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Por Publicado el: 04/07/2007Categorías: Crítica

OLEADAS Y TSUNAMIS

OLEADAS Y TSUNAMIS

56 Festival Internacional de Granada
Orquesta de París. Director: Christoph Eschenbach. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director. Pedro Halffter. Palacio de Carlos V, Granada, 1 y 3 de julio de 2007.
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Con Wagner sentó cátedra. Christoph Eschenbach abrió su último concierto con la Orquesta de París con una lectura del Preludio y la “Liebestod” de “Tristán e Isolda” que marca una de las cimas de esta edición del festival: curtido, sapiente wagneriano, sin desmelenarse, el músico germano dejó crecer las oleadas internas de la música hasta un paroxismo sin histeria y una catarsis final que no excluía la amargura. Otras oleadas, las de “La Mer” de Debussy, abrumadoras en su “Diálogo del viento y el mar”, rubricaron una sesión en la que el artista dio una nueva lección de acompañamiento en las “Noches en los jardines de España” de Falla, por las que el canario Iván Martín anduvo errático en “El Generalife” para centrarse luego y derrochar musicalidad en la “Danza lejana” y en “Las sierras de Córdoba”. La “Iberia” de Debussy fue la etapa intermedia de este viaje, y aquí Eschenbach se acercó, con una mirífica puesta en escena sonora, al mítico Celibidache en “Los perfumes de la noche”; no le igualó porque tal cosa habría supuesto reencarnación, pero estuvo cerca.
Pedro Halffter (Madrid, 1971), joven titular de la Sinfónica de Sevilla, vino dispuesto a demostrar que tres años bastan para renovar la faz de un conjunto que, con su titular previo, Alain Lombard, a punto estuvo del naufragio por inanidad musical. Varios de los logros de Halffter con su orquesta en el Teatro de la Maestranza se han comentado en estas páginas (“Salome”, “Lulu”, “Fidelio”), y su apabullante recreación de “La consagración de la primavera” -recién oída en el ballet, ahora en versión de concierto- puso a prueba la solidez de las vetustas piedras del Palacio de Carlos V (Frühbeck hizo tres cuartos de lo mismo hace diez años con la Sinfónica de Madrid) y desató las pasiones cenestésicas de los espectadores con sus, ya no oleadas, sino “tsunamis” dinámicos. Antes de ello, hizo orfebrería –y las paredes del circular recinto abierto son menos aptas para el puntillismo que para el estampido decibélico- con la música española actual y las sutilezas de “Movimientos” de José Manuel López López (Madrid, 1956,”español en París” desde hace más de 20 años) hubo que atisbarlas, más que percibirlas: rémoras de la acústica. Extraordinarios los dos hiper-precisos solistas de teclado, Alberto Rosado y Juan Carlos Garvayo, tanto en la cristalina obra de López como en el inefable “Concierto para dos pianos” de Poulenc. Por lo demás, quedó claro que la Orquesta de Sevilla, como la de París, tiene buen timonel en el puente de mando.

José Luis Pérez de Arteaga

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