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Por Publicado el: 12/05/2011Categorías: En la prensa

Los nombres de la temporada de Mortier, por Arturo Reverter

Los nombres de la temporada

No podemos analizar aquí todos los repartos, pero está claro que el nivel no alcanza al de otros años, contando a partir de 1997
Desequilibrio
La temporada prevé la participación de diez cantantes españoles de un total de 107 papeles y solo Plácido Domingo tendrá rol protagonista

Canarias 7

Prometíamos en nuestra entrega anterior volver sobre la programación del Teatro Real del curso 2011-2012 a efectos de estudiar, repasar y analizar el aspecto artístico el de los mimbres elegidos para servir la tan discutible temporada que a nuestro juicio ha diseñado
Mortier En el plantel de voces solamente se detectan diez españolas, que no ocho. como decíamos en el primer capitulo de esta crónica, una cuestión que ha originado una viva protesta contra el director del Real. Es lógico que los cantantes de nuestra nacionalidad se sientan marginados, a veces en beneficio de colegas que no son mejores. Es verdad que eso no es novedad en este tanto país, en el que con frecuencia, y bobalicona, se tiende a considerar que lo foráneo vale más que lo de casa. Habría mucho que hablar de ello. Y de discutir aseveraciones como la realizada por Mortier de que los cantantes de los Pirineos para abajo no saben de estilos y no diferencian Mozart de Puccini, aunque en relación con este compositor el belga no sea precisamente una autoridad. Lo del estilo es una asignatura
que también han de aprobar muchos artistas nacidos allende nuestras fronteras Pero, en fin, ese es otro tema distinto del que aquí nos convoca. Diez cantantes españoles para un total
de 107 papeles. Parece algo insólitamente desproporcionado cuando hasta hace sólo un par de temporadas la relación era muy otra 46 voces indígenas figuraban en el cartellone de 2009-2010. No nos podemos creer que no haya en España más que nueve voces capaces de competir con las de otras procedencias. Lo pudimos ver hace dos meses en el estreno de La página en blanco de Pilar Jurado, en donde, excepto la parte interpretada por la propia compositora y la asignada a José Luis Sola, todas las demás se repartían a artistas americanos, ingleses y alemanes. Nadie puede creer que en esta tierra no haya un barítono mejor que el mediocre Otto Katzamaier para cantar el papel estelar; que. además y es lógico, como casi todos sus compañeros de reparto. pronunciaba a duras penas el castellano.

Pocos españoles
Sucede que, por si fuera poco, de esos diez españoles, el único cantante que interviene en un papel estelar es el divo Plácido Domingo, en ese personaje que tanto le gusta de Cyrano de Bergerac, en el que, en cualquier caso, tiene que bajar el diapasón. Pero ya se sabe que con el tenor vale todo, y hasta el estricto Mortier ha claudicado. De los demás, la soprano Nula Rial actúa en la visible parte de Nuria en Ainadamar de Golijov, el barítono Ángel Ódena encarna el papel menor de De Guiche en la misma opera. Tomeu Bibiloni, asimismo barítono, hace un pastor en Pelléas et Mélisande, Miguel Ángel Zapata y Juan Francisco Gatell, ambos tenores. Interpretan dos personajes secundarios, los de Amalta y Lucano, en
Poppea e Nerone, orquestación de la Poppea de Monteverdi de Boesmans: el cantaor Jesús Montoya sirve a Ruiz Alonso en Ainadamar de Golijov, por último, la soprano Elena Copons, la mezzo Arma Tobella y el tenor Roger Padullés están en la piel de Pedro Garc Ias y Juan en el Don Quichotte de Massenet.
Parva cosecha.
Si nos fijamos ahora en los nombres de los principales cantantes de la temporada, aparte el consabido, en franco y lógico declive. Domingo, hemos de anotar la presencia de Sondra Radvanovsky, sin duda una de las mejores sopranos linces de hoy por calidad vocal y estilo (Cyrano); de la holandesa Eva‑Maria Westbroek, sólida y contundente spinto, un valor bastante seguro (Lady Macbeth de Mtsensk), de Ekatenna Scherbachenko. gentil Tatiana en la presente temporada (lolanta): de Alexandrina Pendatschanka. de muy rico metal (La finta giardiniera), de la siempre inquietante mezzo Anna Catenna Antonacci (Don Quichotte), y de la cumplidora y eficaz Anja Kampe (Rienzi). No vemos realmente nada más que nos llame la atención en este aspecto. Hay, sin duda, mucha mediania, en mayor medida que otros años. Por ejemplo, el tenor francés Yann Beuron, muy limitado Pylade en Ihgema en Táuride de este curso, tenor de voz destimbrada y engolada; buen músico pero insuficiente para servir como se debe Pelléas y menos Tito. Por ejemplo. Deborah Polaso, otrora encendida Elektra de Strauss, pero ya en exceso gastada para el papel En cambio a Chistine Goerke, también norteamericana, que se alterna con aquélla, la vemos demasiado tierna es una buena Chrisotemis, pero el papel de su hermana necesita una dramática con toda la barba.
No podemos analizar aquí todos los repartos. Tiempo habrá de individualizar a lo largo de la temporada, pero, por lo dicho, está claro que el nivel no alcanza al de otros años, contando a partir de 1997. Debemos entrar ahora, bien sea que brevemente, en el campo de los directores de foso y escénicos. Llama positivamente la atención la presencia de Semyon Bychkov en Elektra. Es un magnífico straussiano, firme y eficiente, apasionado y preciso. Naturalmente, hay que atar al soberano Riccardo Muti, a quien veremos en gira al frente del equipo que interpreta I due Figaro de Mercadante. Muy bragado en distintos teatros, algunos provinciales, es el alemán Hartmut Haenchen, artista poco conocido entre nosotros, un buen artesano, que se encarga de Lady Macbeth. De parecidas características, lo que implica escaso vuelo poético, es Sylvain Cambreling, buen amigo de Mortier que tiene asignada Pelléas, ópera que quizá exija una mayor sutileza que la que habitualmente emana de su batuta, más propia para la ópera de Monteverdi/Boesmans.
Teodor Currentzis es un joven ateniense, uno de los descubrimientos de Mortier, cuya eficacia habrá que calibrar. Se le ha encomendado el doblete lolanta/Perséphone. No nos fiamos mucho de Thomas Hengelbrock, otro de los nombres por los que el regidor del Real apuesta fuerte. Las veces que lo hemos visto, la última en lfigenia en Táuride, no nos ha convencido su excesiva gesticulación. Pedro Halffter vuelve al Real con Cyrano de Bergerac. No debe ofrecer problemas para él una partitura tan poco interesante y convencional. El tierno argentino Alejo Pérez aún está por descubrir. Mortier cree en él puesto que le confía dos óperas: Ainadamar, de su compatriota Golgov, y la versión concertante de la acartonada Rienr. Por último. el parisino Marc Piollet, un músico solvente según las crónicas, está al frente de Don Quichotte, también en concierto. Aparte queda el fino músico que es René Jacobs. que por fin podrá dirigir, asimismo en concierto, La finta giardiniera. En orden a las nuevas producciones, diremos que en este curso solamente vemos cinco; Iolanta/Perséphone, La clemenza di Tito, I due Fígaro, The Life anf Death of Marina Abramovic y PoPPea e Nerone. Hace dos años hubo ocho. El retroceso es más notorio respecto a las coproducciones con otros teatros, lo que siempre abarata costes. Contamos cuatro teatros. por catorce hace un par de temporadas. Hay, por supuesto.,nombres de relieve entre los registas, los amos del cotarro hoy en día, que hacen y deshacen y frecuentemente tergiversan partituras y libretos, escondiendo y complicando el original mensaje poético musical que late en toda ópera.
Mencionemos, como más sobresalientes. a BobWilson, que se nos antoja un tanto periclitado, con un estilo, muy suyo, ya lleno de tics (Pelléas. Abramovic), al desaparecido Klaus Michael Gruber, cuyo montaje, importante, de Elektra, se ha quedado algo obsoleto: a Martin Kusej, hoy de los más revoltosos (Lady Macbeth), como el terrible Krzysztof Warlikowski, reciente perpetrador de Rey Roger (Poppea), al otrora agresivo y provocador Petar Sellars (Iolanta/Perséphon, Ainadamar) y a Emilio Sagi, cumplidor, imaginamos, en I due Figaro. Arturo Reverter

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