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Por Publicado el: 19/03/2014Categorías: Crítica

Las voces acudieron a la cita [Puccini: Tosca, Liceu, 17/3/14]

Las voces acudieron a la cita

TOSCA (G. PUCCINI)
Gran Teatre del Liceu de Barcelona. 17 Marzo 2014.

Es curiosa la historia de Tosca en el Liceu de Barcelona. Su presencia en las programaciones del teatro ha sido casi continuas desde la primeravez  en el año 1902, apenas dos años después del estreno absoluto de la ópera en Roma. Desde entonces apenas ha habido un período de 3 años en el que la ópera de Puccini haya faltado de la programación. La gran excepción tiene lugar en los últimos años, habiendo transcurrido 10 años de la última vez que Tosca subió al escenario del Liceu. No puede, por tanto, considerarse la actual programación de Tosca como un recurso de taquilla en tiempos difíciles, aunque no cabe duda de que este aspecto se habrá tenido muy en cuenta.

Hace 10 años se representó la muy discutida y rompedora  producción de Robert Carsen. Ahora el Liceu y el Teatro Maestranza de Sevilla han encargado una nueva producción a Paco Azorín, director de teatro bien conocido, que ha trabajado como escenógrafo en ópera, colaborando con directores de escena tan conocidos como Lluis Pasqual o Mario Gas. No es muy aconsejable en Tosca salirse del libreto, en el que los escenarios y las fechas están perfectamente marcados, y de ahí los fracasos de las producciones que han huido del libreto, como ocurrió con la mencionada de Robert Carsen. Paco Azorín hace un trabajo bastante tradicional en cuanto a escenografía – del
propio Azorín –  y vestuario (Isidro Prunés), aunque el interés estético de la producción va decreciendo de acto en acto. Resulta atractiva la escena de Sant’Andrea della Valle, con un retablo a base de proyecciones, en el que  no dejan se ser curiosos los cambios que ofrecen a lo largo del acto. El escenario es giratorio y el supuesto Palazzo Farnese no es sino la parte posterior del mencionado retablo, ofreciendo un
despacho de Scarpia bastante desnudo, en el que resulta bastante extraña la presencia de una prisión a la derecha del escenario. En el último acto se nos ofrece el techo de la prisión por donde deambula Cavaradossi y donde finalmente será ejecutado, resultando bastante poco atractivo. La iluminación de Pascal Mérat no ofrece mayor interés.

Paco Azorín aporta sus originalidades personales, que a mi no me convencen. Citaré entre ellas el hecho de que los actos primero y último se inician con una serie de figurantes que acompañan a Angelotti y Tosca a sus destinos en la iglesia y en la prisión, respectivamente. Los dos primeros actos se desarrollan de manera bastante tradicional, llamando la atención el hecho de que Tosca se despide de los prisioneros
tras dar muerte a Scarpia, de quien se despide con un beso. Lo más confuso viene en el último acto, con el cambio de vestido de Tosca en la prisión y los repetidos movimientos de los protagonistas subiendo y bajando al techo del edificio. En resumen, una producción escénica que no molesta ni aporta excesivo interés.

La dirección de Paolo Carignani ha sido  buena, con tiempos adecuados y cuidando bastante el sonido que salía del foso, que apenas llegó a molestar la proyección de las voces en el escenario. Hubo tensión y sentido dramático y, en conjunto, me pareció una lectura muy estimable. La Orquesta del Gran Teatre del Liceu sigue confirmando su mejoría, lo que es una buena noticia.  El Coro del Liceu y el Coro Infantil de Granollers cumplieron con su cometido.

Sondra Radvanovsky fue Tosca y hay que decir que estamos ante una de las voces de soprano  más importantes del panorama actual. Su timbre oscuro resulta muy atractivo y el tamaño de su voz no cede la primacía a ninguna de sus colegas.  Su centro es muy importante, sin que nada haya perdido de su facilidad en las notas altas. Únicamente, he encontrado que sus graves son ahora más débiles que antes, lo que se notó especialmente en el tercer acto en los pasajes casi recitados que siguen al fusilamiento de Cavaradossi, en el que prácticamente resultaba inaudible. En su interpretación eché  en falta más matices, resultando una Tosca un tanto superficial, aunque hay que decir
que cantó muy bien el Vissi d’Arte.

La cancelación de Ricardo Massi como Cavaradossi hizo que Jorge de León pasara al primer reparto. Indudablemente, hace falta una voz importante para acompañar a la Radvanovsky en Tosca y en este sentido me parece que la presencia del tenor canario resulta muy adecuada. Me habían contado  que Jorge de León había mejorado su interpretación de Cavaradossi, ofreciendo ahora más matices que en ocasiones recientes, pero me ha parecido que esto es más un deseo que una realidad. Sin duda que estamos ante una voz de tenor importante, de las que no abundan, atractiva, amplia y muy homogénea y ante un cantante entregado siempre, pero sigue siendo un Cavaradossi que abusa de decibelios. Ni en Lucevan le Stelle ni siquiera en O, dolci mani consigue emocionar.

Ambrogio Maestri fue un convincente Scarpia en escena, que llegó muy bien al público. Para mi gusto hace falta una voz más negra en este malvado personaje, mientras que la de Maestri se me hace excesivamente noble. Reconociendo que es uno de los mejores Scarpias de hoy, aunque quede lejos de Bryn Terfel, le prefiero en personajes como Falstaff o Dulcamara, en los que la vis cómica del cantante y su propia
figura  le hacen un intérprete de referencia.

En los papeles secundarios me llamó la atención la presencia del ruso Vladimir Baykov como Angelotti. No hace falta ir tan lejos para encontrar una voz de tan escaso interés. Adecuado el Sacristán de Valeriano Lanchas, al que Azorín saca de manera sorprendente en escena en  el segundo acto durante la tortura. Impecable, como siempre, Francisco Vas como Spoletta. Bien, Manel Esteve en la parte de Sciarrone. Sonoro el Carcelero del búlgaro Dimitar Darlev, cuya presencia no deja de sorprender. Elena Copons resulto un Pastorcillo, cuya voz llegaba con dificultades a la sala.

El Liceu ofrecía una muy buena entrada, superando el 95 %del aforo. El público se mostró muy receptivo con los cantantes, dedicando ovaciones y bravos a escena abierta a Radvanovsky, pero también, en menor medida, a Jorge de León. En los saludos finales hubo entusiasmo para Radvanovsky y Maestri.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 33 minutos, incluyendo un intermedio tras el primer acto. Duración musical de 1 hora y 49 minutos. Seis minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 220 euros, mientras que la butaca de platea costaba 163 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 130 y 98 euros. La entrada más barata costaba 32 euros. José M. Irurzun

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