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Por Publicado el: 21/12/2015Categorías: Crítica

Il Duca d’Alba, una excelente iniciativa

IL DUCA D’ALBA (G. DONIZETTI)

Teatro Campoamor de Oviedo. 19 Diciembre 2015.

Se trata sin duda de una de las grandes novedades de las temporadas de ópera en España, donde no se representaba desde la década de los 80 del siglo XIX.

Esta ópera fue inicialmente un encargo de  la Ópera Nacional de París a Donizetti en 1939 con libreto en francés de Eugene Scribe. El bergamasco completó los dos primeros actos y dejó algunos bosquejos de los dos siguientes, faltando totalmente obertura y música de ballet. Parece ser que la famosa cantante Rosine Stolz (a la sazón amante del director del teatro) no estaba satisfecha con el tema y se decidió abandonar el proyecto, recuperando Donizetti el aria para tenor Ange si pur, que pasó a La Favorite como el famosísimo Spirto Gentil en la versión italiana. Años más tarde, ya muerto Donizetti, la Ópera de París ofreció el libreto (con modificaciones) a Giuseppe Verdi en la que sería su ópera Les Vêpres Siciliennes, en la que los invasores españoles pasan a ser franceses, mientras que los patriotas flamencos serán ahora sicilianos. La trama, no obstante, es casi igual, aunque dramáticamente la falta del personaje de Procida hace que la ópera original tenga menos interés.

IL DUCA D'ALBA. OVIEDO (1)_page5_image1Escena

En 1881 (han pasado 33 años desde la muerte de Donizetti) la casa Lucca consigue los derechos de la ópera y encarga a Matteo Salvi (discípulo de Donizetti) que termine la ópera, contando con la colaboración entre otros de Ponchielli. Para ello se recurrió a la traducción al italiano del libreto francés.  No se podía contar con el aria Ange si pur, al haberla usado posteriormente Donizetti, siendo sustituida por la también conocida y muy bella aria Angelo casto è bel, que, efectivamente, no es de Donizetti. Terminada la ópera, se procedió a su estreno en Roma en 1882, contando con la presencia de Julián Gayarre en le papel de Marcel. Aparte de su paso por algunos teatros importantes, la ópera desapareció del repertorio y no ha vuelto a representarse sino en muy raras y contadas ocasiones.

Por tanto, Il Duca d’Alba no es la ópera original e inacabada, sino que lo es la versión francesa Le Duc d’Albe, que para su terminación usó también la música de Salvi en una nueva traducción al francés de la original italiana de Zanardini, ya que no se podía usar la de Scribe, al haber pasado a la ópera de Verdi. Aunque resulte extraño, dicha versión francesa no ha tenidos su estreno hasta hace 3 años y en Amberes, contando con una producción, que es la que ahora se ha ofrecido en Oviedo para la versión italiana.

IL DUCA D'ALBA. OVIEDO (1)_page5_image2Escena

Valga todo lo anterior para poner en evidencia la importancia de hacer subir esta ópera a un escenario español, aunque hay que reconocer que su valor musical no está en línea con el mejor Donizetti .Por otro lado, hay que tener en cuenta que, cuando se estrena en Roma,    Verdi ya ha estrenado la versión revisada de Simón Boccanegra   y hay que reconocer que la diferencia entre estas últimas óperas verdianas y la que ahora nos ocupa es muy grande. No es, por tanto, extraño que Il Duca d’Alba haya quedado en el baúl de los recuerdos.

Como digo más arriba la producción ofrecida es la de Carlos Wagner, que se estrenó en Amberes para la versión francesa Le Duc D’Albe. Carlos Wagner trae la acción a tiempos modernos, lo que no es inconsistente,   ya que las invasiones y consiguiente sometimiento de pueblos ha sido una constante en la historia. La producción no molesta,
narrando bien la trama, dentro de un concepto escénico bastante simple. Al menos, Carlos Wagner trabaja la dirección de escena tanto en la definición de los personajes como en el movimiento de coro y figurantes. La escenografía de Alfons Flores ofrece dos niveles, separados por una pasarela metálica  Arriba se sitúan las tropas del Duque de  Alba,  con  uniformes  oscuros  (A.F.Vandevorst),  mientras  que  los  patriotas flamencos se sitúan en la parte inferior,   con vestuario marrón, con la excepción de Amelia Egmont, vestida de luto blanco. La escena ofrece en varios momentos grandes figuras de soldados, que dan un ambiente adecuado a la trama. La iluminación de Fabrice Kebour tiene algunos momentos destacables.

IL DUCA D'ALBA. OVIEDO (1)_page5_image3Escena

Lo más flojo de la representación ha radicado en la parte musical. No creo que un gran maestro hubiera podido convertir una ópera mediocre en un gran ópera, pero Roberto Tolomelli no pasó de ofrecer una lectura rutinaria y aburrida, muy escasa de interés. A sus órdenes, la Orquesta Oviedo Filarmonía fue una formación bastante modesta, claramente por debajo de lo que le he podido escuchar en otras ocasiones. Me resultó irreconocible el Coro de la Ópera de Oviedo, que me recordaba a aquel grupo de amigos de hace una docena de años. Fue especialmente pobre la prestación de la parte masculina del coro. No sé si su resultado se debe a la dirección de Tolomelli o al cambio en la dirección del coro.

El  reparto  vocal  resultó  en  conjunto  adecuado  y  con  interés  en  los  principales personajes, mientras que los comprimarios – que aquí tienen más importancia que lo habitual – dejaron bastante que desear.

Ángel Ódena fue el Duque de Alba y su figura resultaba irreconocible en escena, debido a la caracterización que Carlos Wagner hace del personaje. Ofreció una voz poderosa y adecuada y, como es habitual en él, resulta mucho más convincente cuando canta recogiendo que la voz que cuando suelta trapo innecesariamente. De todo hubo.

IL DUCA D'ALBA. OVIEDO (1)_page5_image4Ángel Ódena y José Bros

Hacía dos años que no veía en escena a José Bros y su interpretación de Marcel me resultó convincente y hasta sorprendente. La  voz  ha  ensanchado  y responde a  las características de un lírico pleno, manteniendo su excelente fraseo de siempre y su magnífica dicción. Cantó con gusto y un tanto corto de brillantez el aria Angelo casto è bel, donde se decantó por evitar alardes de notas agudas.

La soprano mejicana María Katzarava me dejó una positiva impresión en la parte de Amelia, la hija del Conde Egmont. La voz tiene calidad y amplitud y es valiente, resultando muy adecuada para este vengativo personaje. Me llama la atención que haya cantado recientemente la Leonora de Fidelio, porque no creo que sea lo mejor para su carrera.

Volviendo a los comprimarios, Josep Fadó cumplió bien en la parte de Carlo, mientras que  tanto  Felipe  Bou  (Sandoval) como  Miguel  Ángel  Zapater  (Daniele)  dejaron bastante que desear.

El Teatro Campoamor ofrecía una entrada algo superior a los 2/3 de su aforo. El público se mostró cálido con los intérpretes, siendo las mayores ovaciones en los saludos finales para José Bros y Maria Katzarava.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 59 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 21 minutos. Seis minutos de aplausos.

El precio de la entrada más cara era de 158 euros, costando 149 euros la butaca de platea. La localidad más barata costaba 45 euros. José M. Irurzun

Fotos.

 

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