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Por Publicado el: 02/07/2016Categorías: Crítica, En vivo

Maestranza: Los límites del decoro estético

Los límites del decoro estético

Programa: ‘Canciones españolas antiguas’, de F. García Lorca; ‘Cuatro piezas españolas’ y   ‘Siete canciones populares españolas’, de M. de Falla. Cante: Estrella Morente. Piano: Javier Perianes.  Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Jueves, 30 de junio. Aforo: Lleno. 

Perianes y Morente

Con este tipo de conciertos tipo cross-over en los que se intentan aunar diversas estéticas musicales, llevando obras  de un terreno musical a otro, siempre se suscita el mismo planteamiento. No el del purismo, sino el de si el resultado final merece la pena porque aporte algo nuevo e interesante a las obras originales. 

La idea de interpretar las canciones de Lorca y de Falla con una voz flamenca no es ni mucho menos nueva. En el  caso de Lorca el concepto puede funcionar mejor, pues el poeta bien pudo tener en mente el tipo de voz y de canto  de alguien como La Argentinita (que no olvidemos que no era cantaora, sino bailaora y coreógrafa), una voz a mitad  de camino entre el flamenco y la copla. La cuestión no es aquí el tipo de canto o de cante, sino el acertar con el tipo  de fraseo y con la manera de abordar cada pieza, pues no todas aceptan de igual manera un canto aflamencado, como es el caso de las melodías medievales (Las morillas de Jaén, Romance de Don Boyso), las de origen norteño o  las simplemente folclóricas de origen no flamenco. Morente comenzó la serie con un esfuerzo claro de contención  expresiva, con un cante íntimo y recogido, poco ornamentado e intentando apianar con la ayuda de la amplificación. El problema en el caso de Morente es que su voz es de escasa consistencia, es más bien quebradiza y  se aprecia en ella un evidente soplo que hace que cuando intenta apianar la calidad del sonido deja mucho que  desear. Falta cuajo en esa voz, así como una mayor variedad en el fraseo cuando se repite varias veces la misma  melodía haciéndola siempre igual. En El Café de Chinitas pasaron de largo ante ella las síncopas que dan vida  rítmica a la pieza. 

Con todo, el esfuerzo de contención se desvaneció pronto ante su sobreactuación gestual y su exhibicionismo vacío  que convertían en risibles algunas de las interpretaciones, algo que llegó a límites más intolerables en las canciones de Falla, con una ridícula Jota aflamencada y bailoteada sin sentido o un Polo sobreactuado y sin profundidad. Fue deshacer el camino realizado por Falla en 1914 de sublimación del folclore para vulgarizarlo a base portamentos y gorjeos sin sentido estético ni del decoro. 

 Javier Perianes aportó desde el piano la dignidad estética de la noche, con la sutilidad de sus acompañamientos  soberbios en el Zorongo y en el Polo) y adaptándose a los erráticos tempos de Morente. Con las piezas a solo de Falla nos volvió a encandilar con su sentido del color y su dominio de las dinámicas y del pedal para construir poemas sonoros. ANDRÉS MORENO MENGÍBAR

 

 

 

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