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Por Publicado el: 29/09/2022Categorías: Colaboraciones

María Teresa Prieto: La tía Nené que vivía en una torre de marfil

La Orquesta Nacional interpreta este fin de semana Chichén Itzá, poema sinfónico de la compositora asturiana, una de las más destacadas de la segunda mitad del siglo XX, casi desconocida en España debido a su exilio a México en 1936

Maria-Teresa-Prieto

María Teresa Prieto

En casa de los Prieto, una familia asturiana de clase acomodada, se respiraba un ambiente cultural refinado. Música y letras se daban la mano y los niños, ya desde pequeños, tuvieron la fortuna de poder respirar aquel aire. María Teresa fue desde la infancia una niña solitaria, poco dada a compartir juegos y andanzas de chavales, pero poseedora de un inmenso mundo interior que canalizó a través de la composición. Hizo de la música su vida entera. En su Oviedo natal recibió las primeras lecciones musicales que completaría posteriormente en Madrid. Nació en 1895 y al estallar la guerra civil, su hermano Carlos, instalado en México, con una buena y desahogada posición económica, le recomendaría el traslado al final de ese fatídico año. España nunca se iría de su cabeza, menos de su corazón. Muy pocas veces se desplazó hasta su patria, pero jamás olvidó dónde estaban sus raíces.

Descubrir una partitura

Compositora tan apasionante como desconocida, perteneciente a la Generación del 27, la musicóloga Tania Perón dio el primer paso de lo que puede ser una recuperación o rescate de su obra, una de las más notables y destacadas de la segunda mitad del siglo XX, aunque escasamente conocida. Sobre la compositora astur mexicana escribió primero su tesina (dudó, en principio, entre Rosita García Ascot y María Teresa Prieto, aunque terminó decantándose por esta), posteriormente su tesis y finalmente su biografía. Fascinada por la figura de esta mujer, Perón hizo las maletas y se plantó en México para estudiar in situ las huellas de María Teresa Prieto. “Su familia fue muy generosa y me abrieron las puertas de su casa y de sus archivos. Pude estudiar sus composiciones, su trabajo. El material que tenía delante de mí era ingente y no estaba ordenado. Incluso descubrí una partitura que se había dado por perdida”, cuenta, en alusión a la Sinfonía Cantabile.

Casi como una más de la casa pasó días enteros poniendo negro sobre blanco en la vida de la autora de Chichén Itzá, un poema sinfónico compuesto en 1944 que, afortunadamente, volverá a sonar en el Auditorio Nacional (ya lo hizo a mediados de los cincuenta del pasado siglo bajo la batuta de Ataúlfo Argenta) este fin de semana, interpretado por la Orquesta Nacional de España y dirigido por David Afkham. La visita de Prieto a las ruinas mayas, que se prolongaría durante 15 días, despertó en ella una auténtica fascinación que plasmó en esta obra. Recorrió cada rincón de aquel paraje mágico. “Su figura es diferente y aún sigue siendo una gran desconocida. Jamás dejó de formarse e hizo de la música su vida entera”, narra Perón, para quien la “añoranza” de su tierra de origen marca la obra de esta asturiana.

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María Teresa Prieto – Obra sinfónica completa. Orquesta de Córdoba, José Luis Temes

El piano y las matemáticas

En México residió en la casa de su hermano Carlos, una amplia villa en la que tenía su propio espacio. Habitaba un torreón y allí, describen, se ensimismaba entre pentagramas y partituras, tanto que no pocas veces olvidaba salir de la habitación para comer o cenar y le hacían llegar el alimento mediante un montacargas. “Vamos, tía Nené», que así la llamaban cariñosamente, «baja a cenar”, le decían. Y ella se quedaba con su piano, su música y las matemáticas, que le interesaban mucho. Era muy familiar; sin embargo, le costaba socializar”, explica Tania Perón. Esa villa fue punto de encuentro de grandes figuras del exilio español que habían hecho de México su segunda patria. Los domingos las comidas se prolongaban hasta bien entrada la tarde, con conversaciones en las que podían participar Rodolfo Halffter, Jesús Bal y Gay o el mismo Igor Stravinsky.

Su sobrino Carlos Miguel la recordaba y describía así, según recoge Tania Prieto en su exhaustivo y documentadísimo libro: “Yo recuerdo muy bien a María Teresa Prieto, a quien llamábamos Tía Nené. Vivía en un cuarto que era como una torre sobre la casa de mis abuelos. Era hermana de mi abuelo Carlos, quien la trajo a México y le presentó a Ponce,Chávez y todos los demás músicos que tuvieron gran influencia sobre ella. Era mayor que mi abuelo, pero con los años se fue haciendo hermana menor (¡y después, mucho menor!). Solterona empedernida, se retraía en su torre a donde le subían la comida en un elevador como el de los viejos restaurantes. Todo un personaje, y para nosotros los niños, un tanto macabro. Pero conmigo era tierna y a veces me acompañaba al piano y platicábamos de música. Sus aficiones eran la música española, francesa y mexicana”.

El sonido del tambor indio

Pero centrémonos en Chichén Itzá. ¿Cómo suena? Detalla Perón que “es una obra de un solo movimiento, un poema sinfónico, que refleja tres temas fundamentales de la cultura maya: el juego de la pelota, la serpiente emplumada que sube por la escalinata y las jóvenes doncellas ofrecidas en sacrificio en el cenote sagrado. No existen en la composición rasgos folclóricos, sino que esas tres ideas ella las lleva a su terreno. Cuenta para ello con el sonido del teponaxtle, tambor típico indio con el que consigue reflejar el ritmo tradicional maya”. La Prensa recoge el estreno, que cosecha buenas críticas en su mayoría. Durante la década de los 40-50 la actividad de Prieto es incesante e incluso llega a estrenar una obra sinfónica al año. “Su catálogo es amplio y aún hay muchas obras pendientes de descubrir y tocar. En México fue muy bien recibida. Allí estrenó su producción sinfónica, también las obras para canto y piano y dos de sus cuartetos”. Uno de los grandes deseos de Perón es que la obra descubierta, la Sinfonía Cantabile “se vuelva a tocar y se grabe”. También los cuartetos “pues el que más se toca es el que ganó el premio Samuel Ross”. Señala Perón que no dejó discípulos, pero sí que tuvo grandes maestros e importantes músicos que tocaron su obra, como Carlos Chávez, Ataúlfo Argenta o Erik Kleiber, entre otros. María Teresa Prieto falleció en México en 1982. Tenía 86 años Gema Pajares

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