presunción de inocencia, creo que el tema que se está ignorando es el relevante, que no es otro sino el de supuesto abuso de poder. No se trata de opinar sobre la moral ni las dotes seductoras de un galán (para mí, dicho sea de paso, el mejor tenor del siglo XX). La cuestión es delicada y las fronteras sutiles pero nada ambiguas: ¿por ser jefe, por ser ídolo puedes permitirte traspasar la frágil pero bien marcada línea del respeto?

    Ya sabemos que la ejemplaridad pública de la que ha hablado Gomá es casi una quimera, pero a algunos nos importa vivir sobre todo con dignidad y honor, y nada nos gustaría más que nuestros referentes artísticos estuvieran en este lado del mundo, en el lado del respeto y la elegancia moral (que viene a ser lo mismo). No es sencilla la empresa para uno mismo y menos puede exigirse de los demás. Pero bien que nos gustaría que ocurriera.

    Un cordial saludo

    Mar

    • BERNABE 15/08/2019 a las 03:17 - Responder

      Cualquiera sin (o con ) talento, entonces puede / quiere demandar por dinero porque no dio la talla?
      Abuso de poder?
      No creo que se trate de eso.
      Pienso que es un asalto a un «banco» llamado Placido Domingo.

  3. Maria 14/08/2019 a las 16:25 - Responder

    Acaso sabes que es inocente??? Una cosa es ser un don Juan y otra obligar a tener relaciones por no ser despedida…tú acaso lo sabes al 100%? No como todos .

    • Jorge 14/08/2019 a las 20:03 - Responder

      ¿Y usted? ¿Lo sabe usted?

  4. jorgelina lagos 14/08/2019 a las 18:47 - Responder

    Por lo que he advertido, hace tiempo que el mundo de la lírica – el de puertas adentro – se quiere sacar a Domingo de encima «para dar paso a voces jóvenes». Es cierto que su voz no es lo que era, pero mientras el público mantenga su amor y admiración por él, nada puede objetarse…

    Decimos en Argentina: «Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría…»

    No he estado jamás en el círculo íntimo del cantante, pero sospecho que, mal que le pese a muchos, es un caballero.

  5. Fabio Barros Barreto 14/08/2019 a las 18:55 - Responder

    In effetti, ho conosciuto cantanti e cantanti di teatro, e alcuni qui in Brasile hanno confermato che Domingo era esperta di risultati, conversazioni nell’orecchio delle donne ecc. Ma la cosa interessante è che il numero di tali accuse è attualmente in aumento – se La donna è molto diversa dal passato – esiste una forza femminile nel mondo e i media sono molto dinamici, onnicomprensivi – una conversazione tra un muker e un giornalista che ha bisogno di notizie brillanti domani. il tuo nome sarà già sui giornali, quindi quello che devi fare è stare attento ai tuoi atteggiamenti perché i tempi non sono più gli stessi … le cose un giorno appaiono …..

  6. Jp 15/08/2019 a las 15:57 - Responder

    Felicidades por el artículo Sr. Romero. No se puede ser más claro y más justo, 100% de acuerdo en todo lo que ud ha escrito. Todos al unisono y desde el corazón: Honor al caballero Domingo!

  7. manuel 15/08/2019 a las 19:50 - Responder

    Sra Maria. Se nota que ya Ud. esta pensando como una feminista o una «Me too» , una mujer
    de respeto y dignidad no se deja comprar con insinuaciones, palabras donjuanescas o abuso de poder, si abre sus piernas es a sabiendas de lo que hace, y hay consentimiento, aquí no se habla por la acusadora de obligación pues eso seria violación que no es el caso.
    Si esta forma feminista continúa así, hay que temerle más a la voz de una mujer que a la
    acción de un asaltante.

  8. Juan PabloRueda 16/08/2019 a las 02:26 - Responder

    No creo mucho en los «acosos» que han pasado hace 30 años.No creo en las acusaciones que hacen quienes no dan la cara.Creo que es muy fácil acogerse a un «me too»para sacar provecho..Es vergozoso hacer acusaciones sin pruebas ni testigos. Hoy hombres y mujeres se están aprovechando de eso,normalmente con personas conocidas. He trabajado con artistas nacionales y extranjeros que han trabajado con el señor Domingo.Lo conocí cuando hizo un concierto con una diva de la lírica colombiana,compañera mía y nunca he escuchado nada de nada en su contra. Qué raro,verdad?. Sólo porque lo dice una artista que no pudo llegar,es cierto?? Perdon por la duda……

  9. Carlos María Bacaicoa Hualde 16/08/2019 a las 07:58 - Responder

    Es una canallada lo que están haciendo con el más grande de los grandes. Salir ahora con esos trapos, después de 30 años, es vomitivo. Al Juzgado de guardia con ellas.

  10. LuzM 16/08/2019 a las 18:51 - Responder

    Hola …con respecto a a este tema …solo puedo decir, mi admiración a Plácido Domingo siempre va estar…. Vamos ahora a los 30 años salen estas mujeres…anda,anda que gente me da vergüenza s mí como mujer que por dinero o por fama hagan estas cosas…

  11. mando urgal 17/08/2019 a las 12:02 - Responder

    Este tema del Me Too está siendo ya usado por cualquiera con ganas de obtener notoriedad y/o dinero a expensas de personas mas o menos conocidas.
    Denuncias ahora, de eventos presuntamente ocurridos hace 20 o 30 años no confirmados no puede tampoco permitirse dañar con tanta facilidad la reputación de nadie, incluyendo la de profesionales exitosos.

  12. Bluz 21/08/2019 a las 18:02 - Responder

    Cuanto celo por un Señorón , si seductor pero altruista, maestro, amigo, padre y esposo,
    Placido merece todo mi respeto y gracias de parte de los niños desprotegidos de Acapulco y las casas que construyó para los que no tenían un hogar.
    Mil gracias Señor.

  13. Daniel 21/08/2019 a las 18:25 - Responder

    Los mismos que se echan las manos a la cabeza y claman por la presunción de inocencia, lo cual está fuera de duda, o debería estarlo, tendrían que aguardar antes de ponerse a defender a nadie (¿es que os paga Plácido dinero?) a lo que de la investigación resulte, no pase luego que nos arrepintamos de este tipo de artículos. Y no, no sirve apenas siquiera conocer a la persona acusada muy de cerca. Nadie conoce de verdad a nadie, menos aún cuando se cierran las puertas, el poder domina, y se piensa que las relaciones eran «consensuadas». Así que aguardar y, mientras tanto, a mi modo de entender, ni más defensas ni más críticas. A los que piensan que cómo han dejado transcurrir 30 años, entiendo que, por fortuna, nunca han sufrido un abuso y por lo tanto no entienden nada, y todo son modas. Me dan envidia en su feliz ignorancia.

  14. Daniel 21/08/2019 a las 18:29 - Responder

    Añado otro apunte: ¿qué notoriedad ganan nueve mujeres que guardan el anonimato justamente porque sus carreras se pueden ver dañadas por este movimiento? Piénsenlo por un momento: de verdad, ¿qué ganan? ¿Y si una de ellas fuera una soprano de primer nivel internacional? ¿Hablaríamos de que se quieren aprovechar?

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