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Por Publicado el: 20/10/2007Categorías: Crítica

LA VOZ DEL MUNDO PASANDO POR ESPAÑA

LA VOZ DEL MUNDO PASANDO POR ESPAÑA
EL PUNTO DE LAS ARTES
Madrid , nº 889, 18 al 25 de octubre de 2007.
Ah! la voz, el instrumento más complejo y próximo; aquél que regularmente nos traduce con las palabras que lleva emparejadas algo más que emoción, fenómeno musical donde el texto asimila épocas y caracteres, geografías y paisajes. Si la música en sí nos sumerge como ningún otro arte en el sentimiento, con la voz, añadida la letra, se nos puede conducir a la afinidad más profunda con lo que alguien nos dice al cantar para recordarnos que todos somos uno amando, gozando o sufriendo, odiando o tratando de descansar, aunque de todo nos hayamos olvidado casi siempre; de ahí que lo que se dice cantando tenga un coprotagonismo tan trascendental con la música.

Si bien la ópera es el fenómeno más complejo de la música cantada, el más extenso y descriptivo, creo que otro género, por su compactación espacial y subjetividad comprimida del sentir, se hace el más ejemplar frente a sus consecuciones artísticas; me refiero al “lied”, consecución alemana del poema cantado que no necesita mucho más que la traducción en “canción” cuando pasa a otros idiomas y otras poesías.

Frente al recital de canciones nos encontramos pues desprovistos de pretextos. Casi siempre la orquesta ha desaparecido con su urdimbre compleja y ha dejado al intérprete sólo ante el peligro de las multitudes que escuchan, sólo desnudando lo que se dice con un escueto y principal piano –voz también- necesariamente imbricado con la idea.

Cuando me siento ante un concierto de estas características no voy a gozar ni descansar siquiera, a analizar ni leer música apoyado por los conocimientos voy, sencillamente, a sentir, mientras Schubert, Strauss, Musorgski, Fauré, Respighi, Mahler, Montsalvatge, Falla o García Lorca desglosan y “re”- crean las palabras de Goethe, Müller, Hesse, Verlaine, Renaud, Leconte de Lisle, Guillén o incluso populares; voy a encontrarme conmigo mismo a través de los otros, a comprender, a amar en definitiva.

SCHUBERT MAESTRO DE MAESTROS

Si nos atenemos a la “canción”, existente en todas las épocas (pues cantos son a Dios el gregoriano), apercibidos de su raíz popular en las “trovas” y sin querer esgrimir aquí un tratado sobre la misma, mantengo –sin temor a errar- que Franz Schubert es el rey de este género profundo, y aún más, que dentro del mismo hay un ciclo cuyo contenido no creo que estará nunca más tan sumergido en la unidad, aunque hagamos un exhaustivo repaso de la historia; me refiero a Winterreise, un conjunto de 24 canciones sobre poemas de Wilhelm Müller que va destilando lentamente la esencia de su título: Viaje de invierno. El encadenamiento expresivo ha llegado a sus últimas consecuencias en este helador camino hacia la muerte, su tristeza sin retórica sólo contiene el amor del desamor y el paisaje de la desolación, decorado perenne para el hombre. Schubert murió con 31 años. Müller a los 33.
IÑAKI FRESÁN, EULALIA SOLÉ Y LA FUNDACIÓN JUAN MARCH
Día señalado el 10 de octubre para el calendario de la música, la Fundación Juan March, siguiendo un sabio ciclo denominado “Del Romanticismo a la Abstracción”, nos permitió escuchar el “Viaje de invierno”, en la voz del barítono navarro Iñaki Fresán y el piano de la catalana Eulalia Solé. Schubert- Müller vivieron aquí, lúcida y contradictoriamente, su extraordinario periplo de muerte.

Fresán es un barítono madurado con cada ocasión, cuando eso parecía ya imposible, trasmitiendo el poder de una letra preparada a través de un formidable trabajo. Desde las “Buenas noches”, la más larga canción, en la que se nos habla de extranjería inevitable, la emoción nos fue poseyendo hasta que en “El organillero” el nudo en la garganta se hizo ya inevitable. El anciano toca su zanfoña sin ton ni son mientras nadie le escucha; pero a nosotros no es imposible estar sordos, el piano de Eulalia, respirado con la misma desolación del propio Schubert, cerraba con un pulso magistral, casi etéreo, este viaje de ida sin vuelta en la voz de Fresán. VÍCTOR M. BURELL

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