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Por Publicado el: 06/07/2013Categorías: Crítica

«Il Trovatore», convertido en circo

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Festival de Munich

El Trovador, convertido en circo

«El Trovador» de Verdi. J.Kaufmann, A.Harteros, A.Markov, E.Manistina, K.Youn, etc. O.Py, dirección de escena. P.Carignani, dirección musical. Coro y Orquesta de la Ópera Bávara. Munich, 5 de julio.

Buen título para celebrar no sólo el año Verdi, sino también el de García Gutiérrez. Probablemente en Munich no se hayan dado cuenta al inaugurar su célebre festival con él, pero lo peor es que tampoco en España parecemos ser conscientes de la existencia del escritor en que se basa el libreto. Creo que jamás en los últimos años he visto tantos carteles con «Karten gesucht» («Se busca entrada») y el intendente del teatro ha declarado que tenían ocho veces más peticiones de entradas de las puestas a la venta. No sólo por Verdi, sino por Anja Harteros y, sobre todo, Jonas Kaufmann, quienes además jugaban en casa.

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Cuando, tras el coro de caballeros, paró toda la loca escenografía puesta en juego por Oliver Py, una voz gritó «Bravo» y otra «Scheuslich» («Horrible»). Comparto esta segunda opinión. Py se masturba para tratar en vano de mostrar la imposible relación de Leonora con dos hermanos y el papel de la gitana Azucena, mezclando realidad con fantasía y con los sueños de unos y otros. Justifica el error de Leonora al confundir al Conde de Luna con Manrico, convirtiéndola en ciega. Pero, claro, en otro momento Leonora pregunta a Inés, que está a cinco metros, «¿por qué lloras?» y es capaz de encontrar sin problemas la copa de la que beber el veneno con el que se suicida. Hay registas que se empeñan en contarnos cosas que ni están en los libretos ni encajan en ellos. El campamento de gitanos construye una locomotora, sobre la cual una figuranta realiza un strip-tease integral mientras otro da en ella los supuestos golpes de la forja. En otro momento asistimos a un parto… Tantas cosas suceden en el mecano del escenario giratorio que al espectador no le queda tiempo para centrase en el canto. Para colmo, tras el descanso, meten a Kaufmann en un ataúd y ofrecen el conocido juego de magia de cortarlo por la mitad y que el tenor siga entero. Tanta distracción es mala y buena para los cantantes. Mala, porque posiblemente no les deja concentrarse y buena porque disimulan sus bastantes defectos y carencias. Así se pasan por alto las faltas de medida y los pianos en velado medio falsete de Kaufmann, la falta de graves de Harteros y sus problemas en «Tu vedrai», las constantes flemas del barítono Markov o la tosquedad del bajo Youn. Ello no quita para reconocer el gran atractivo de la personalidad y voz, oscurecida cada día más, del tenor o los brillantes tonos de la soprano, una de las más interesantes del panorama.

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No es nada fácil dirigir bien Verdi y menos querer ser original en él. Muti es ejemplo de cómo hay que hacerlo, Paolo Carignani de cómo caer en la rutina y el ruido. La representación se retransmitía en streaming, la moda de estos tiempos, y por internet se pudieron comprobar las aclamaciones de un público entregado a Harteros y Kaufmann. Son las figuras mediáticas del momento y gancho para la apertura de un festival que a lo largo de un mes presenta nada menos que veintiún óperas diferentes en escena. Poderío bávaro. Gonzalo Alonso
Fotografías de Wilfried Hösl.

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